jueves, 24 de mayo de 2012
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Crónica de C.R.V.
UNA MONEDA DE TRES CARAS

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Vídeo resumen del festejo. Madrid. 20.05.2011

Alejandro Talavante pierde la Puerta Grande con la espada en la undécima de San Isidro, en la que tanto José María Manzanares como Sebastián Castella han cortado una oreja con buena corrida de Juan Pedro Domecq-Parladé.

Tirada al aire, salió cruz. En esa posición sesteó la tarde camino del secuestro cantado. Tedio, aspereza. Argumento para el desarrollo del cardo. Cosas de la vida y de la fiesta, alguien tiró de nuevo la moneda al aire y salió cara y la fiesta regresó a su querencia de gran espectáculo. Balbuceante en la primera oreja de Castella. Un paso más en la de Manzanares, hasta llegar a la rotunda emoción de Talavante, roto y valiente, prendido e ileso. Más allá de esta simpleza de cara y cruz, o de dos caras de una tarde, se hace más compleja la lectura pues incluso en ese segundo tramo, Madrid pasó de la contemplación del muermo a la dádiva y luego a la emoción rotunda. Y para rizar el rizo de las dos caras, de la cara y la cruz, el que más puso fue el de premio menor. Talavante. Más rizo: una moneda de tres caras. Oro, plata, bronce.

 

Casi todo fue carestía en la primera moneda al aire. La corrida de Parladé/Juan Pedro comenzaba con un toro que nunca debió ser aprobado, flaco, lavado de cara, que trató de taparse por la cara en abierta y descarada cuerna. No es así. No es tampoco el tercero, toro de largo cuello y sienes estrechas, bonito para Sevilla. El resto si. Porque el segundo fue tan bonito como serio de cara, serio el cuarto, con el hierro de Juan Pedro, como el quinto, para rematarse con un Parladé de peso y volumen. Excepto el primero, de condición  buena, buena en el peto y con tres toros tan distintos como buenos: de movilidad el cuarto, de calidad el quinto y manso con poder y profundidad el sexto. Que paradoja: Juan Pedro al rescate. Y en ese rescate de la segunda mitad, tres faenas de grado creciente en peso: las de Castella, Manzanares y Talavante.

 

Narrada desde el final, asistimos al crecimiento de Talavante, arreado y roto y valiente con un toro que no enseñó prestaciones para no descolgarse de las orejas de los que le precedieron. Salió ileso el toro del peto, soltando siempre la cara, entero y fuerte. Marcó pronto querencia, querer irse, mientras Talavante le ligaba dos muletazos antes de verle la grupa, metiendo mejor la cara en los muletazos a favor de su huida. Sin aburrirse, el torero se fue a su querencia, sacando el fondo que tuvo el toro, mucho, a base de aguantar dos tandas con la mano derecha con el toro embistiendo fuerte por abajo en su distancia y, si no se acertada, soltando la cara con las molestias del manso fuerte. Estaba ya el público metido en la faena de emoción cuando surgió el toreo de poder, de ligazón, más rotundo, con dos tandas enormes por su rotundidad y largura. Mando y poder. Faena larga, abriendo al toro una vez cuando se cerró demasiado cerca de las tablas.

 

A la tercera manoletina, en el viaje hacia fuera, en corto y a contraquerencia, le prendió feo el toro por axila y pecho y cuando ya tenía el premio de la tarde, pinchó feo. Nada que ver ese torero con el de la espada. Y no mucho que ver con el que vimos en el tercero, toro bonito, ‘sevillano’ por tipo y trapío, noble y sin carbón, protestado, con el que siempre quiso con la derecha, pero no acertó siempre en temple ni expresión. Lo mismo le sucedió a Manzanares en el segundo, toro muy en tipo y de gran expresión, bueno pero de fondo justo con el que estuvo aplomado, pausado, torero. A media altura surgió un toreo a la velocidad del toro, mejor que con la mano izquierda. Toro a menos y apunte de faena.

 

Fue mejor el quinto. Mejor en todo y por eso los lances y luego los delantales tuvieron eco bueno. Bravo en varas, se gastó mucho en un puyazo, dentro de una lidia impecable de su cuadrilla, inmejorable en el trato al toro. Dos tandas con la derecha fueron marca de la casa, pero el cambio de mano, largo, lentísimo, perfecto, cambió el orden las cosas para surgir, cara y cruz, la otra cara, la del toreo al natural, el que es imposible hacer, el de lento trazo, enganche mecido, figura erguida, expresión honda. Una tanda, luego otra de menor trazo. Por un cambio de mano y esa tanda y una estocada le dieron una oreja.  Madrid premió generosamente esa calidad, luego  de haber vivido la mayoría media corrida en el horror del tedio, de la protesta de bronca. Cara y cruz o cara y cara. Quizá oreja no muy cara.

 

Como la que le dieron a Castella por una faena con altos y bajos en el buen  cuarto toro. Claro, que a esa cara de la moneda no se le añade esa forma displicente de valorar entre protestas y miaus la aspereza en los medios del primero, muy serio  de cara y muy de broma de cuerpo. Pero el cuarto, al que lanceó bien a pies juntos, le posibilitó las embestidas del triunfo en una faena que comenzó por estatuarios, una beuna tanda con la derecha dejándose venir al toro. Luego acortó terreno  y el toro le protestó, para retomar la clave con la izquierda en una buena tanda. Pero se echó de nuevo la muleta a la mano derecha para ponerse encima de los pitones. Serios pitones, Ahí cortó la oreja tras una estocada  trasera. Madrid, dadivosa. Ayer rácana con Perera. Pero que nadie olvide que estas figuras del llamado G-10 más el exiliado (Castella) se arriman, les cogen los toros, torean. Qué bien torean.

 

Plaza de toros de Las Ventas. Undécimo festejo de la Feria de San Isidro. Lleno de no hay billetes. Cuatro toros de Parladé, deslucido el primero y falto de transmisión el segundo; de buena condición y a menos el tercero y manso con poder y duración el sexto. Dos toros de Juan Pedro Domecq, el cuarto con movilidad y el quinto bravo y con clase. En general todos bien presentados a excepción del primero. Sebastián Castella, silencio y oreja; José María Manzanares, palmas y oreja yAlejandro Talavante, silencio y vuelta al ruedo tras dos avisos. Saludaron en banderillas Curro Javier en el segundo y Juan José Trujillo y Luis Blázquez en el quinto. 

 

 



  
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