mundotoro.com-29 de marzo de 2010- 'El silencio de Madrid'
Hay un evidente silencio sobre el contenido de los carteles de San Isidro. No se sabe si no se opina porque gustan, o porque no gustan, o porque da igual que gusten o no gusten. No opinar porque gusten es una buena razón. Denota muy mal gusto, pero es muy lícito. Aunque nadie alza la mano para decir que le gustan, excepto Pedro Gómez Ballesteros, que vive con la mano alzada para decir que son muy buenos desde el diez de enero, aproximadamente, demostrando que la estulticia se entrena. A los que no les gustan les basta con encogerse de hombros. Lo que es preocupante es que no se opine porque da igual. Que de igual opinar y que de igual que los carteles de San isidro y colaterales sean malos o buenos es un grave problema. Si nos quitamos la careta y se habla por derecho, estamos ante un grave problema de ninguneo, de desidia, de que nos da igual todo. Nos basta con que haya, aunque el haya sea de plástico. 
Digamos la verdad. La feria de San Isidro y las corridas pegadas al mismo tienen una razón de ser: dar cobertura económica a la temporada de Madrid. Es decir, pagar los mil millones de canon a la Comunidad, formar parte de las ofertas a la tercera edad de la misma, pagar los gastos generales, pagar los festejos a plaza vacía de todo el año, dejar algo de beneficio a la empresa y que las figuras cobren lo suyo en las dos tardes que vienen. En realidad es la razón de ser de cualquier abono de cualquier feria. La gestión taurina empresarial y administrativa no da para más: hacer un abono, rematar algunas corridas y costearlas y obtener beneficio en las corridas de bajo presupuesto. En un abono chico de otra ciudad, esta mezcla de producto a y b está compensado. En Madrid no. En Madrid, de treinta tardes, apenas media docena alcanzarían el lleno si salen a la venta libre de la oferta y la demanda. Por eso se hacen ferias tan simples, de lectura plana, sin gracia, sin competencia, como la este año. Porque da igual todo. Da igual un torero que otro, da igual un cartel que otro, da igual. Hay toros. Y basta.
Si decimos la verdad, esto fue siempre así. La gestión que permite la Comunidad desde hace tiempo tiene la lengua bífida. La Comunidad lo quiere todo. Dinero, obra social, buena imagen, rentabilidad política…y se blinda de la forma más sencilla: el sistema castrista de precios igualitarios para el producto a, el b y el c. Poco a, apenas b y mucho c. Este medio ha sido el primero es alabar la iniciativa de declaración de BIC de la fiesta en Madrid. Pero o la Comunidad cambia el modelo de gestión y deja al toreo libre para crear otra forma de espectáculo o un día, no muy lejano, la gente mandará a paseo el abono. Y en crisis, más. La Comunidad, la Temporada de Las Ventas, la empresa y las figuras, ganan dinero porque hay un abono muy barato, en el que el 85% de los puestos se cubren con un prepuesto muy bajo.
Primera paradoja: las figuras no generan riqueza en las Ventas. No es cierto que tiren del abono. Son reclamo, obligación de estar, pero de Madrid tira más su capitalidad, su toro, el ambiente cosmopolita que le ha dado la tele, y, sobre todo, la sensación de que no hay entradas, de que es difícil conseguir un abono. Ver a José Tomás cuesta igual que ver a Sánchez Vara: algo menos que el precio del párking. Esto es, y Esperanza Aguirre y su número dos lo saben, un castrismo paternalista que va a reventar económicamente al toreo y es su gran mal: que da igual. Por eso se maltrata a los toreros, porque dan igual. Por eso se les pone, se les quita, por eso se hacen carteles en donde al torpe de piernas se pone con la corrida que más exige a las piernas, lo que hoy es blanco esta misma tarde puede ser colorado.
Pero nadie opina. Este es un mundo de vanidades en donde que haya toros es suficiente. Luego cada cual pone su chiringuito, su presencia, su voz, su estar, ir venir,… Pero este modelo de gestión nos puede llevar a la nada. Madrid y la temporada y el canon de la Comunidad se subvenciona con los puestos de la gran mayoría de los toreros de bajos honorarios. Ese es el colchón económico del Bien de Interés Cultural, ése es el secreto de esta inexistente oferta y demanda y del secuestro del mercado libre: obligar a sacar un abono de muy bajo presupuesto para financiar todo lo demás. Si ha de ser así, que se diga en voz alta. Y que se le diga a todos esos toreros de bajo coste que son imprescindibles. Los más prescindibles son los imprescindibles. Que se sepa.