TRISCAIDECAFOBIA
Uceda Leal. Madrid. 13.05.2011
Uceda Leal corta una oreja a un gran toro de Juan Pedro Domecq en la cuarta de feria de San Isidro
Triscaidecafobia. La fobia al 13. No es muy racional, pero existe... El Anticristo aparece en el capítulo 13 de Apocalipsis. La Cábala menciona a 13 espíritus malignos. Existe la fobia al 13, en viernes si cae del lado anglosajón, en martes si de la raya hispana. La fobia (del griego Fobos, es el pánico) irracional ante objetos y situaciones concretas. Por ejemplo, la aracnofobia, pánico a las arañas, claustrofobia o pavor a los lugares cerrados. En España las hay muy particulares. Por ejemplo, la talentofobia o pánico al talento o la rubiaguapafobia, que quiere decir que una rubia guapa es tonta y es puta, con perdón. Existe también en esta familia la juampedrofobia. El pánico a lo de “juampedro”. Se certificó en pancartas preparadas bienintencionadas. Pero la corrida de Juan Pedro Domecq se defendió sola. Muy sola. Apoyada sólo en el lujoso toreo de Uceda. No fue la tarde de Morenito y mucho menos la de un Juan Bautista desconocido.
La primera mitad de la corrida fue abono de la domecfobia. Manso y malo el primero y buenos pero sin más, los dos siguientes. El cuarto exilió pánicos y adoquineces (de adoquín) mentales con una embestida suave y al ralentí que Uceda supo expresar cumbre con la derecha en media docena de pases. El quinto fue el desconsuelo de bravura caída en 13. Un burraco serio que tuvo el son bueno de los bravos buenos desde su salida a la plaza, su prontitud en el peto, su entrega y el galope sostenido posterior. Un toro quizá para regresar al campo. Mucha capa se le dio de salida, pero espesada. Juan Bautista, que lo probó en distancias largas y cortas en terrenos distintos, nos se acopló con él. No era su tarde y punto. Fue el toro claro y fijo, con esa bravura que no da bocados ni mete más miedo que el torearlo bien. Tuvo mérito el toro pues apenas le ayudaron en la lidia a ganmarde esa merecida ovación en el arrastre.
Ese fue el toro de la tarde y, seguramente, de varias tardes, pero el toreo de la tarde fue de Uceda. Manseó el cuarto haciendo ruido de estribos luego de dejar que el torero lo lancera bien, sobre todo por el pitòn derecho. Toro de calidad homda y embestida a ralentí por ese lado. Una tanda de Uceda fue ligada pero sin fuste. Otra enorme, con dos mulatazos que aún no han terminado, deslizándose muleta y toro, y aún hubo otros más luego de una probatura por el lado izquierdo, por donde una de dos, o el toro era peor, o el torero tuvo menos acople. Esa forma de torear, cinco, seis, siete veces y esa forma cumbre de entrar a matar despacio fueron lo mejor de la tarde y de otras tardes que vengan. Poco y tanto. Breve y tan hondo.
La corrida tuvo una versión de la raza distinta en el sexto, bajo de agujas y de cara amplia, enrazado de salida, fuerte, vivo, pronto. Para poder por abajo. Humilló mucho en la lidia y se empleó en el peto y en la muleta era de esfuerzo, por abajo y para adelante y Morenito compuso más que pudo entre la espera del público, que le espera. Al tercero le faltó salirse más del muletazo, quizá un tranco. Era para buscarlo y no para esperarlo y hubo pasajes buenos, pero nada contundente.
De los dos aún no citados de una corrida baja de agujas, de cara seria, cinqueña y a más, el primer
o fue un colorado cuesta arriba y de cara exagerada, el más manso vivo y ágil. El peor con diferencia. El segundo noble y justo de fondo, pero para estar más entonado que Bautista. Digamos que hicieron tablas. Así las cosas, la corrida cayó en pleno 13. En una fobia, en una mala suerte quizá anunciada por sus divisas de luto. La bravura suele hacer menos ruido que el toro de piedra y disparo, pero es muy tozuda. Es capaz de defenderse sola. Y de dejar en ridículo esa mini pancarta colocada desde casa y traída desde idem: “qué asco de ganadería”. Tocaba en el plan ponerla en el sexto. Pero a esas alturas las fobias ya no eran pánico. Eran la desubicación en la inteligencia del toreo.