Le había dado el señor presidente una oreja a Castella por una faena de mas premio. Al parecer no le dio mucha importancia a la cornada y por eso no sabía que el torero no la iba a pasear porque tenía una cita en la mesa de operaciones. Castella, firme en el centro del ruedo para despedirse respetuoso del palco, mirando arriba con el brazo levantado como en el colegio, y el presidente en diálogo con alguien a sus espaldas. Y luego, un traguito sospechoso a un vaso.
Perder el respeto a lo respetable reduce al ser humano a su condición más primaria. La falta de sensibilidad. No están los tiempos para caballerosidades ni galanterías, con tanto pillo y tanto tunante recalificado. Pero no parece lo más indicado en un palco, meter mano a un vaso o copa si no es agua pura. H2O. Y si lo es, que se muestre sin ademanes clandestinos.
Porque sino, parece copa. Y las copas, para La Carbonera y no mientras un hombre recibe una propina de 30 centímetros de heridas y sigue toreando por respeto al propio toreo. Vestido con chistera o frac o lo que sea, se puede ser tan irrespetuoso e injusto como en pelota picada. El hábito no hace al monje.
La corrida de Osborne, astifina, ofensiva y de distinto cuajo y remate, de pelaje llamativo, tenía ocupados a los mentideros por su posible condición. Pues se resume así: dos de escaso fondo y raza que se defendieron mucho, primero y segundo, uno noble muy sangrado en varas, cuarto, incierto y para hacer el esfuerzo el estrecho y muy armado quinto. Un toro de nota, el mejor de la feria, tercero y el sexto, ensabanado y cornipaso, mansote y claro en la muleta, de los que hay que ir a buscar tras el muletazo de tanto que se abría.
A Castella no le embistió ninguno de los dos por derecho, pero se ganó el derecho a ser el dueño de la tarde y uno de los amos de esta feria que pasa sin muchas noticias destacadas. Se arrimó con el primero de su lote, un toro que se paró pronto para defender con derrotes secos su falta de raza. Todo ello después de pasarlo por la espalda dos veces en el arranque de faena. Al quinto le faltó remate y le sobró cara. Un toro sin armonía de tipo, estrecho y tabloide y muy serio.
Sin apuntar mala condición pero sin entrega ni clase, llegó a la muleta con esta incertidumbre. En los medios, el torero se la puso por el pitón derecho sin dejar que le tropezara a pesar de que le costaba seguir la tela y tiraba más de una cornada al pasar. |

Tuvo una virtud, el arranque en los cites, con fijeza, un embroque deslucido y un tramo de muletazo para hacer el esfuerzo. Le pegó una cornada al intentar rematar una tanda, y, herido, sin hacer gesto alguno, estuvo mucho rato exponiendo, por uno y otro pitón, toreando, arrimándose, sacando más de lo que había, para sumar dos circulares completos citando de espaldas y matar al toro de estocada buena. Lo del hombre del frac ya está contado.
El lote fue para Jiménez. El tercero sobre todo, toro con profundidad. Uno de esos ejemplares que, desde la posición de firmes, parado, admite engancharlos, metiendo la cara antes del embroque y, tirando de él, la sigue por abajo y hasta al final. Ni por planteamiento, unas veces fuera, otras más cerrado, ni por la forma de tocar en vez de usar los vuelos de la muleta, ni por metraje, la faena fue de nota. Más bien al final, en la prórroga, hubo dos tandas donde aún se vio la profundidad, ahora cansina, del toro. Además, lo mató mal. El sexto también se dejó, sin tanta nota. Un manso de esos que se abren, pero que no se van a la tapia del todo, para buscarlo, pero que mete la cara y la sigue. A la faena de
Jiménez la sobró el voy y ahora vengo, la solemnidad de pausas, y a pesar de los rodillazos finales, un feo metisaca con el toro perdiendo las manos en el embroque, terminó de sepultar el asunto.
Fandi estuvo muy desacertado en banderillas con el que abrió plaza. En su descargo, decir que el toro se venía desde las tablas hacia fuera, pero no para reunirse con el torero, sino para refugiarse en las otras tablas. Por eso los embroques fueron pésimos. Malo el toro, descastado y a la defensiva, pero sin gastos de ánimo del torero. En realidad durante la tarde apenas hubo noticia alguna del granadino. Cubrió sin más el tercio de banderillas del cuarto, un toro que sangró muchísimo, noble, sosito, a menos por el castigo y faena pulcra, limpia, sin más. |