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Crónica de C.R.V.
UN RÍO SE AHOGA
Los ríos también se ahogan. Mismamente en Bilbao hoy, se ahogó un Río por no tener agua. Justo el día que más incordiaba una corrida mala a destiempo, con el cartelazo contratado por la Junta y otro en vías de extinción, el que dice: No Hay Billetes para Hoy. Sin amenaza de agua desde arriba, escaseó el agua abajo y se nos ahogó el Río y desde el tercer acto aquello olía agua estancada. Mal asunto. Se abanicó el señor alcalde en su callejón en las primeras faenas al lado de Su Majestad El Viti al que le brindaron los toreros una de sus faenas. Pedazo de torero ese Viti, que disfrutó de dos faenas de peso, una de El Juli y otra de Perera, en los dos toros de fondo de la corrida. El de por delante y el resto fueron un ahogamiento en serie y en serio. Falta de raza y con dos toros de guasa y turbulencias, cuarto y quinto. Los Ríos, también se ahogan, cuando el agua no sabe nadar.
Colocar ese cartel en vías de extinción, el de agotado el papel, es un milagrear de realismo mágico en las latitudes por las que anda la crisis. Ponce, tan de Bilbao que es mas de aquí que de parte alguna, está fresco en esta plaza. Cincuenta y un paseíllos cumplía hoy. El Juli es otro de los toreros de aquí, al mismo tiempo que de todas partes y Perera está en uno de sus años lúcidos. Tres toreros a los que no les llega el agua al cuello se quedaron si agua y con la cara de perder un órdago a la chica. La raza que sacaron fue la que le faltó a la corrida bien presentada, desigual de tipos, con uno en Lisardo, el segundo, de cuerna acapachada, otro en Salvador, el castaño de Toros de Cortés y el resto más en Domecq, pero con dos de cuello escondido, sobre toro el montado burraco cuarto.
La corrida que se ahogó sin juego de palabras, se ahogó más porque El Juli, que ha evolucionado de forma impresionante hacia una tauromaquia grande, pinchó tras una faena importante al segundo y a renglón seguido Perera, que está este año con una mente despejada y clara, mata menos que un susto en el tren de la risa. Pero dos faenones quedaron allí, para ahogar mas lo que se ahogó solito. Fueron los dos toros buenos, uno para hacer más, el segundo, que tuvo buen son pero con tendencia a agarrase al piso sin tener viaje largo y otro para entender pues a veces embistió recto y fue mejor por el pitón izquierdo. Los dos buenos toros que fueron mejores en dos muletas de poder y mente clara.
Metió la cara el capote el segundo, pero sin romper hacia delante nunca, y, apenas picado, muy entero, se lo sacó el torero pronto a los medios para tirar de le por los pitones. Fue faena importante por la forma de ir enganchando, primero con más toque, luego con la bamba de la muleta, suave, para adelante, en tandas muy buenas por los dos pitones. Una de esas faenas esperadas de un torero tan capaz de hacer romper el buen fondo de los toros que se agarran con un final en la distancia corta de privilegiado. . Pero esa capacidad evolutiva de El Juli no ha sido acompañada de la misma con la espada. Más contundente que otra cosa con ella.
La otra faena buena, importante, de toreo largo, fue la del tercero, toro suelto, que hizo cosas de mansito, apenas señalados los dos puyazos, que perdió el celo entre pase y pase por el lado derecho y al que Perera exprimió por ese y por el mejor pitón, el izquierdo, en tandas de hasta cinco y seis muletazos. Como El Juli, con media muleta puesta y dejada para ligar y tirar de él para adelante. Fue toro de mayor tranco de muletazo que el anterior, pero tendente a perder el celo sino se le daba el ídem. Puesta, tapado, tirar, desplazar por abajo. Pero este Perera clarividente volvió a pinchar otra vez.
La corrida tuvo esos dos capítulos sanos y alentadores. Antes y después nada. El que abrió plaza, blandito y mansurrón, apuntó dejarse en son pacífico, pero a la primera tanda se rajó, y Ponce apenas pudo gustarse en algunos muletazos con la izquierda. El cuarto se declaró beligerante en la segundo pase: se frenó, midió y amagó para aprender pronto. Nada que rascar. No fue mejor el burraco quinto, corto de cuello y montado, escaso de casta que apenas se movió y sacó su genio en los pases por alto en una faena de arrimón de El Juli. Descompuesto, sin ir metido en la muleta nunca, a su aire de toro sin armonía, escaso de raza, Perera no pudo bajarle mano al castaño sexto pues perdía las suyas, y a su altura el toro iba calamocheante y rebotado. Lo que son las cosas, a ese lo mató bien. Las cosas que pasan cuando deberían haber pasado antes son así. Así fue la tarde. En la que un Río se ahogó. Porque el agua no sabe nadar o porque no había ni agua para nadar. Igual da que da lo mismo.
| Plaza de toros de Vista Alegre. Sexta de la Semana Grande. Lleno de no hay billetes. Toros de Victoriano del Río, el sexto de Toros de Cortés, muy dispar de presencia y de escaso juego. Enrique Ponce, aplausos y silencio; El Juli, ovación tras aviso y ovación; Miguel Ángel Perera, ovación en ambos. Joselito Gutiérrez y Guillermo Barbero se desmonteraron tras parear al sexto. Los tres matadores brindaron uno de sus toros a Santiago Martín El Viti. |
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