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Crónica de C.R.V.
REJONEO ERÓTICO
Yo te doy la razón, incluso al lavarte los dientes, único acto que desluce tu cara, que se te pone como la de una mula interrogada asomada a una tapia. Te doy la razón, aunque no me dejes dártela de noche, que es cuando hay que darla y te la doy en la caja de Lucio y enfrente del escaparate de Bvulgari, rezando a Dios que no abras la puerta y te vayas a los medios, tan torera, a por un relojito de nada, mi vida, que se me saltan las lágrimas, que en los chinos hay unas imitaciones del carajo. Por esas hechuras doy lo que no tengo, esencialmente razón. Luego de la razón te daría lo que tu no me dejas que te de, que no eres tan rubia tonta a la hora del embroque y bates más y mejor que Ventura. Ni una sola vez me tropiezas la montura y eso que, desesperado, en tu querencia del no, esas manos quietas, me juego la vida topacarnero. Te la doy: te llevo a los rejones, que no es como los toros aunque sea con toros, pues la gente es feliz, se abren lo que tú no me abres, las Puertas Grandes, hay risas, hay abrazos. Y hay mujeres fetén. A los rejones pues, que hoy Ventura la armó. Y gorda. Qué tío.
Me preguntas por qué salgo con cara de buey sin pasto todas las tardes de feria si esto es tan divertido. Y cómo te digo yo que esto de los caballos es otro mundo, otro mundial con goles, otro público sin el prejuicio del pico, el crúzate, sin viento, que por muy fuerte que arree los caballos no se menean. Amor. Este público es tan razonable que a las figuras les da el trato de figuras y lejos de desear su fracaso, las animan. Yo te doy la razón al ver a ese Ventura lidiar con una despaciosidad milimétrica a un toro de Los Espartales. Si, los toros que saltan las tablas, como saltaría yo deseoso de ver lo que hay detrás de la barrera de tus botones.
Te cuento. La corrida de Espartales, con el trapío justo sin que nadie protestara en este mundo feliz de rejones, estrechita de sienes como tu canal, mansurrona, fue muy suelta por el ruedo hasta el rejón de castigo, a uno por cabeza salieron. Cinco y uno de Bohórquez, de carnes más apretadas, agarrado al piso y a la querencia, como tu conmigo en lo primero y yo contigo en lo segundo. De los saltarines, el primero saltó una vez y otras ya no pudo porque le faltó lo que a mí no me falta al acosarte, voluntad y fuerza. Fue toro rajadito y de celo corto. El segundo mansito y suave, de calidad dulce. Platero en toro. Quedó muy vivo el tercero con un solo rejón, tuvo más movilidad que clase. Ya en el cuarto, un toro a menos en raza y fuerza y el quinto para llegarle mucho y aguantar lo que a ti no te gusta: que te espere y te arree en corto. Cumbre Ventura. Leonardo tirando de raza y perdiendo orejas por pinchar y Galán sobrio y elegante, a veces lánguido como una foto de James Dean. Ese que te gusta a ti tanto mirar.
Tienen estos rejoneadores unos caballos excepcionales. Mirar cómo Ventura da celo a la grupa girando en redondo y en la cara del segundo toro es como un milagro. Se ajusta tanto como tu falda a tu talle. Lo hizo con una yegua que se llama Maletilla, eso que quiero ser yo debajo de tu falda y no me dejas. Con Revuelo ya formó un revuelo al dejarse llegar el toro a un palmo para templar sus trancos despaciosos a dos pistas, metiéndose por dentro luego dejando al toro la grupa en la nariz, algo que tú me evitas . Impecable en ritmo acompasado, un son el toro, el mismo Ventura. Y con Distinto se le fue de frente de tercio a tercio, y cuando el toro se le venía, daba el caballo sentido inverso al paso, hacia atrás y le batía perfecto. Lo voy a intentar yo contigo. Reunido todo, con las cortas también y un perfecto rejonazo para rematar una faena cumbre. Cumbre, tú. Que lo sepas. Que ya lo sabes.
La faena al quinto fue distinta porque el toro fue distinto. Perogrullo. Le huyó el toro varias veces desde la portagayola (no me creas soez por la palabra) como tu haces cuando te quiero pillar a la salida del baño y jalas como distraída a por el teléfono, que no suena. Y más veces se lo hizo. Paciente Ventura, hasta lograr hacerle hierro. Fue toro de querencia marcada y en ella, en las tablas, lo hizo todo el torero a caballo con Nazarí, para calentar luego al personal con Morante, que le tiró mordiscos al toro por los adentros. Los que tú me tiras a las manos cada vez que las llevo al pan. Tuvo más popularidad esta faena que otros resortes, pero no se si todos puede cuajar a un toro tan aquerenciado.
Bien montado va también Leonardo Hernández, que le echó ciencia y, sobre todo, raza, para faenas al tercero, toro alto, que se le vino fuerte en la lidia. A dos pistas lo llevó sobre Amatista, y por dentro se metió de forma inverosímil dos veces. Arriesgó mucho, y quiso lucirse con Verdi, yendo de menos a mas. Como yo creo ir contigo. Pero mató trasero y bajo. El sexto tendió a emplazarse, como tú cuando ves venir mis intenciones. Había que llegarle mucho y lo hizo con valentía montando a Quieto, caballo para terreno corto. La tercera banderilla fue impecable con una pirueta de arrimarse a la salida del embroque. Aplomado el toro, pasó por dentro para matar al tercer intento. Era de Puerta Grande, pero no la abrió, como tu no me abres los aires de la tuya.
Galán se acopló al primero con lucidez precisa, con esa forma tan de no hacer ruido que tiene. Toro para llegarle mucho y lo hizo despacio, de frente, sobre todo con Apolo. Esa limpieza que tú me acusas de no tener la tuvo Galán en ese toro. Lo del cuarto fue diferente. Toro para provocarle primero y para meterse en su terreno después y con Ojeda lo hizo dándole siempre pecho y cara al caballo. Cansino toro de aplomada casta y faena de llegar y salir de los embroques de forma limpia. Lo pinchó una vez y hubo hemorragia en el rejonazo segundo. No gusta eso en este público de rejones tan dispuesto a vivir feliz. Por eso te doy la razón. Que en yendo a los rejones a lo mejor te contagias y me abres lo que me cierras con insistencia.
| Plaza de toros de Las Ventas. Festejo de rejones Pay Per View fuera de abono de San Isidro. Casi lleno. Cinco toros de Los Espartales, y uno de Fermín Bohórquez en sexto lugar, mansota pero buena para los rejoneadores en líneas generales. Sergio Galán, oreja y ovación; Diego Ventura, dos orejas y dos orejas; y Leonardo Hernández, silencio y ovación. |
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