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Crónica de C.R.V.
INGRESOS ATÍPICOS
El secreto está en los atípicos. Qué sería del toreo sin los ingresos atípicos. La rifa del jamón de toda la vida. La rifa es la de siempre. Se inventó al mismo tiempo que el hilo negro. El jamón puede ser de entonces, porque se parece al del año pasado de otros pueblos de la sierra. Es broma. Pero anda que no. Todo está inventado ya en los atípicos de un toreo y un país que se resquebraja por el euro alemán, porque el euro es alemán y el toreo y la rifa, made in Spain. Estamos tan mal, que regresar a la tómbola del jamón es un atípico contra el inmovilismo. Por ejemplo el de la corrida, cinqueña y lujosa por fuera, grande, de la empresa y propiedad de este coso cubierto, de Antonio San Román. Tan impecable como mal. Peor aún por ser el debut del año para la terna de artistas del que sale con fe Morenito. Iván Vicente herido tras una fea voltereta y Leandro diciendo qué rifas hago yo aquí. Darse con un canto en los dientes, pues esta feria se da de milagro y otras no van a tener milagro ni rifa atípica que las salve.
Ese hombre con su jamón a cuestas, como un costalero de Semana Santa lo trata. Se para y nadie le echa cuenta: ni una saeta, ni un buenas tardes nosdedios. Hacen muy malamente porque este país regresa a la tómbola y a los coches chocones y al jabón lagarto y la achicoria calentita. A favor del costalero, que no había apreturas al caminar. Y esa corrida grande y seria y cinqueña que se empeñó en el oficio de carpintería al buscar tablas prontito. El lote de Iván Vicente de forma clara, sin andarse con rodeos. El primero se fue a la tapia y se negó a pasar antes y después de una fea voltereta. Lo tuvo el toro a merced, a una cuarta de los pitones. Puso voluntad el torero, una y otra vez, rifándose lo que no rifaba el del jamón. Una mascá seria. Luego se puso el toro feo para entrarle con la espada, como casi toda la corrida. Se fue a la enfermería, pero salió para lidiar al cuarto, aunque a la hora de esta crónica era operado en el Puerta de Hierro de Madrid.
Ése y el burraco cuarto fueron los de más querencia. Vicente le dio los medios y allí arrollaba sin obedecer, en el tercio se tragaba el de para adentro y en las tablas ninguno. Siendo mal lote, fue más pacífico que el de Leandro, que pasó una tarde de procesión. Como no se emplearon en varas llegaron enteros a la muleta. El segundo con fondo por sacar, de temperamento y alguna tanda le sacó el de Valladolid, ciudad de severas procesiones. El quinto sacó su genio, hizo hilo por adentro y el torero dijo no a la coba por eso de la rifa. Que las rifas las carga el diablo.
Unos lances buenos de Morenito de Aranda tuvieron hasta al del jamón. Buen mecer del capote, dijo el rifador con la mirada. Y de mecer el sí que sabe. Luego el toro fue tan a menos que pasó cortito y con la cara por arriba en una faena de torero compuesto. Nada más. El sexto fue largo, fino de cabos y serio, que soltó la cara feamente en las tres primeras tandas rifando derrotes. Estuvo firme el torero, y hasta pareció que el toro asentía al pasar una y otra vez. Lo mató decentemente el torero, de media algo caída en una faena de oreja, máxime en Valdemorillo. Pero el presi dijo nones, que esto no es una rifa, que es la ciudad de San Blas. Una rifa. Eso. Vivan los atípicos de toda la vida. Qué bonito es a veces regresar al pasado. Y no pregunten a quien le tocó el jamón. Es de mala educación.
| Plaza de toros de Valdemorillo. Tercera de la Feria de San Blas. Algo menos de media plaza. Toros de Antonio San Román, bien presentados pero faltos de raza y casta. Los seis fueron pitados en el arrastre. Iván Vicente, ovación y aplausos; Leandro, silencio tras aviso y silencio y Morenito de Aranda, silencio tras aviso y vuelta al ruedo tras petición. |

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