UNA CABINA LLENA DE CHINOS

Los cuellos crecen. O las camisas son de la prensa pasada. No era por tanto, buen color de los primeros bronceados de sol sino de lo otro. Del riego. Ellas cada día más altas subidas a la inverosímil incomodidad de los astifinos tacones de Manolo Blahnik (esta marca me la sopló mi amiga Irene, yo ni idea). Ellos al lado de ellas, que es suficiente descripción. Corrida de la prensa, que es lo mismo que una corrida con glamour. Cuando había más carteles con figuras el glamour se repartía. Ahora llega de golpe y se mete de golpe en una tarde. Como mil chinos en una cabina de teléfono. Asfixia. Tanto arrejuntado de perfumes termina siendo olor a revuelto de ajetes. Tanto modelo caro es como una Babelia de llamadas de atención, y de teléfono, que te he visto en la tele yujuuu, que obliga a desparramar la vista. El glamour no cabe en una tarde. Habrá que decirle a la empresa que atienda a los glamurosos, que puede ahogarse o sufrir trastornos de olfato. Esta corrida de la prensa ha sido buena para la prensa rosa, para la demás es fiasco puro, muermo, que me aburro. De la quema del tedio sacamos a El Juli y dejamos a Perera y a Cayetano.
Ni un pero a los toros, esos que se traen los toreros a gusto y a modo, pues era día en cada cual se traía su glamour. Después del lío de la mañana y las vísperas de toros rechazados, El Juli hizo buen pleno con dos toros impecables, uno de La Quinta, suave y a menos y uno de Victoriano del Río, hondo bajo , armado y sin raza. Los de Perera con su trapío, sorprendió la altura de manos del de Cuvillo, que no parecía de esa marca glamorosa, y fue alto también el de El Ventorrillo, ambos de movilidad sin clase. Uno de Cayetano fue de Domingo Hernández, noble sin calidad y otro de Toros de Cortés, estrecho de sienes, con las palas cerradas hacia arriba, el asta izquierda metida hacia adentro, pelo de invierno, protestado de salida y de buen son, noble y de embestida lenta y como mejicana. Esos los toros, sin uno de pujanza o exigencias, para medir, pulsar, poner calidad. El glamour en los tiempos de crisis.
Una faena de pulso, de dosificación, redonda a no ser por el fallo con al espada: la del Juli al suave santacoloma de La Quinta, toro impecable en todo por fuera, que fue a menos, perdiendo el celo y el objeto. Antes ya le había ligado el torero tandas limpias, con la presentación de la muleta perfecta, el toque suave, enganchando y vaciando de forma limpia. Y ligada. Poco a poco el torero fue apretando las embestidas, pero aliviando al mismo tiempo en una muleta capaz. Cuando el toro se desentendió, tiró de recursos de una pedresina o un cambio de mano y dos trincheras de lujo. Quizá sobró la parte final, pues luego el toro ya no le ayudó con la espada. Mal con el acero en éste y el de Victoriano, buen mozo y bien hecho, manso y de adolescente y descastada movilidad que no le admitió ni una tanda.
Perera se va entre las dudas de su propio concepto. Aclaro. El de Cuvillo se defendió mucho de salida y así fue toda la lidia. Ni modo. El quinto, no obstante, toro zancudito de El Ventorrillo, tomó bien el muletazo primero en la inercia de la distancia para deslucirse en los pase siguientes: el segundo con la cara a media altura, el tercero como apretando. Perera le planteó faena dándole mucho espacio en el primer muletazo, pero no encontró resortes para los defectos siguientes. Así las cosas, con tropiezos, sin lucimiento, el público se puso a protestar a ver más toro. El torero estuvo mucho rato con el toro, otra cosa que no se entiende pues cuando va de no, es que no. Mucho a veces es demasiado.
El lote, sin ser de traca ni de glamour a pesar de su envase, fue el de Cayetano. Buen lote o el lote de la corrida. Blandeando y sin mucho celo ni empuje, el de Domingo Hernández se le vino al galope desde un burladero de sol hasta el opuesto. No era ese el toro, pero obedeció a los cites, tuvo movilidad, se desplazó sin calidad, y el torero vivió gran parte de la faena entre enganchones, citando por fuera, en faena protestada, sin apreturas y sin eco. Peor fue lo del sexto pues el toro, de calidad como mejicana por lo despacio de su embestida, gateando, le dejó pegar muchos pases y limpios con una y otra mano, pero los olés a coro surgieron desde la guasa de un sector del público en una faena de relieve plano. Fue toro sin emoción, pero para decir más, en éste y en el anterior. La gran masa, entre la que se encontraba todo el glamour de golpe, silenció su voluntad mientras se escuchaba el coro de la ironía nada fina. Eso en fina tarde es como feo. Pero cierto. Todo el glamour de golpe en una tarde, como mil chinos en una cabina de teléfono jugando al fútbol. El portero goleado se queja: es que me dejáis solo.
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Plaza de toros de Las Ventas. Lleno de No Hay Billetes. Toros de La Quinta, Núñez del Cuvillo, Domingo Hernández, Victoriano del Río, El Ventorrillo y Toros de Cortés. El Juli, silencio tras aviso y silencio; Miguel Ángel Perera, silencio y pitos tras aviso y Cayetano, silencio y silencio.
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