mundotoro.com - 13 de enero de 2009-
Este año tiene que ser un año de esfuerzo. Por cuestiones obvias de crisis. Y el toreo está acostumbrado al esfuerzo. En realidad el toreo es, en gran medida, esfuerzo. Porque la crisis no puede ser el aval para el lamento y el llanto prolongado. Ni tampoco una excusa para el estraperlismo taurino. Los hay que, siendo menos damnificados por ella ya están lanzando mensajes de precariedad: tienen el collar del perro antes de tener el perro. Para algunas plazas la crisis será un leve roce, pero se mandan ya mensajes de rebajas. Y no es justo. Es año de esfuerzos de todos. Y de generosidad de todos.
Nadie debe de intentar hacer su agosto bajo el manto de la crisis. Y nadie debe de esconder nada bajo la manga: hay que mostrarse, ayudar, apoyar. Visto el papel de las administraciones, que no han movido un dedo por el toreo en este año de horror económico, hay que tirar por la calle del medio, es decir, por la calle de lo razonable y exigir y practicar la reducción de festejos. Los que ya sobraban antes y los más que sobran ahora. Y dar calidad, mucha calidad. Para no perder comba, para mantener esperanza. Cerrar filas bajo la bandera de la calidad puede ser una gran medida.
Y utilizar la imagen del toreo. Sabemos que los toreros son generosos y sabemos de su entrega en las plazas, pero aún queda la batalla fuera de ella. La de la imagen. Lamentamos que figuras como José Tomás pongan por delante del interés del toreo y su imagen, sus legítimos intereses de imagen y/o económicos. Lo lamentamos siempre que una figura dice no rotundo. No en ningún caso. Como lamentamos la serie de festejos televisados sin ton ni son, sin orden ni concierto y sin grandeza. Todos los extremos se juntan.