'CON 'G' DE GÜEVOS'

El Cejas dejó el recuerdo del chiltepín, un chile del tamaño de una lágrima, que, sin embargo, es primo hermano de un incendio. No pica, quema. A puro güevo sin "hache" se la pasó Macías confirmando dos cosas, alternativa y cojones, que es término que la RAE dice que es malsonante y enlaza a testículo, una parte física del hombre y que, por cuestiones contrarias: biensonancia e igualdad de sexo (nos leen ellas y ellos) lo denominaré en adelante a lo yanky o spanglish: Cojh Ones. Nosotros los de los Cojh Ones utilizamos este término con albedrío de la libertad y, así, lo usamos a discreción de significado al juntarle otras palabras. Con dos… es igual a valor. Si decimos que los tiene cuadrados es que es perezoso, si decimos "mis c.. 33" es que somos pasotas… Luego los sufijos: "c…nudo", es que es cumbre, c…azo, es que es puro vago. Que clase de ese valor expresado en Coj Ones tiene Arturo Macías es la cuestión. Porque que lo tiene es fijo.
Repetido el contexto de una tarde metida en abrigo, viento, corrida remendada, con caja pero sin remate y de tipo sin hechuras, blanda y de fondo, fuerza y bravura desaparecidas, la corrida se mantuvo a la espera de que Macías volviera a echarle lo que le había echado en el toro de la confirmación, que hemos dicho que se llamaban Cojh Ones. Falto de remate y endeble, en medio del ventarrón, El Cejas se echó el capote a la espalda para lucir gaoneras y una cordobina que se tropezaron ceñidas, pero sin resultar volteado. Marcó el toro querencia rajada hacia tablas en los primeros tercios y, desde el centro del ruedo, se dejó llegar al toro para darle dos pases cambiados, un cambio de mano y el de pecho. Una tanda más le dejó el toro, quieto el torero como un palo, sin perderle pasos a una embestida que, en corto, fue siempre más protestada. En el toreo perder o ganar pasos a veces es perder o ganar pases.
Le desairó el toro para irse a las tablas y allí Macías tiró de testosterona, en corto, aguantando los viajes escasos y de cara alta, protestada y suelta del toro. Estuvo muy vivo una vez, al taparle con la muleta girando cintura y dejándole la muleta en la cara. Y de tan quieto, hasta dos veces le volteó dos veces, las dos con la cara por arriba. Una fue leve, pero en la primera lo pudo herir a avasallarlo en el suelo de forma fea y pisarle la boza con una mano. Luego se pegó un arrimón, siempre sin moverse, encomiable. Con dos Cojh Ones. Keynes, economista británico, distinguió el valor bruto del valor neto. Lo neto es lo que queda después de los costes.
El sexto perdía la cara de perfil de tanto que la abría y se montaba en tipo, pero tuvo salida de bravo y fue el que más quiso embestir, aunque duró muy poco. A este le hizo un quite por gaoneras cambiado el viaje, se lo dejó llegar en la distancia y lo muleteó girando el cuerpo, sin perderle pasos. El toro, que no fue nada, era un poco más con más sitio, hueco entre pase y pase, pero este tío se quedó como un palo siempre, y, cuando el toro se apagó, se arrimó a cambio de algunos tropiezos de telas con la izquierda y con la derecha. Que los tiene es de una evidencia tan grande como la monumental de Aguascalientes. Este mexicano tira de un par de Cojh Ones.
El resto de la corrida tuvo interés frío. Por el viento, porque la corrida fue un fiasco y porque las voluntades de César Jiménez y Miguel Abellán se conocen y, como en casos similares, se topan con lo imposible. Uno de Abellán, el segundo, que intentaba taparse por la cara, embistió desganado, con la cara por las nubes y la voluntad del madrileño nunca encontró crédito ni eco positivo en la heladera del tendido, que aprovechó la punta de la espada que asomó en la estocada para protestar su cabreo. El cuarto fue un burraco alto, sin remate de atrás y feo, protestado también, que tuvo la movilidad manejable del toro endeble, con la cara a media altura, y al que Abellán trató en la distancia necesaria, sin obligarlo, en una faena larga, pero sin posibilidad de remontar. Abellán había tirado al suelo al tercero, toro de buen son y poca fuerza, en el remate de un quite y el palco lo mandó al matarile. Una cosa es que lo tiren y otra que se caiga, manda Cojh Ones.
Corrido el turno, salió un remiendo absolutamente inválido de Navalrosal. Y el quinto, sobrero de Domínguez Camacho, fue un castaño de pitones vueltos que se movió de forma escasa y con la cara por las nubes. La metía en el embroque y la sacaba por encima del palo de la muleta. Nunca le pudo obligar ni ligar los muletazos. De recibo es que el interés de esta tarde de frío, viento y hastío, la cosa quedara en conocer qué clase de Cojh Ones tiene Macías El Cejas.
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Las Ventas. Sexta de San Isidro. Cuatro toros de Martelilla en primer, segundo, cuarto y sexto lugar. Uno de Navalrosal, como tercero, tras correr turno el matador. Otro de Domínguez Camacho, como sobrero en quinto lugar. Todos desigualmente presentados, con algunos toros sin remate bajos de raza y fuerza y sin dar opción. El mejor, el último, que fue el más feo de hechuras. Casi todos pitados en el arrastre. Miguel Abellán, silencio en su lote, César Jiménez, silencio en ambos y Arturo Macías, que confirmaba su alternativa, silencio tras aviso y saludos.
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