UN DETENIDO ILUSTRE EN LA SALA VIP

Cuentan que San Isidro se llegó a Las Ventas con sus bueyes de arar y que Florito lo mandó al carajo. Oiga que soy el Santo y el Patrón. Dicen que Florito lo miró con perdón de vida, más que cuando mira normal, que ya la perdona, le hizo una panorámica sin parpadear y le tiró a la cara un tío chufla y un estás chalado. Jaló el Santo hacia el tráfico de influencias para protestar al Alcalde Gallardón, al que le gustan los toros como a la señora del lunar del tendido dos el viento que despeina su peinado, y lo mandaron detener. Lo confundieron con un espía de Doña Esperanza. O con un sin papeles.
Cuando se pudo acreditar con el carnet de arar, la tarde era de noche, la plaza estaba vacía de guapos de pago, guapas sin pagar, gentes de casi todos los días y sólo quedaba sentado en la piedra un nuevo vecino al que se rajó el vaso de plástico de cerveza al segundo trago. Se le derramó por la piedra y entre los zapatos, y se la pasó mirando al suelo con cara de melancolía. Una ruina. Como la tarde. Los de Garcigrande/Hernández derramaron mansedumbre y baja casta convirtiendo en ruina superior el supuesto duelo de dos gallos, Juli y Castella. Dicen que El Santo quiso regalar sus bueyes como sobreros, total. Pero no le hicieron caso.
Mientras la municipal ponía en cuarentena a San Isidro y los bueyes de yunta platicaban con los de Florito, saltaban a la arena del día grande de la feria de Madrid toros de hechuras dispares, escaso tipo, de expresión ausente y aún menos bravura y con una tendencia absoluta a marcar querencias de salida, arrollando muchas veces a capotes y hombres. Una corrida con toros de velocidades distintas: a contraquerencia iban en huelga y hacia querencia jamás la tomaron sin otra intención que irse o quitarse de en medio.
De la quema se salvó el pitón derecho del primero y la movilidad que tuvieron ése y los otros dos siguientes, fruto de su indulto en varas. La corrida mandó a la trena y secuestró a uno de los pocos anuncios de choques de trenes en esta feria, que quedó en empate. Juli y Castella sacaron sus armas en los dos primeros toros de forma contundente. Tanto empataron, que hasta se contagiaron con el fallo de la espada.
Fueron esas dos faenas, dos, como el par de bueyes de arar del Santo. El primero, corto de cuello, no quiso caballo ni peto y salió arrollando al banderillero Álvaro Montes. Una tónica de la corrida, pues en su deseo de ir a querencia, muchas veces jalaron arrollando en su camino. Quedó el toro entero y fuerte, y El Juli, que lo había lanceado hacia los medios de salida, intentó prolongar sus embestidas y se la puso con la derecha ligando dos tandas de mando. Embistió el toro recto, pero el torero puso tanta perfección que siempre pudo ligar por debajo de forma limpia y contundente.
En un pase de pecho, el toro le dijo no por el pitón izquierdo, mientras ese grupo adolorido de no se sabe bien que, le protestaba los pases. No le fuera a dar por triunfar. El torero hizo ostentación de tozudez: no iba por el izquierdo y una y otra vez se quiso dar el gustazo de torearlo por ahí, alternando con tandas muy buenas con la derecha. Como si le importara más lograr naturales que una oreja. Pinchó mal y la perdió, mientras el Santo Patrón escuchaba los olés desde los baños de la Sala Vip, donde quedó custodiado por un número de Torrelodones que le convenció para acres socio del Atleti.
El de Castella fue peor. Exageró ciertos defectos al rebotarse en saltos feos al principio por el pitón derecho y por el izquierdo fue extrañamente difícil. Se lo llevó al centro del ruedo en unos primeros compares en los que pretendió darle sitio, distancia y temple. Cuando se puso con la izquierda, con el toro reculando hacia chiqueros, se le vino encima como un tiro. Si El Juli fue tozudo, Castella un lagarto. A la que pudo, se metió entre los pitones, sitio en donde es capitán general, y, como tiene sangre de lagarto y temperatura a bajo cero, desde tan cerca fue capaz de tirar de él y sacarle pases limpios y largos, aguantando parones y miradas que le iban narrando a Isidro el detenido en los baños de la sala VIP. Una faena de bemoles, de ganador, como la de El Juli, pero con la espada estuvo mal. Toda la tarde las espadas viajaron de forma errada.
Lo que contaron al Santo Patrón del resto de la corrida en la trena improvisada fue más o menos así. Toro feo y basto, manso y con genio, de querencia muy marcada y rajado para Daniel Luque, que quiso fajarse con él. El sexto fue toro bien comido, manso y fuerte, de movilidad sin clase ni entrega ni bravura y con él el torero, que pretendía remontar al lado del tozudo y del lagarto, apenas pudo mostar más que dignidad antes de fallar feo con la espada.
El segundo de El Juli se abrió cada vez más en las embestidas aprovechadas por el torero de forma templada, pero se vino abajo y el segundo de Castella caminó soso y anodino. Cuando estaban bajo las duchas los toreros y en la plaza lloraba desconsolado el vecino de la cerveza derramada, qué ruina, el Santo Patrón era reconocido como tal. Se quedó sin corrida y sin bueyes. Florito les calibró las hechuras y se los expropió. A ver quien ara ahora la tierra. Porque, al toro no sé, pero, lo que es al arado, el alcalde creo que dice que un carajo. Hombre, un pareado.
| Las Ventas. No Hay Billetes. Toros de Garcigrande, mansos, con genio y deslucidos, a excepción del primero, que fue exigente. Obtuvieron el siguiente resultado en el arrastre: Ovación, pitos, pitos, pitos, pitos y pitos. El Juli, fuerte ovación tras aviso y silencio; Sebastián Castella, ovación tras aviso, y Daniel Luque, silencio en su lote. |