viernes, 25 de julio de 2014
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Crónica de C.R.V.
TATUARSE UN EURO

Han hecho una encuesta de la que no se puede publicar su resultado.  La han prohibido Rajoy y la Santa Sede. Por el lugar. Apartado general:  ¿han cambiado los españoles de hábitos con esta ruina que llevamos en todo lo alto? Sección particular: ¿en los motivos en los tatuajes?. Un 14 por ciento se iba a tatuar y no lo hace por estar cani. Un 17 por ciento se tatuaría un ‘me cago en la Merkel y todas sus mulas’, pero de esos tatoos no hay.  En  letras chinas sí, pero se entiende mal.  Un 47% manifiesta que se va a tatuar un Euro. Para verlo crecer. El lugar donde crece, no se menta. El resto sí sabe, pero contesta.  Por prudencia. Como los  encuestados  a pie de plaza, recién terminada la corrida. Se tatuarían un dedo: asín. En la misma parte creciente, para verlo crecer.  Qué ruina más grande. Lunes de alumbrado. Tres cuartos de entrada.  Encuesta a pie de plaza: la corrida de Daniel Ruiz,  que no, pero depende. Los toreros que si, pero depende.

La Santa Sede le echa la culpa al maligno de todas las crisis, incluida la de fe y misa. El maligno a veces lleva un susurrante canal en el pecho a juego con las pestañas. Normal. Rajoy culpa al de atrás, el Zapatero. Los toreros a los toros. Los toros a los toreros no, porque no entran en la encuesta. Esto es así. Pero depende.

De la corrida de Daniel Ruiz, floja, con tres toros de crisis en trapío, lo que no tenían los tres primeros, y tres mejor presentados. La fuerza y el fondo, en crisis. Pero con la que está cayendo , el lote de Cayetano es bueno. Y uno de Castella casi bueno. Y el resultado fue una corrida-ruina de metraje largo como la cola del INEM.  Ya lo dijo un aficionao del otro lado del puente. ‘Yo de estas tardes me quedo con la entrada. Y la enmarco.  Debajo le pongo una leyenda:  no eres primo ni ná, Manué’.

Tuvo la tarde momentos de derroche en la escasez. El de los toreros machos. A porta gayola se fue Cayetano a recibir a su primero, despacito y torero, arrastrando albero con el capote. Y se ciñó de verdad en la salida, al pie mismo de la segunda raya, para luego ligar cuatro lances y una media. Eso y un pedazo de estocada para despachar a un toro despagado del suelo, estrecho de sienes, que tuvo movilidad dentro de su escasez, y que fue mimado en varas.  La faena tuvo la virtud de acoplarse a la velocidad del toro, pero abriendo las embestidas por fuera con las dos manos. Compuesto y templado, en líneas paralelas. Hasta que el toro bajó el fuelle definitivamente. Tras el espadazo y  el recuerdo de la puerta chiqueros, fue ovacionado sin reproche de derroche.

Tuvo mucha calidad el quinto, toro bien construido, serio. Uno de esos toros que Madrid lo pondría bajo sospecha por su buen tranco, pero que Sevilla espera y ve. Un inicio variado de faena, tuvo la lucidez de un cambio de mano y uno de pecho que sería lo mejor de lo que vendría pues, después de una tanda ligada con la derecha, le tropezó la muleta al final y con la izquierda los pases surgieron de uno en uno. Toro de pases medidos, cierto, pero suficientes en esta plaza, que admite, canta y goza, con o sin crisis, con 20 de categoría. Y se evita el dolor de tatuarse ahí. Para qué más. Con todos los defectos del de Daniel Ruiz,  la faena se vino abajo antes que el toro.

Otro de los toros fue el cuarto, protestado por la misma crisis, la de la fuerza. Y el fondo. Fue Castella a brindar y Manué y sus paisanos, el público, se molestaron y el torero dejó la montera en el albero como se deja un euro cuando sobra. Lo afianzó bien con la mano derecha. A su altura y en línea, ligando las tandas sin apretar hasta que lo obligó y entonces sucedió que cuando no hay, pues no hay. Fondo. Volvimos a ver el pase de la tortilla (aquí sería fácil hacer el chiste por nacionalidad) cuando se le detuvo el toro y hubo de sacar la franela por el otro costado. Ese rato del toro fue lo que pudo aprovechar Castella de la tarde. Y resume lo mejor de esta corrida de espectáculo  en ruina. Un sobrero de Parladé, primero bis, terciadito, se agarró al piso pronto. El tercero bis, de Montealto, sacó su guasa en la lidia y en la muleta de Luque. Y el que cerró plaza tuvo movilidad cogida con hilos hasta que los hilos se rompieron: dos tandas de humillada embestida hasta que se puso a protestar, topando.  La encuesta a pie de plaza es plural, unos en su madre. Otros en su padre. El maligno. Zapatero. La Merkel. Pero la encuesta reveladora, la que interroga sobre el  transcendental cambio de hábito en los tatuajes ahí queda. Sin publicar. Un 47 por ciento se tatuaría allí mismo un euro. Para verlo crecer.  Otra cosa es que crezca.

Plaza de toros de La Maestranza. Undécima de la Feria de Abril. Tres cuartos de plaza. Tarde agradable. Toros de Daniel Ruiz, en conjunto de poca duración y transmisión. Destacó el quinto, con matices el cuarto. Un sobrero de Parladé (1º) y otro de Montealto (3º). Sebastián Castella, silencio y ovación; Cayetano, ovación y silencio tras aviso y Daniel Luque, silencio y silencio. José Antonio Carretero saludó tras parear al segundo.

