viernes, 10 de febrero de 2012
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Crónica de C.R.V.
TOREROS DE GUISANDO

Los Toros de Guisando puede que no sean toros. La ciencia dice que lo son, pero otros le dicen verracos, que es el cerdo semental, que por esa zona santateresiana se hacen bien al horno y de chiquitos, lechones que la leña  convierte en lechazo, que no es una leche muy grande, sino un manjar de dioses. Churruscaditos. Se come todo, hasta lo que queda en los dedos, si no se hace ruido. Fueron obra de unos tales vetones, un pueblo celta belicoso y con la guerra en las femorales. De los vetones quedan el rastro de los libros de historia y los toros de Guisando. Son de piedra, sin cara, porque no la tenían o porque el tiempo erosiona los cuernos. Eso al menos dice un amigo que los tuvo y los llevó a la espera del olvido de los días. Por cada uno que pasa,  se alivia el peso. Pongamos que sean toros y no verracos, de piedra parecida a la de Las Ventas. Hay cuatro. Detenidos. Quietos.  Cuatro toros embistieron hoy.  Toros que no verracos, tres de Bayones y uno, milagro, de Pereda. Y de piedra se quedaron los toreros. La historia dirá si hay o hubo toreros de Guisando.

La ciencia dice que lo que parecen verracos son toros. Yo, que tengo amigos vetones, porque soy mayor, digo que eso es como aseverar que una mujer es fetén si no se le ven los andares, o que una paella de la foto a color de una tienda todopaella es buena o asegurar que el cartel de esta tarde es una oportunidad. Once corridas torearon el año pasado los tres diestros de hoy, las mismas que llevamos de feria. Once entre tres.  Y queremos que crezcan y que evolucionen y que cuajen a los toros. Más bien creo que yo, por el olor de la chamusquina y el sabor a derrota,  que es verraco y no toro, los de Guisando. La ciencia dice lo contrario, pero yo casi que  no camelo. No hay que confundir el culo con las témporas, ni la oportunidad con la demagogia, ni la buena fe con la coartada, ni lo necesario con lo barato. La ciencia dirá lo que diga, pero el lechón se come con los dedos y la oportunidad de once entre tres (Picazo, De Justo y Lancho) , puede ser hasta una putada, indigestamente hablando.

Como los toros no rematan, ya se sabe, por el agua, hoy saltaron cuatro de Bayones  y dos de Pereda. Como ya se sabe, cuatro más dos  son seis, lo mismo que cinco más  uno. Tres más  tres  no son seis, sino papel devuelto. De los seis sumados, el primero fue bueno en manso, el segundo de embestida fuerte, emocionante  y apretada. Los dos mejores. Pero fue bueno y claro el cuarto, con el hierro de Pereda, al que le faltó remate y cuajo. Y el quinto, bajo y de cara acucharada,  que tuvo más  nobleza que fortaleza, tampoco fue toro malo. El lote de Lancho fue el peor, sino de Guisando, de El Tiemblo, que está cerca. Uno chico de Pereda sacó toda la guasa del mundo y el sexto, otro Bayones, tuvo la fuerza medida, carencia que le impidió desarrollar su buena condición. Mirando el ganado, que dicen ahora por los tendidos llenos de nuevos y nuevas, la tarde fue de chuparse los dedos. Haciendo ruido incluso.

Salió el primero a la plaza como caminan  los perros luego de hacer caquita sin permiso en un parque. Con andares sigilosos, que no me vean o que yo no he sido.  Bajo, corto de manos, de mirada noble, a su aire de mansito. En ese caminar suelo arrolló desarmando a Picazo provocando el pánico en los nuevos y nuevas. Hombre por favor, si era porque el hombre se ponía en su camino de irse. No de mala fe. Le pegaron poco en varas, le hizo un quite por chicuelinas De Justo y el toro dejó sólo la duda de su duración o de si se iba a sujetar con celo en la muleta. Lo tuvo, mucho y bueno, claro y despacioso. Incluso en el centro del ruedo, en donde comenzó faena Picazo para sumar derechazos ligados en los que sumó buenos con tirones, ligazón y su ausencia. Al salir de la cara del toro, el de Bayones se fue a querencia y allí le embistió con la misma longitud hacia adentro que hacia fuera sin irse a la tapia. Tuvo la faena disposición, pero no el fuste ni el ajuste que pide Madrid. Al desarmarlo, un banderillero lo sacó al tercio y allí le embistió bien de nuevo por el pitón derecho. Le prendió el toro al matarlo sin herirlo. Ovación.

Tuvo el torero otro toro, el cuarto, flaquito y algo zancudo, que tomó bien capotes en banderillas y un son de toro claro y noble en la muleta. Tuvo más tino y mejor tono Picazo en éste, pero la faena apenas llegó a calar en el tendido excepto en una tanda de trazo bueno con la izquierda. Se gustó él más que gustó la faena. De ese lote al de De Justo. Superior en emoción el segundo, de Bayones, que enseñó las puntas por delante, pero que fue toro de menos cuajo. Dos veces arrolló al torero de salida, pero, de nuevo, porque quería irse y alguien se ponía en su camino. Poco picado, el toro comenzó a tomar los capotes por abajo y a la muleta llegó repitiendo, fuerte, con emoción. La faena tuvo parones, enganchones varios, y la sensación de que era el toro quien llevaba el mando. Se le avisó cuando aún estaba toreando y luego dos más mientras se quedaba el brazo atrás y reiteraba pinchazos y descabellos. Tres avisos en Madrid. Brindó la faena del quinto, toro de buena condición, pero gazapón y molesto en los primeros cites, que nunca le dejó llevar la iniciativa hasta despeñar su faena en un deslucimiento al que también, esta vez, ayudó el toro de mitad de trasteo en adelante.

Si Lancho es Macías, el mejicano, le escriben que tiene muchos Cohj Ones  tal y como se jugó la vida con el tercero, uno de Pereda de trapío escaso que le tiró cornadas y repuso el viaje con saña en el centro del ruedo una y otra vez, por uno y otro pitón. Lancho volvía a la plaza que le vio nacer (la cornada de un Palha el año pasado fue horrible) y lo hizo con ese valor en bruto que siempre tuvo. No se dosificó el fondo ni la fuerza del sexto, noble y muy a  menos, al que quiso darle mucha distancia en las primeras tandas y luego  fajarse en los adentros, antes de buena estocada.

 A estas horas de fin de crónica el cuerpo no está para un lechoncito, que es indigesto en estómago y en cartera. Cuando pase la feria habremos de ir a dar una vuelta por Guisando para ver si los toros lo son o son verracos. Y para comernos con las manos esa delicatessen de la  que se come todo pues el cerdo, cumbre hispana, todo se aprovecha. Hasta lo que queda en los dedos. Siempre y cuando no se haga ruido.

Plaza de toros de Las Ventas. Undécimo festejo de la Feria de San Isidro. Lleno en los tendidos. Se han lidiado toros de Los Bayones y José Luis Pereda (3º y 4º). Buenos primero, segundo, quinto. El más complicado, el sorteado en tercer lugar. Gabriel Picazo, ovación y ovación tras aviso; Emilio de Justo  silencio tras tres avisos y silencio e Israel Lancho, silencio y silencio. Se guardó un minuto de silencio por el 90 aniversario del fallecimiento del Rey de los Toreros, Joselito El Gallo.

 



  
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