mundotoro.com - 20 de abril de 2010 - 'La velocidad cero'
Dos por encima y de forma clara. De un lado El Juli, del otro Morante. Simplificando: uno de valor y otro de arte. Pero sólo simplificando y, el toreo, es cualquier cosa menos simplismo. Hay mucho valor en Morante y arte en El Juli. Esta afirmación provocará la media sonrisa de la ironía en aquellos que hace mucho dibujaron con una tiza una raya divisoria (arte/valor). La línea se trazó hace más de un siglo y medio. Es decir, caducó hace mucho tiempo y se borró gracias a otro arte natural, el de la evolución de las formas de torear. La evolución del toreo. Quien piense que el toreo debe de ser y es y será y cabe en dos establos, el del valor y el del arte, tiene el reloj detenido. El de arena.
Hay en Morante valor. Pero no ese valor que puede nacer de las tardes de arrebato, ése que sale de barriga, de entre las tripas. Eso no es valor, eso es raza, ira, coraje. No. En Morante hay una técnica aprendida y asimilada. Y puesta en práctica. Hay mucho visto, mucho analizado, mucho toreo de salón… Terrenos, cites, toques, enganchar, vaciar, andarle a los toros y caminarle a los toros,… hay mucha solidez aprendida que, por tenerla, aumenta, hace posible, anima a esa otra cosa que lleva en el ADN, su arte, su forma, su genio. Por eso es capaz de hacer una faena a un toro malo sin perder sus formas estéticas. Con todo, menos con la espada es Morante un torero de arte innato y arte aprendido.
Luego El Juli. Valor, raza… No. Mucho más allá. Primero, le aporta al toreo lo que tienen los toreros muy grandes: torear, hacer la lidia a favor de las condiciones del toro. Eso es un arte. Lo tienen los grandes. Se puede ser capaz de torear muy bien o igual o parecido, pero si las estructuras de la lidia están erradas, un toro te puede durar un suspiro o violentarse o pararse. Eso es arte. Pero es arte la profundidad. El toreo por abajo de toques sutiles en los enganches y arte en marcar ritmos, dibujar trazos, hacer que las embestidas puedan ser más despaciosas. Y en los manejos de los vuelos, con capote y muleta, torear con los vuelos. Es arte. Y para ese arte hay que tener mucho valor. Mucho.
Los toreros que piensen que son distintos, que se compren un capote de vueltas azules y se aflamenquen, los que están muy contentos por haberse conocido con su porte y su apostura y los aficionados que sigan ese compás, se están quedando atrás. Eso es pingüí, no es arte. Y los toreros que se la pasan roneando de valor con las inercias de los toros, viene va, va y viene, pues también se les para el reloj. Sucede que a estos dos tipos de toreros en los que se pretende cortar el toreo, les cuesta mucho torear a toro parado. Enganchar las embestidas. ¿No será más cierto que hay otras dos clases de toreros en un paso adelante de esta evolución sin fin? Los hay: los que se desenvuelven bien en la movilidad, en las inercias de los toros y los que son capaces de hacer el toreo desde la velocidad cero. Los que se colocan, la ponen, citan, enganchan, trasladan, ligan… a toro detenido, los que desde el embroque prolongan y dicen y hacen el toreo. Son de arte y son de valor.