NIÑO
DE LA CAPEA
"Era
un hombre con mucho carácter y personalidad. Con
las ideas muy claras y amigo de sus amigos. Vivió
únicamente para ser torero. Fue una lástima
que se fuera sin haber podido disfrutar más de la
vida"
“Al
principio la gente no le veía con carisma y le tenían
como un torero trabajador. Pero era muy honesto y poco a
poco fue convenciendo a todos. Tenía las ideas claras
y ahí radica su mérito. Impuso su estilo,
su toreo de poder, dominio, y mando"
"Su
muerte fue uno de los golpes más duros que he recibido.
Se fue un amigo y una referencia. Lloré muchísimo
y reflexioné. Él me sirvió de ejemplo
y me hizo sentirme muy orgulloso de mi profesión.
Su honestidad y su ejemplo fueron vitales para mí
y de hecho, a raíz de aquello yo comencé a
vivir mis mejores años"
DÁMASO
GONZÁLEZ
“Fue
esclavo de su profesión y de la afición que
tenía. Se preparaba muy concienzudamente. Esta profesión
requiere una esclavitud que no todos podermos vivirlar.
Él se encerraba dos o tres meses en el campo y se
olvidaba de todo. Y al final consiguió lo que él
buscaba: ser una figura del toreo. Alcanzó fama y
notoriedad y se le acabó reconociendo como lo que
era y lo que había deseado alcanzar"
"Todo
lo consiguió con el amor propio que transmitía.
Cuando no embestía el toro, lo hacía él.
Fue discutido por algunos, pero su mayor mérito radicó
en lo completo que fue. Para mí personalmente, además
lo más relevante de él fue la espada; creo
que fue el que mejor mató a los toros"
"Su
muerte me dejó estupefacto. Aquello resultaba increíble.
El amigo y el torero se habían ido. Me causó
tanta impresión que estuve cuatro días malo"
RAMÓN
VILA
“Llegó
a ser una primerísima figura del toreo. Vivió
una época complicada, no era fácil hacer un
buen toreo y no era normal hacer una lidia completísima.
Fue muy íntegro. Un torero de poder en unos tiempos
en los que el toro embestía hasta el final. Era muy
amplio en todos los tercios"
"No
se puede afirmar que aquello se hubiese podido esquivar.
Los hechos se producen en un momento específico y
las personas nos movemos en un lugar y unas circunstancias
muy concretas. No podemos pensar que somos capaces de poder
controlarlo todo a un cien por cien porque es imposible
dominar los accidentes"
EL
SORO
“Le
conocí en Sanlúcar. Yo entonces era novillero
y él un matador consagrado. A raíz de aquel
encuentro surgió con el tiempo una buena amistad.
Años más tarde, en el 82 toreamos por vez
primera juntos. Fue en Valencia, al lado de El Niño
de la Capea, y aquella fue mi segunda corrida de toros,
después de tomar la alternativa en el mes de marzo
de aquel año.
“Era
introvertido y austero. No se dejaba entrar mucho, pero
cuando se superaba la barrera, era una persona agradable
y muy amigo de sus amigos. En el ruedo nunca se dejó
ganar la pelea. Era un profesional, que vivía su
carrera desde que se levantaba hasta que se acostaba. Si
el día tiene veinticuatro horas, él dedicaba
veintiséis al toreo. Llevó su carrera con
solidez y mucha rigidez. Se sacrificó por su gente,
por su familia y dejó cosas a un lado para vivir
su profesión. Para mí fue un espejo en el
que reflejarse. Dominaba todas la suerte y la historia ha
plasmado lo que fue: una figura del toreo”.
“La
tragedia se marcó desde que le cogió. Aquel
muslo abierto en canal... fue impresionante. A pesar de
ello, yo no pensaba que aquello iba a desembocar en aquella
muerte tan dramática. Las imágenes que se
vieron en televisión fueron duras, pero lo que no
captó la cámara fue también impresionante.
No hubo una voz alta. Paquirri no perdió los papeles
en ningún momento. Se mostró muy entero y
se puso en manos de Dios y de los doctores. La televisión
dejó constancia de esa tranquilidad que intentó
transmitir a los demás. Murió con muchísima
dignidad”.