COMO SI DEBIERA DINERO
Morante pidió la cuenta. Qué se debe. Y pagó lo suyo y lo de todos. Se echó despacio la bronca a la espalda y salió de la plaza al ralentí para dar tiempo al desahogo del público. En ese trecho, de tercio a tercio, la afición convirtió en abucheo todo su desencanto, al mismo tiempo que aplaudía a los otros dos toreros. En estas tardes alguien tiene que pagar la factura. Morante había tirado las tres cartas frente a un toro manso y parado de Torrealta prendiendo la mecha de la desilusión. Pero esta había llegado a Bilbao abrazada a una corrida de Zalduendo tan escasa de raza que parecería incluso injusto que Juli y Manzanares le hubieran cortado las orejas. Manzanares hizo hasta de Padilla y El Juli se esforzó tanto que parecía que le debía dinero al ganadero.
La corrida de Zalduendo fue bonita, con un par de toros terciados y algo menguados para Bilbao, uno zancudo, el sexto. Y con ellos la tarde invitó a la desidia. En el ruedo, por ejemplo pudieron aburrirse los de coleta ante la insistencia de la escasez de bravura. Pero El Juli se puso como nunca el mono de faena en los dos toros. Fue encomiable su actitud para justificar caché y puesto de figura. La faena al quinto puede que haya sido una de las más largas de toda su carrera. Ordenó indulto en varas y cuando cogió la muleta el toro no era nada. Dobló manos un par de veces. En la segunda tanda se le vino al cuerpo al tercer pase y fue toro de no querer embestir, de frenarse, de apretar con la cara con feo estilo y nada de bravura. Se contaron una docena de tandas tratando de hacer la masa del pan. Un pitón y otro siempre en los medios, aguantando derrotes y cabezazos. Como si le debiera dinero al ganadero. Fue una faena de oreja, como lo fue la del segundo un toro precioso, de sienes estrechas, descastado y a menos que le tiró un derrote a la cara en banderillas a Niño de Leganés.
La historia del toro comienza en la ganadería y continua en Málaga donde fue rechazado para llegar a Bilbao y ser aprobado. No por demérito de aquí sino para sonrojar a los de La Malagueta pues fue más toro de allí (ideal para Málaga) y demasiado bonito para aquí. Pero en el toreo a la gente se le va la pinza de forma lamentable. No hubo ni una sola protesta a la salida del toro cuyo comportamiento fue el de topar con cabezazos y viajes en corto, con la cara a media altura. Muy provocado con la voz y con el toque, fue de nuevo El Juli quien trató de prolongar su embestida antes de matarlo de pinchazo y estocada fea.
Manzanares pareció otro. Cinco circulares de espaldas a un toro y dos largas de rodillas al hilo de las tablas al otro. No había más remedio para salvar la tarde. El tercero, lavado de cara fino de cabos y astifino, le duró dos tandas antes de rajarse y el torero tiró de recursos en su querencia y camino de ella. Circulares ligados con un molinete, pases del desprecio, una pedresina para colocarlo, todo ello después de un bello inicio de faena que tuvo el cenit de un cambio de mano enorme. O sea un Manzanares lleno de recursos que antes no se había visto. Porque tampoco es hábito en él pegar dos largas de rodillas como hizo para saludar al sexto, un toro zancudo que llegó rebrincado a la muleta, defendiéndose, hasta pararse aún a costa de su afonía, de tanto usar la voz para citarlo. Manzanares pudo cortar una oreja y quizá El Juli una a cada toro. Si esto sucede quizá alguno esté diciendo que la corrida fue buena.
Morante vino a matar dos de Zalduendo y lidió dos de Torrealta. Claudicó el primero y el cuarto, un toro hondo y bravo que apuntó a muy bueno se lesionó en el inicio de la lidia. Fueron sustituidos por un jabonero que llevó la cara alta en un recorrido breve áspero y Morante porfió con él mucho tiempo. El cuarto bis fue un burraco manso de mucho peso, manso de libro y al poco rato de discutir con él, Morante pidió la cuenta, Pagó yo, Y se quedó con la bronca.
| Plaza de Vista Alegre. Séptima de las Corridas Generales. Toros de Zalduendo, correctos de presencia, deslucidos y sin raza, y dos sobreros de Torrealta (1º y 4º), descastados. Morante de la Puebla, silencio y bronca; El Juli, ovación y ovación tras aviso; José María Manzanares, ovación tras aviso y ovación. Saludaron en banderillas Emilio Fernández y Juan José Trujillo |