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Han hecho una encuesta de la que no se puede publicar su resultado.  La ha prohibido Rajoy y la Santa Sede. Por el lugar. Apartado general:  ¿han cambiado los españoles de hábitos con esta ruina que llevamos en todo lo alto? Sección particular: ¿en los motivos en los tatuajes?. Un 14 por ciento se iba a tatuar y no lo hace por estar cani. Un 17 por ciento se tatuaría un 'me cago en la Merckel y todas sus mulas', pero de esos tatoos no hay.  En  letras chinas si, pero se entiende mal.  Un 47% manifiesta que se va a tatuar un Euro. Para verlo crecer.  El lugar donde crece,  no se menta.  El resto si sabe, pero contesta.  Por prudencia. Como los  encuestados  a pie de plaza, recién terminada la corrida. Se tatuarían un dedo : asín. En la misma parte creciente,  para verlo crecer.  Que ruina más grande. Lunes de alumbrado. Tres cuartos de entrada.  Encuesta a pie de plaza: la Corrida de Daniel Ruiz,  que no, pero depende. Los toreos que si, pero depende.

La Santa Sede le echa la culpa al maligno de todas las crisis, incluida la de fe y misa. El maligno a veces lleva un susurrante canal en el pecho a juego con las pestañas. Normal. Rajoy  culpa al de atrás, el Zapatero. Los toreros a los toros. Los toros a los toreros no, porque no entran en la encuesta. Esto es así. Pero depende. De la corrida de Daniel Ruiz, floja, con tres toros de crisis en trapío,  lo que no tenían los tres primeros,  y tres mejor presentados. La fuerza y el fondo, en crisis. Pero con la que está cayendo , el lote de Cayetano es bueno. Y uno de Castella casi bueno. Y el resultado fue una corrida-ruina de metraje largo como la cola del INEM.  Ya lo dijo un aficionao del otro lado del puente. 'Yo de estas tardes me quedo con la entrada. Y la enmarco.  Debajo le pongo una leyenda:  'no eres primo ni ná. Manué'.

Tuvo la tarde momentos de derroche en la escasez. El de los toreros machos. A porta gayola se fue Cayetano a recibir a su primero, despacito y toreo, arrastrando albero con el capote. Y se ciñó de verdad en la salida, al pie mismo de la segunda raya, para luego ligar cuatro lance y una media. Eso y un pedazo de estocada para despachar a un toro despagado del suelo, estrecho de sienes, que tuvo movilidad dentro de su escasez, y que fue mimado en varas.  La faena tuvo la virtud de acoplarse a la velocidad del toro , pero abriendo las embestidas por fuera con las dos manos. Compuesto y templado, en líneas paralelas.  Hasta que el toro bajó el fuelle definitivamente. Tras el espadazo y  el recuerdo de la puerta Chiqueros, fue ovacionado sin reproche de derroche.

Tuvo mucha calidad el quinto, toro bien construido, serio. Uno de esos toros que Madrid lo pondría bajo sospecha por su buen tranco, pero que Sevilla espera y ve. Un inicio variado de faena, tuco la lucidez de un cambio de mano y uno de pecho que sería lo mejor de lo que vendría pues, después de una tanda ligada con la derecha, le tropezó la muleta al final y con la izquierda los pases surgieron de uno en uno. Toro de pases medidos, cierto, pero suficientes en esta plaza, que admite, canta y goza , con o sin crisis,  con 20 de categoría. Y se evita el dolor de tatuarse ahí.  Para que más. Con todos los defectos del de Daniel Ruiz,  la faena se vino abajo antes que el toro.

Otro de los toros fue el cuarto, protestado por la misma crisis, la de la fuerza. Y el fondo. Fue Castella a brindar y Manué y sus paisanos , el público, se molestó y el torero dejó la montera en el albero como se deja un euro cuando sobra. Lo afianzó bien con la mano derecha. A su altura y en línea, ligando las tandas sin apretar hasta que lo obligó y entonces sucedió que cuando no hay, pues no hay. Fondo. Volvimos a ver el pase de la tortilla (aquí sería fácil hacer el chiste por nacionalidad) cuando se le detuvo el toro y hubo de sacar la franela por el otro costado. Ese rato del toro fue lo que pudo aprovechar Castella de la tarde. Y resume lo mejor de esta corrida de espectáculo  en ruina. Un sobrero de Parladé, primero bis, terciadito, se agarró al piso pronto. El tercero bis, de Montealto, sacó su guasa en la lidia y en la muleta de Luque. Y el que cerró plaza tuvo movilidad cogida con hilos hasta que los hilos se rompieron: dos tandas de humillada embestida hasta que se puso a protestar, topando.  La encuesta a pie de plaza es plural, unos en su madre. Otros en su padre. El maligno. Zapatero. La Merckel. Pero la  encuesta  reveladora, la que interroga sobre el  transcendental cambio de hábito en los tatuajes ahí queda. Sin publicar. Un 47 por ciento se tatuaría allí mismo un euro. Para verlo crecer.  Otra cosa es que crezca.

Plaza de toros de La Maestranza. Undécima de la Feria de Abril. Tres cuartos de plaza. Tarde agradable. Toros de Daniel Ruiz, en conjunto de poca duración y transmisión. Destacó el quinto, con matices el cuarto. Un sobrero de Parladé (1º) y otro de Montealto (3º). Sebastián Castella, silencio y ovación; Cayetano, ovación y silencio tras aviso y Daniel Luque, silencio y silencio. José Antonio Carretero saludó tras parear al segundo.

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