viernes, 10 de febrero de 2012
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Crónica de C.R.V.
LA DIETA DEL ACEITE DE OLIVA

Se apuran las dietas para entrar en el talle. Del traje gitana, lunes de farolillos, Dios mediante. Una amiga de Madrid-(de)  quiere que le valga el de hace dos años, cuando no había crisis y tenía marido con guita. Es torpe, ahora tiene todo de más, menos la leña, que es de menos. Dejó de ser excelente para ser excedente: dos años más, nueve kilos de más y un marido de más. No tiene voluntad: ni pegó el mangazo a tiempo, ni se quitó los kilos de más a tiempo. Yo le digo que la entiendo.
Es adicta al aceite de oliva con su pan baguette. Le da morbo en el paladar, a falta del otro. Me cuenta que anoche le despertó un ruido como de ladrones. Falsa alarma, era su barriga en ayunas. A Oliva Soto, de la raza del bronce y de la oliva, le despertó lo mismo. Un ruido de triunfo al compás de un toreo de embroque.

A mi amiga le hablo de la belleza del michelín según Rubens, pero no le cambio el rictus de yogur de su cara. A Oliva Soto tampoco se le va a quitar la cara de casi que se le ha quedado hoy. La vida, que es muy perra con margarina.
 
La que te comes en lugar del aceite de oliva, por ser más barata. Tulipán, le llamaban en mi tiempo. O la del aceite de colza, cuando decían que el jugo del olivar era malo y grasiento y casi palma media España. Este país ha mentido mucho con el aceite. Ni se perdía, decían, y ahora hay a miles por las aceras. No vayamos a mentir ahora con la corrida del Conde la Maza, que no fue buena, sino que mantuvo el interés. Mansurrona y a menos, complicada. Con un toro que al que le duró poco unas embestidas fuertes y otro bueno por el pintón derecho, el lote de Oliva Soto. Los demás tuvieron la bravura a dieta y el fondo sin aceite. Astifinos, altos de cruz algunos, tacaños al esfuerzo. Pero en medio de esa corrida y con el lote mejor criado, uno que torea muy poco tiró la moneda al aire. Su moneda, poco sobada por falta de oficio, técnica escasa y un embroque bello, lindo. Un embroque torero con buena actitud puede ser hasta valor. Porque reponerse del volteretón que le pegó el segundo toro al quitar por chicuelinas, a la fuerza, quiere decir que está sano y que estaba con ganas. Por cierto, que empacho de quites por chicuelinas.
 
Le brincó el toro en el capote, porque era así y porque al torero le dio igual que se le viniera cruzado. Hoy se puso a torear y punto. Tocaba. Se le vino fuerte en el inicio de la faena, él en perpendicular con el toro, sin reparar en terrenos ni en nada, desestimando la ley de fugas.  Y le ligó cinco muletazos con la mano derecha con arrebato, a la velocidad del toro, firme, componiendo. Así dos tandas. Hubo emoción de pura paradoja porque uno quería belleza, el torero, y el otro, el toro, no. A la tercera tanda se le vino abajo las burbujas al del Conde, y se abrió al final del segundo pase y el toreo ni fue a por él, se lo trajo con un oleay.
Los pitones pasaron cerca de los muslos en una faena breve porque breves fueron las oleadas del toro. Pinchazo y media estocada para una oreja no prevista. Y pudieron ser más. 
Estos toreros de dieta, que torean tan poco, cuando sacan la oliva que han mamao y comido son grandes. La intención con la que movió el capote al recibir al quinto, el inicio de faena rodilla en tierra y por abajo y los cinco pases que le ligó con la mano derecha, acompañando con estética la velocidad del toro, tuvieron también el sabor de lo que no está en el guión: el toro galopaba y el torero tiró de nuevo de actitud y firmeza. 

Fue el toro de la corrida y el momento de mandar la dieta, la técnica, el oficio y todo al carajo. Tres tandas tuvieron ese contenido, una de menos fuste con la mano izquierda, pues por ahí el toro se le vino a empellones y con la cara alta. Hubo cambios de manos y pases de macho y un breve toreo a dos manos en donde el cuerpo puso más estética que la propia muleta. Pero mató malamente. Se le olvidó el sabor del aceite de oliva y el acero fue purito Tulipán. Desde arriba, quién sabe dónde, le miró regañando y sonriente su tío Soto Vargas, caido en ese mismo albero por un pitón de la misma divisa.
 
La dieta de Urdiales se ha terminado, pero le tocó debutar en Sevilla con la del Conde. Uno muy feo que embistió sin embestir: a empellones y cabezazos, guardándose todo para sorprenderlo. Estuvo firme el torero, que se escapó de un arreón por los pelos. Se dejó más el cuarto, toro alto y largo. Más quiere decir que le permitió ponerse y buscarle la distancia, robarle una tanda buena con la derecha para tirarle un viaje a la cara cuando quiso obligarle al natural. Toro de un pase. Así lo entendió el torero, con coraje, y, de uno en uno, dándole tiempo, le robó dos tandas con la izquierda que calaron en los que han mamado el aceite de oliva. Cruzarse, colocarse, presentarla, tocar, tirar de la embestida. Bien, que el la Rioja también se toman las tostadas con su aceite.
 
La dieta de Nazaré pretendía terminarse hoy. Pero el peor toro fue el tercero. Mansurrón, con la cara por las nubes, corto el viaje, probón con la mirada y a menos. Toro amagado que hasta le tapó la salida del embroque al entrar a matar. El sexto fue un toro burraco mansurrón que, sin clase, se desplazó algo más y duró algo más. Quemó las naves Nazaré poniéndose a torear sin probar nada, con la derecha, arrebatado, intentando enganchar las embestidas con una y otra mano con más decisión que limpieza y cuando pudo llegar el reposo, el toro se había apagado. Eso tiene a veces el tener tanta hambre. Otra vez será. Se lo digo a mi amiga, que se quede en Madrid (de), que aquí hay mucha gente ya y que además, va a caer pañí. Y que los michelines tienen su cosita. No traga. Y se viene. Con ese gesto de olbran y leche desnatada en la cara. Y ahora que le digo yo. Y a Oliva Soto quien le dice qué. 
 
Real Maestranza de Caballería. Cuarta de la Feria de Abril. Media plaza. Toros de Conde de la Maza, de distinto volumen y tipología, mansos y a menos en su mayoría. De mayores prestaciones los tres últimos. El quinto, aplaudido en el arrastre, fue el mejor. Diego Urdiales, silencio tras aviso y vuelta al ruedo tras aviso; Oliva Soto, oreja y vuelta al ruedo; Antonio Nazaré, silencio en ambos  
 
 
 
  
 


  
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