mundotoro.com - 18 de noviembre de 2008
Los toros en Cataluña están prohibidos. No de forma literal, pero si de facto. El artículo 6 de la Ley Catalana de Protección de los Animales (4 de marzo de 1988), reformado hace un par de años, excluye a las corridas de toros de las prohibiciones por maltrato. Cierto. Pero una exclusión absolutamente prohibitiva. Textualmente, y desde hace un par de años, en Cataluña la fiesta no está prohibida. "…en las localidades donde, a la fecha de entrada en vigor de la Ley 3/1988, de 4 de marzo, de protección de los animales, hubieran plazas construidas para su celebración, a las que debe prohibirse el acceso a las personas menores de catorce años."
Es decir, que hoy, sin esperar al desenlace de la nueva votación en el Parlamento catalán para modificar la Ley protectora de animales prohibiendo explícitamente el festejo de toros, sólo se pueden programar corridas en las plazas de obra existentes. Hay una ecuación perversa en la actual "permisividad" de las corridas en Cataluña, la siguiente: corridas igual a plazas construidas. Ladrillo igual a toros. Pero, ¿de quién es la propiedad del ladrillo de las plazas en Cataluña?
Si las plazas son de propiedad pública, nada impide que no se den corridas. O no salen a concurso, o se reciclan, o se tiran y se construye en el solar. Y jamás habrá toros. Quedaría, sin embargo, el problema de Barcelona: plaza de propiedad privada que tiene derecho a las corridas de toros. No existe ninguna manifestación de la actual propiedad afirmando que los toros en esa plaza tendrán continuidad sine die. Es más, aún no se ha manifestado nadie que niegue la certeza o falsedad sobre el cambio de propiedad (de manos privadas actuales a manos públicas) en un futuro a corto plazo.
Podemos jugar a los engaños, pero, una mirada a las ESTADÍSTICAS indican que desde hace tres años, solo se celebran festejos en Barcelona. Que desde la declaración de esta ciudad como municipio antitaurino (año 2004), la curva de la celebración de festejos ha caído en picado. De 49 festejos de entonces, a los 16 de este año. En 2004 la provincia de Gerona dio 16 festejos y 10 se celebraron en Tarragona. Eso fue antes de ayer. Hoy, 2008, con José Tomás, se celebraron 16 festejos. Y sólo abrió sus puertas la Monumental.
El texto actual de esta Ley Protectora de Animales está estudiado al máximo. En Francia, una ley similar `permite las corridas de toros en los lugares "tradicionales", término que han evitado los legisladores catalanes sustituyéndolos por el requisito de "plazas construidas", sabedores de que un recinto es algo perecedero y manipulable (sobre todo si la propiedad es pública) mientras que el "derecho del ciudadano a la tradición" algo que se traslada y se hereda por y para las generaciones siguientes. Es decir, que la fiesta de toros en Cataluña está prohibida a la espera de que las plazas construidas desaparezcan.
Estamos ante la estrategia abolicionista más taimada de la democracia. ¿Por qué razón? . Hablemos alto y claro: porque hay un chiringuito político de cierto sector nacionalista que necesita la abolición de los toros como arma de ética diferenciadora catalana frente al " españolismo ". Una clase política que ha tejido una tela de araña en la que el fin del bilingüismo, la educación dirigida y la abolición de los toros, son sólo una suma de discursos para un plan "catalanista". En el resto de España la clase política admite la abolición sin pestañear y los taurinos se han mostrado incapaces de frenar la prohibición.
Las críticas absurdas, fuera de tono y hasta insultantes que este medio ha recibido tras la publicación del EDITORIAL ANTERIOR, son de un cinismo, prepotencia y fanfarronería de matones impropios de un sistema democrático. Nadie puede negar los hechos: imperialistas del siglo XIX, nazis (tas) y marxistas fueron quienes más y más afondo legislaron sobre la protección de los animales. Y nadie puede negar que este hilo conductor histórico ya ha sido analizado por intelectuales y sociólogos como la "estética diferencial de los seres superiores". Nadie puede negar los hechos. Ni siquiera desde el poder político.