CASTELLA. ARRÊTE
Sebastián Castella. Joselito Adame. Madrid. 25.05.2011
Sebastián Castella corta una oreja en el decimosexto festejo de San Isidro de un excelente toro de Alcurrucén de nombre 'Arrestado' y Joselito Adame saluda una dos ovaciones en la tarde de su confirmación de alternativa
Un hombre corto de cuello. Se lo metieron a rosca y se pasaron. La nuez estaba a la altura del ombligo. Nunca tuvo anginas. Se constipa a la altura de la nuez, es decir, en mitad del pecho. En la camisería le temen. Le ven y echan la persiana. Los corbateros le dieron por imposible y de chico le pusieron el nosé: siempre parece encogido de hombros. Es un vecino de localidad nuevo y por un día, a juego con un amigo de expresión inverosímil. Un hombre que esconde el cuello te puede embestir. Un toro que esconde el cuello también, pero sin humillar. Los Lozano deben de ser de esta opinión pues, salvo ese hombre y el sexto, cortos de cuello no hubo más. Una hermosa y entipada corrida con un toro excepcional de nombre 'Arrestado' cayó en manos de Castella. Sobre todo en una gran mano, la derecha. El hombre de cuello corto y su amigo a juego se lo pasaron enorme con él. Y con Adame, mucho más que digno en su confirmación. Perera no sabe, no contesta en esta feria gafada. Arrestado y Castella darán que hablar. Castella. Arrêté.
El hombre corto de cuello ponía su voluntad. Pegaba la oreja. Con dificultad física por lo de no poder estirar la gaita. Para espía no vale. Lo detienen al primer pase. Detenu, en francés, o Arrêté. Como le llegaba mal lo comentado, confundía derecha e izquierda. Droit. Gauche. Y cuando se mencionaba al pedazo de toro por el nombre masculino de la vaca madre, se autoestrangulaba. Que arrestaban a Castella. ¿Et pourquoi? Se le eclipsó en la mente, pero era más sencillo. Uno de los toros de esta feria, sino el mejor, de hechuras preciosas, entipado en nuñez, estrecho de sienes, cuesta arriba, cuello largo, algo tocado de pitones. Salió metiendo la cara tan abajo como su largo cuello le permitía. Mucho. Toro declarado de intenciones, bravo, aunque saliera suelto de peto y de embestida fuerte y de gran emoción. Se iba más allá de hasta allí. Sobre todo si el hasta allí lo gesticulaba el hombre del cuello corto. Evidentemente.
La faena de Castella tuvo de todo y sobre todo, una mano, la derecha, luego de un inicio poderoso, dominando las embestidas con pases bellos por abajo, doblándose con él. Un toro, como muchos buenos de este encaste, de escasa inercia. De distancia justa, de enganche, de meter la cara antes del embroque y este, éste si, Carlos Núñez, con con un tranco de más, con dos o tres de más. Hubo dos tandas con la mano derecha ligadas y mandonas, buenas, de firmeza de piernas y brazo. Por abajo. Con la izquierda ese potencial se expresó a ratos, menos ligazón, menos poder. A esas alturas, el toro ya había limado su velocidad, pero no su tranco ni su profundidad y Castella completó una faena larga con dos muy buenas tandas con la derecha, de crujir la plaza, antes de una buena estocada. Oreja de contundencia superior a la del otro día. A un gran toro.
De la corrida, sólo el sexto fue alto y vulgar de tipo. Y en condición, bueno el primero, deslucido el lote de Perera, mansitos y a menos y el cuarto escarbador en los primeros pases, cara entre las manos, de cite muy corto, que sin embargo metió la cara muy humillado y con profundidad antes de rajarse. Castella trató siempre de provocar esa primera arrancada dificultosa que impedía el buen ritmo, pero la faena fue larga y sin posible resultado. Las exigencias del público, hombre de cuello corto incluido, van a más con las figuras y es lógico. Como se le exigió a Joselito Adame sin serlo. Aún. Mansito el primero, se fue al centro del ruedo para llamarlo de lejos por estatuarios y se fue al suelo al tropezarle el toro con los cuartos traseros. Visto y no visto porque se puso en pie en un segundo.
Con la mano derecha, sin ayuda, le enjaretó una serie muy buena y otra más. Toda la faena fue en un metro cuadrado, firme, de buen corte, trazo corto como su envergadura, con el toro sin la misma profundidad por el pitón izquierdo. Tuvo la faena nota de confirmante en actitud y cabeza y lo afeó todo con una estocada que asomó con infortunio. De mayor nota la faena al sexto. Importante. Toro alto sin humillar, escondido el cuello (aquí alguien se dio por aludido) con el que supo buscarle las vueltas con ambición, siempre con los pitones por arriba, siempre atacando. Bien el torero en esta tarde tan importante para él. Bien México en Madrid.
Lo de Perera no es asunto de cuello corto. Es asunto de dos asuntos. Que no le embiste un toro y que anda fatal con la espada. Lo primero es capaz de resolverlo. Con un toro que tendía a perder el celo, poniéndosela en la cara, ligó tandas de gran mérito. Ese desentenderse del engaño fue bueno al irse al suelo tropezado. No hizo por él el toro, le perdió de vista. El quinto se iba para regresar, es decir, se quedaba embrocado con el cuerpo del torero sin irse del todo. Perera logró soltarlo a veces antes de rajarse y de volver a pifiarla con lo que anda mal. La espada. El hombre de cuello corto se hacía signos de cruz en corto recorrido. De la frente al pecho le bastaba con mover la muñeca.
| Plaza de toros de Las Ventas. Corrida de la Prenaa. Decimosexta de San Isidro. Con lleno se lidian toros de Alcurrucén. Sebastián Castella, oreja y silencio; Miguel Ángel Perera, silencio y silencio y Joselito Adame, que confirma alternativa, ovación y ovación tras petición. A la corrida asistió Su Majestad el Rey Juan Carlos I. |