FRANCISCO
RIVERA PÉREZ, PAQUIRRI
Zahara de los Atunes (Cádiz), 5 de marzo de 1948
- Pozoblanco (Córdoba), 26 de septiembre de 1984.
Debut con picadores: 28 de junio de 1964, en Cádiz.
Alternativa: 11 de agosto de 1966, en Cádiz.
Confirmación en Madrid: 18 de mayo de 1967.
Francisco
Rivera Pérez nació en la localidad gaditana
de Zahara de los Atunes, el 5 de marzo de 1948. Su hermano
mayor, José Rivera, Riverita,
había llegado a ser matador de alternativa. Influido
por este precedente familiar, se va despertando en Francisco
la vocación torera.
El
primer traje de luces lo viste en agosto de 1962 en Barbate,
ante astados de la ganadería de Núñez
Polavieja. Tras actuar en 30 festejos sin picadores en la
baja Andalucía, debuta con caballos el 28 de junio
de 1964, en Cádiz. Esa tarde lidia, junto a José
González Copano y Rafael Jiménez Márquez,
reses de la vacada del Marqués de Villamarta.
Comienza
la campaña de 1966. Francisco suma un total de 19 novilladas
antes de su doctorado, el 17 de julio. Sería apadrinado
en tan señalada fecha por Antonio Bienvenida ante Andrés
Vázquez, con toros del hierro de Juan Pedro Domecq.
Sin embargo, una desafortunada cogida impide que Francisco
tome la alternativa. Cuando toreaba al astado de la ceremonia,
el animal le corneó en el muslo derecho, hiriéndole
de gravedad. Así, el día de la alternativa tuvo
que retrasarse hasta el siguiente 11 de agosto, en el mismo
ruedo de Cádiz, con Paco Camino de padrino en esta
ocasión y El Viti de testigo. El hierro anunciado era
el de Urquijo de Federico, aunque se lidió un toro
de la ganadería de Aurora Lamamié de Clairac.
El toro de la ceremonia se llamaba Zambullido, de la divisa
de Urquijo de Federico. La actuación de Paquirri esa
tarde fue sólo regular, pero pudo desquitarse con su
sonoro triunfo -tres días después- en la misma
plaza, al cortar los dos apéndices de su primer toro,
de la divisa de Mercedes Pérez-Tabernero.
La
confirmación de alternativa.
En el ruedo de Las Ventas, confirma su alternativa el 18 de
mayo de 1967. Paco Camino le cede la muerte de Alelado, delante
de José Fuentes, que completaba la terna de la tarde.
Durante la campaña española de 1968 suma 68
actuaciones. Al concluir aquella, viaja hasta tierras americanas.
En el nuevo continente recibe el Escapulario de Oro del Señor
de los Milagros en el coso peruano de Lima, en la plaza colombiana
de Cali el del Señor de los Cristales y, también
en Colombia, el del Señor de Monserrate de Bogotá.
Durante 1972 alcanza la cifra de 86 actuaciones,
lo que le sitúa en el primer puesto del escalafón
de matadores. El número de tardes en las que se viste
de luces durante los años 1973, 1974 y 1975 es, respectivamente,
de 67, 80 y 72. El 16 de mayo de 1975, en presencia de Manolo
Cortés y El Niño de la Capea, un burel de la
ganadería de Manuel González le cornea, hiriéndole
seriamente. Logra uno de los mayores sueños de cualquier
torero, cruzar el umbral de la Puerta del Príncipe
de la Real Maestranza sevillana, el 27 de abril de 1979, tras
sus sensacionales faenas a los toros de Torrestrella. El Viti
y Emilio Muñoz completaban el cartel de aquella tarde.
Tras éste gran triunfo le son concedidos los trofeos
al triunfador de aquella edición de la Feria de Abril
y el premio a la mejor estocada de la feria. Después
llega otro éxito enorme, el que viviría en la
primera plaza del mundo. El 24 de mayo, en Las Ventas, corta
un apéndice de su primer enemigo y los dos del segundo,
del hierro de Torrestrella. El Viti y Sebastián Palomo
Linares, sus compañeros de cartel, fueron testigos
de su salida a hombros por la puerta grande. Con estos antecedentes,
comienza la campaña de 1980. Los augurios no pueden
ser más favorables. El 25 de abril, en Sevilla, alterna
con Jaime Ostos y Ángel Teruel en la lidia de los ejemplares
de Torrestrella. Paquirri logra cortar dos orejas. En Las
Ventas, el 19 de junio, se celebra la tradicional corrida
de la Beneficencia. Paquirri se enfrenta en solitario a seis
astados, llevándose un apéndice de un pablo-romero
y una oreja de un toro de Samuel Flores. A finales de aquel
año viaja a Perú, donde torea durante los primeros
meses de 1981. Ya en España, el 28 de abril en la Real
Maestranza, corta tres orejas a los toros de la ganadería
de Manuel González, en presencia de Rafael de Paula
y José Luis Vázquez. Repite así la anhelada
salida a hombros por la Puerta del Príncipe. Tras despachar
42 actuaciones en las plazas españolas durante la campaña
de 1982, se desplaza hasta tierras americanas, donde torea
en Venezuela, Perú y Colombia. El 30 de enero de 1983,
un ejemplar de la ganadería de Icuasuco le hiere en
el muslo derecho, en el trascurso de una corrida celebrada
en la plaza de Santamaría, en la localidad colombiana
de Bogotá. Durante la campaña española
de 1983 sólo se ciñe la taleguilla en 37 ocasiones.
El
último contrato... de su vida.
Su temporada de 1984 transcurre con normalidad. Tras la que
sería su actuación número 50 de ese año,
el último contrato que había firmado esa temporada
en España, Paquirri pensaba viajar inmediatamente a
Hispanoamérica. Era el 26 de septiembre de 1984, tarde
en la que hace el paseíllo en la plaza cordobesa de
Pozoblanco junto a Vicente Ruiz, El Soro y José Cubero,
Yiyo. Las reses anunciadas eran de la divisa de Victoriano
Sayalero y Juan Luis Bandrés. Francisco logra cortar
una oreja de su primer toro. Su segundo enemigo llevaba por
nombre Avispado y era de pelo negro. Cuando Paquirri le toreaba
con el capote, el astado le infiere una profunda cornada en
el muslo derecho. La lesión era muy grave, pues las
arterias más importantes habían sufrido importantes
roturas, con la consiguiente pérdida de grandes cantidades
de sangre. En la enfermería de la plaza, con los medios
disponibles, se intentó detener la hemorragia uniéndole
las arterias y haciéndole alguna trasfusión.
Deciden trasladarle urgentemente a la clínica Reina
Sofía de Córdoba. El traslado hasta este centro
sanitario es trágico, porque Paquirri empeora a pasos
agigantados. Debido a esto le llevan al Hospital Militar de
Córdoba, que se encuentra a menos kilómetros.
Allí el torero ingresaría ya muerto.
Francisco Rivera Paquirri ocupó siempre
uno de los primeros puestos del escalafón taurino y
fue uno de los diestros más cotizados de su época.
Su enorme valor, su gran pundonor, unido a su ejemplar dominio
de todos los tercios de la lidia, su magistral técnica
y sus ganas de contentar siempre al máximo al respetable,
eran las principales cualidades de este malogrado torero.
Su trágica forma de morir es lo que
empapa la figura de Paquirri de unas connotaciones especiales.
Hasta el último momento que se mantuvo con vida, en
aquella trágica tarde, el diestro mantuvo una compostura
y un decoro admirables, lo que da a su figura unos tintes
de heroísmo que le convierten en todo un mito de la
historia del toreo.