ER BICHO
Me lo contaron por la mañana. Cuando amenazaba la lluvia que no cayó porque el hombre del tiempo trinca de Canorea, como todo el mundo sabe. Un chiste con sabor a cazón en adobo. Ese gitanito nuevo de edad.. Sentaito al pie de la calle y una salamandra que pasa así, plas, por la tapia de enfrente. ¡Pápa! Eso kapasao keluquées, un lugarto o una langartija? Y ese pápa que responde: los dos nombles están muy bien nomblaus, pero la palabra trénica trénica e Er Bicho. Mira por donde me acordé del chiste por la tarde, en una corrida cuya descripción trénica en morfología es Er Bicho. Y eso que muchas ganas de reir no hay, con Macías en el hule, partida la ingle. Pero la corrida se presentó de chiste malo, embistió peor que un chiste malo y mandó a un tío que se quedó quieto al Sagrado Corazón.
Er Bicho quinto, que no langartija, acapachado de cuerna negra, bajo de agujas y , cazó con una cornada fuerte a Arturo Macías. Manseó en toro de salida, se fue suelto, amagó regates y paradinhas y a la que el torero quiso quedarse quieto con la mano derecha, muleta despegada del cuerpo, le cazó encunándole y pegándole la cornada con el pitón izquierdo en ingle derecha antes de caer al suelo, lanzándole al aire de forma brutal. La muleta en el albero le hizo el quite. La antítesis de ese Bicho fueron los cuatro primeros. Para decir aquí estoy, soy gente, el mejicano se había echado el capote a la espalda en el primero, en un quite ceñido por gaoneras, y quedó con los calzones (hamacas da güeveira en portugués, según el vecino del al lado, que sabe idiomas) al aire, al rematar con una revolera. Toda la banda hecha trizas. Vino El Cejas a quedarse quieto. Chapó. Y se quedó quieto y lo pagó muy caro con una corrida que ni por presencia ni por tan lamentable mala casta o baja raza, dio a toreros y público un halo de esperanza.
Dieciséis psicólogos dicen que necesitaron los veterinarios, disiséis, para curarse la depre después de reconocer y enlotar una corrida con un primero feo de tipo, un segundo escaso, sin remate y zancudo, vareado el tercero, feo de cara el quinto y con el flequillo del invierno el cabezón sexto. El más entipado y el que medio se dejó algo hasta que le duró su poco fondo, el burraco quinto, el menos Bicho y más toro. Los cuatro primeros indolentes y sin carácter. Peligrosos en grado sumo los dos últimos, al sexto, no le libra de la trena de los marrajos ni el mismísimo Moeckel.
Chapó también para Iván Fandiño, presto a quites, firme de brazos y piernas, lances buenos y buena media al tercero de la corrida, con el que se puso firme y cruzado, los pies de las zapatillas siempre con las puntas palante, asentadas en el suelo. Pero ni éste ni los tres primeros la empujaron una vez por derecho, porque se vinieron rebotados, pegando derrotes, para terminar pegados al albero. Mucho coraje en la forma de ponerse frente al más peligroso, el sexto, que pudo herirlo más de una vez. Le deben una tarde, que esta no ha sido. Y Serafín Marín, que al menos pudo pegarle dos pases con la derecha y tres con la izquierda al burraco entipado cuarto, que duró muy poco, pero que fue toro en hechuras y forma de moverse. Esfuerzo, querer. Como quiso Macías, con ese inicio de faena al segundo, consintiendo que le llegara desde cerca en un pase por la espalda ceñido antes de que el toro se le viniera golpeando por arriba y pisando la muleta por abajo. Nada que objetar, mucho para reconocer.
Sólo Sevilla, en preferia, con los cabales en los tendidos, es capaz de pasar dos horas sin perder los papeles, sentada en su paciente sabiduría de ver toros y toreros. Se callan. Y dejan lo bueno para el final. Cuando se van despacito, en corros de largue gracioso o no tan gracioso por las callejuelas de esa historia en la que se respira ingenio. Sevilla te provoca ser mangón. No como el hombre del tiempo, que ya se sabe, le tiene trincao Canorea con unas monterías a cambio de anticiclones sospechosos. Mangón de oído. ¿Tú sabe er del campeonato de cruses?
Ese veterinario de Jyuston que dise: nosotro hemos crusao de verdá un serdo con un hipopótamo y nos da jamones de tresiento kilos. Osú. Mu bien. Y er de Alemania al quite: nosotros el cruse lo hisimos con una vaca y un elefante y da una tonelada de leche al mé. Osú. Mu bien. Y er de Lepe, ayudante de veterinario: pue yo mimmo hise el cruse de una ladilla con una luciérnaga y tengo los cohone como el real de la feria. Y es que tanto cruce y tanta ética teórica sobre el toreo y el toro, suele dar despropósitos del tamaño del Portal de la Feria.
| Real Maestranza de Caballería. Quinta de la Feria de Abril. Media plaza. Toros de Palha, muy desiguales de presencia, con lagunos ejemplares impropios de esta plaza, descastados y muy deslucidos. Quinto y sexto además tuvieron peligro. Serafín Marín, silencio en ambos; Arturo Macías, silencio tras aviso en el único que mató; Iván Fandiño, silencio en su lote. La corrida comenzó con 15 minutos de retraso para que los operarios retirasen la lona que protegía el ruedo. |