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Crónica de MÓNICA ALAEJOS
CON SABOR A PISCO
En el idioma quechua sureño (hablado en gran parte del Perú a la llegada de los españoles), el vocablo pisqu designa a las aves pequeñas, pero ahora, se utiliza para denominar una bebida resultante de una variedad de aguardiente de uva. Su sabor es inconfundible por la fuerza, la rotundidad y el poso que deja en el paladar cuando baja escociendo por la garganta. Fandiño se hizo dueño esta tarde de Acho a base de solidez y garra, con limón o sin él, con canela a veces, a palo seco en otras, en el límite de la mediana industria con una base artesanal pero sin responder a fines comerciales sino a una especie de orgullo generacional. Salió en hombros por fuerza.
La comida peruana es maravillosa, la abundancia de ingredientes de excelente calidad, la pasión y el buen gusto que se le pone, ha hecho que la cocina de Perú sea reconocida en todo el mundo. Sabrosa fue la primera labor de Fandiño después de iniciar en los medios con ayudados por alto rematados con un pase de pecho eterno. Dejó que se cocinase a fuego lento como la pachamanca, con pausas entre las tandas y muletazos largos ligados con distancia. El toro tenía su temperamento pero supo aprovechar las inercias del animal sometiendo siempre las embestidas protestonas al final del muletazo.
Como producto de la colonización española, la inmigración africana, china, italiana y japonesa, la cocina peruana se enriqueció con nuevas técnicas de preparación e insumos de otras partes del mundo. Muchos fueron los ingredientes de la labor de Fandiño frente al sexto pero sobre todo hubo fusión. Aunó el poder con la técnica para los pases cambiados por la espalda con los que inició la faena en los medios. El toro no humilló nunca pero dejándosela puesta y tocándole fuerte y seco mezcló sometimiento con firmeza Por el pitón izquierdo sabía rancio y aunque hubo que probar para que no quedasen dudas, lo mejor llegó con la diestra por el ritmo africano, la precisión china, la picardía italiana y el valor español.
Como el ají, picante del todo resultó el primer plato de Jiménez, un toro sin raza que fue siempre por dentro por el pitón derecho complicándole la vida al espada. El rocoto quitó el sabor y para paliarlo César Jiménez llevó al toro en línea recta sin obligarle demasiado buscando la ligazón hasta meterlo en la muleta. El picante se quedó en la garganta del torero que realizó un esfuerzo más que meritorio. De segundo le pusieron ese plato que detestas y que por educación y para que no quede en la mesa, debes al menos probar. Un toro de San Esteban violento, brusco, deslucido e incómodo…vamos, una joya. No humilló nunca y embistió sin ritmo.
Acusando corrales salió el segundo de la tarde un toro peligroso y con excesiva sal al que el torero local no pudo más que machetear para quitárselo del medio, peligroso y sin lectura posible puro lomo saltado con exceso de sillao. El huacatay es una hierba capaz de dejarte la lengua seca y pastosa, con sabor amargo, el mismo que se ha llevado Cubas de Acho y que le durará un par de días. Se usa para cocinar ocopa un plato típico de Arequipa servido sobre papas con regusto de amargura.
Quizá dejó muy crudo al toro pero lo que quedó claro y así se lo cantó el respetable, fue la falta de ajuste, de acoplamiento a las embestidas y las dudas de un torero que hoy no estuvo a la altura de las circunstancias. Sólo cuando el toro se vino a menos se dio cuenta de las distancias y de los tiempos del animal.
| Plaza de toros de Acho. Tercera de la Feria del Señor de los Milagros. Tres cuartos de entrada Toros de San Esteban de Ovejas. César Jiménez, ovación y silencio; Juan Carlos Cubas, silencio y silencio e Iván Fandiño, oreja y oreja. |
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