'UN 'GUAJIRO' PARA EL CID'
Como las grandes películas la corrida de El Pilar tuvo hoy un buen inicio y un buen final. Dos toros de seis. Uno bravo, imponente, bueno, de embestida profunda, exigente y poderosa, que el fue el primero. ‘Guajiro’, de nombre. Y otro, el sexto, de caramelizada condición. Movilidad, nobleza, son, ritmo y calidad. Sin la potencia del primero, quizás sin su hondura. Pero bueno. Un toro bueno. Un primero y un sexto. En ellos dos se basó la corrida y la singularidad de los toros de Moisés Fraile.
El Pilar presentó en el Bocho una corrida seria, huesuda, pesadora que no gorda, de amplias mazorcas. Una corrida de las que marcan la impronta de una ganadería, su plaza, su entidad, el tipo de toro. Abierta de líneas, de capas y dio clara impresión que de sementales. Dos de seis. Con ‘Guajiro’, de estandarte. Un notable inicio y un buen final. Faltó, la trama. Cuatro capítulos densos. Con sus matices. Apuntaron más dinamita de la que tuvieron el segundo y el cuarto. Que quisieron embestir pero no terminaron de tomar las telas por abajo con la precisión debida. Y tuvo más cuerda de la que pareció el tercero, un imponente animal de 683 kilos que se dejó hacer y respondió con son. Con más ritmo y más bondad de lo que apuntaba en la primera mitad de su lidia. No aguantó después. El quinto fue de largo el más deslucido. El único toro que de verdad no puntuó. Ni para bien ni para regular.
Las virtudes de ‘Guajiro’ fueron para El Cid. Un ‘Guajiro’ para El Cid. Despejado de ideas, el de Salteras lo vio pronto. Una virtud. ‘Cuando el público ve al toro antes que el torero, mala señal’, suele decir ese sabio ganadero que es José Luís Lozano. No fue el caso. El Cid lo vio pronto y en la primera tanda tenía en la muleta al toro. Un ‘Guajiro’ para El Cid. Con su estilo recio y clásico, por una mano y por la otra, el sevillano cuajó una faena de ligazón, temple, reunión. Transmitió la obra pero no terminó de romper el público. Los naturales, largos. La elegancia de El Cid en los ayudados, en la manera de resolver, de torear sin sufrir. Entregada faena. Consistente. La madurez se nota. La oreja fue cabal premio tras una estocada. El propio Cid volvió andar rápido de reflejos frente al cuarto, un toro de mejor principios que finales. Un buen tramo de muletazo en los embroques pero nunca soltaba la cara para deslizarse. A gusto, el de Salteras le manejó con suavidad en una faena de muletazos sueltos. Por momentos el toro quiso y por momentos pudo El Cid. Tabula rasa, en una faena de notable disposición.
José María Manzanares tuvo dos toros de distinto carácter. Por dentro y por fuera. Un gallardo animal, de imponente proporciones, se encontró el alicantino en primer lugar, tras devolverle el titular por descoordinado. O mal andado. O por blando. Perdió las manos y asomó el pañuelo verde. El grandón resultó ser un toro dócil casi, por la mano derecha. Manzanares le manejó con su natural empaque, hasta que se agotó. Faena por obligación a menos. El sexto fue el otro toro de la corrida. Bueno, con movilidad. Manzanares apostó por una faena donde respiró su naturalidad y la expresión de su personalidad. Una primera parte de faena bella y elegante, con tandas en redondo de templado acento. Series cortas, para que no se viniese abajo la cuestión. Por la izquierda, fluyó el toreo de uno en uno. De buen trazo, de citar más con los vuelos. Valoró la plaza la faena, que jaleó y animó al alicantino. La parte final tuvo el asiento de quien se siente a gusto. Faltaba la guinda para cortar la oreja. Quiso asegurar Manzanares y cerró al toro entre las rayas, cuando al primero le había estoqueado en los medios en la suerte de recibir. Pinchó una vez antes de agarrar media estocada que necesitó un descabello. No hubo premio tangible.
El lote menos propicio cayó en manos de Castella. Noble, con calidad pero sin fondo el segundo. Y deslucido el quinto. Con éste último quiso tragar y consentir en una faena larga, de mucho empeño y quietud. Y con su primero, cuajó una labor donde tomó pronto la altura de su oponente, ligando series de buen metraje, cosiendo los muletazos en un palmo. No apretó el de Beziers al toro, buscando que durara lo que duró. No faltaron los circulares, ganando el diestro la acción porque el toro buscaba más sus querencias naturales. Mató de una estocada certera. Se le pidió la oreja.
| Plaza de toros de Vista Alegre. Octava de las Corridas Generales. Casi lleno. Toros de El Pilar, bien presentados, destacando el primero por bravo y el sexto por su clase. El Cid, oreja tras aviso y ovación; Sebastián Castella, ovación tras petición y aviso y silencio; y José María Manzanares, ovación tras aviso y ovación tras aviso. Han saludado en banderillas Curro Javier en el tercero, y Javier Ambel en el quinto. |