mundotoro.com - 27 de abril de 2010 - 'No se puede dejar al azar una herida abierta'
Media hora. Eso dicen que duró la cima del drama en Aguascalientes. En medio de ese caos que conforman la suma de las angustias, los miedos, la ayuda que sirve y que entorpece, y la curiosidad. Ver ese traslado a puñados de gentes con el corazón alterado desde el ruedo, por un callejón angosto repleto de otras gentes, esas escaleras de canal estrecho y empinado y todo lo que hemos visto y, sobre todo, lo que no hemos visto, porque sólo lo vio José Tomás, nos debe de ayudar a una profunda reflexión: la seguridad de los toreros. La gran asignatura pendiente de esta fiesta grande que se pone en marcha día tras día sin la seguridad de que su estructura sanitaria y clínica está perfectamente alerta y en pie de guerra.
Que nadie piense que hablamos de México por sus posibles carencias. Sería injusto y sería faltar a la verdad de lo real, porque en todas partes nos cuecen las mismas habas. Hablamos de dos cosas: de la competencia estructural de la sanidad de prevención y urgencia de este espectáculo, y de la gestión de las carreras de los grandes toreros. Sobre el primer punto, hay que afirmar que estamos ante una sanidad de urgencia. Por tanto, una sanidad preventiva en medios, humanos y técnicos o de material. Es esencial que exista una organización de estos medios que tengan tal coordinación previsible, que, a la hora del suceso, se muevan como un ejército perfecto. Que no falte un mínimo y esencial medio técnico ni humano y que se sepan mover, trasladar, evacuar.
Cada vez que suceden dramas como el de José Tomás, nos llegamos al mismo punto de reflexión. No hace falta hurgar en la herida ni acusar a la enfermería de Aguascalientes, una gran feria, para delimitar carencias. Porque es lo habitual. Es tan habitual que se juega con el azar, con los rezos a Dios, con la suerte, con tantas cosas irracionales que dejan las heridas en manos de cómo caiga la moneda. Exceptuando plazas de gran relevancia, la queja de los profesionales es la misma.
Pero aquí entra en juego el segundo punto. La gestión de la carrera de una figura, sea quien sea, cuyos presupuestos anuales son grandes. Días, semanas, discusiones, conversaciones, tratos, exigencias,…para una corrida, un lote de toros, un solo toro, un cartel, una fecha…Pero, ¿quién de entre todos los gestores de los toreros hacen ese trabajo silencioso y absolutamente necesario de saber que hay en las enfermerías, con qué se cuenta en esa sanidad de urgencia preventiva? Ninguno. Y esta respuesta deja a esos héroes de carne y hueso en manos del gran azar de la moneda al aire. Y cada que vez que nos llega este suceso de drama y dolor, sobrevienen las mismas quejas de lógica. Las que jamás deberían aparecer. Dejamos al héroe irse a los medios con un trapo en medio del viento, sabemos que lo va a hacer y, sin embargo, no somos conscientes de que en ese ponerse se esconde el drama. Si un torero asume el riesgo, ¿cómo es posible que antes no se haya analizado la posible cura de las consecuencias del riesgo?
El toreo necesita ya mismo salir del siglo pasado en su estructura de urgencia sanitaria y en la gestión de los toreros. Porque no se puede dejar al azar de manos con pericia una herida abierta. Porque es inconcebible que, a estas alturas, una estrella del toreo haga el paseillo sin que nadie se haya preocupado de guardarle las espaldas. Ni a él ni al banderillero que menos toree. Los responsables de las carreras de los toreros se ocupan de cosas importantes, sin duda, en la carrera de un torero, pero dejan de la lado aquello que es primario. La seguridad sanitaria. Paradójicamente un presidente puede suspender una corrida por causas esotéricas. Aun no se conoce una suspensión por el sentido común de la ausencia de medios sanitarios.