mundotoro.com - 06 de abril de 2010 - 'Resurrección y cuarentena'
Hay dos victoriosos, uno al otro lado y una cuarentena. El Domingo de Pascua Castella apretó firme al lado y por todos los lados de José Tomás en el día de otra victoria, la de El Tato. Lo de Sevilla fueron dos cuestiones de los del arte; los del otro lado, Morante, Manzanares; y en Madrid, Luque entró en cuarentena. Hubo más Pascua. La de El Juli, que no tuvo Resurrección dominical sino otra obra maestra en Arles, donde parece que Tejela resucitó fuera de tiempo, el lunes. Cuando se supone que el cuerpo del Cristo ya se estaba apareciendo a los apóstoles. Por los caminos.
Los caminos del toro que se está lidiando no ponen a casi nadie de acuerdo pues, denostados los hierros denominados comerciales, los toristas, que son otro comercio, petardearon a lo grande en una corrida Concurso, la de Arles. Habrá que buscar en el punto intermedio o reconocer que, por ejemplo, los toros del Domingo de Pascua en Madrid acaso hasta fueron una buena corrida. Sevilla, y luego Madrid, nos esperan. Cuidado con el toro, no se vaya a poner el listón por abajo.
Hubo dos corridas en el sábado de pre-resurrección. Una fantasma y otra picassiana. La última se dio sin mucho arte en Málaga y la otra ni se dio, porque alguien se acogió al Reglamento para hacer el vándalo. Los Reglamentos no son las Tablas de la Ley, pero dan mucho margen para actuar como un bandolero si se quiere. La lectura que los de siempre hacen de la suspensión de esta corrida es que Ponce, Cayetano y Venegas, que no pudo tomar la alternativa, no sorteaban los toros. O sea, que los fuertes imponían sus toros y el débil tragaba. Es decir, que en Madrid en la corrida de la Prensa alguno va a tragar, que en Olivenza tragaron… Este chiste de mentecatos se cae por dos pies.
Uno, porque el apoderado del torero que iba a tomar la alternativa llegó a publicar con orgullo la foto del toro de la ceremonia en una revista días antes. Otra, porque el festejo tenía todos los permisos de Gobernación y Junta. Ergo, si se dieron los permisos, se supone que la autoridad no sospechó nada, pero alguien sospechó luego. Sospechar luego es prevaricar. Pero, solucionado el problema y aceptándose el sorteo, se lanzó el mensaje de que se trajo una gatada. Pero el que dice que era una gatada aprobó siete. Ni cinco ni seis, siete. El número del recochineo. Y como sabía que el sobrero restante, el número ocho, iba a llegar fuera de plazo, se rió de todos, hizo venir al camión tras localizar en la noche del Viernes Santo a vaqueros, camioneros, se desplazaron los autobuses con aficionados de varios pueblos, etc… Y a la una de la tarde, suspensión.
En Málaga, en el mismo país, misma Comunidad Autónoma y mismo Reglamento, se sorteó a las tres y media. En Jaén se hubiera sorteado un poco antes. Es decir, que lo que se puede hacer en Málaga no se puede hacer en Jaén. Y en esa plaza, todo el mundo compuesto, sin novia y con una suma de costes y gastos que nadie va a pagar. Y el presidente, a tomarse unos vinos a la una. Si pensaba que los toros eran una gatada, no tuvo el valor de rechazarlos. Si sabía que el sobrero no llegaba a la una, no tuvo la deferencia de esperarlo. Luego de los vinos, a la procesión. Sale en dos. En el sábado previo al Domingo de Resurrección. Y en el de la borriquita.