'Queridos prohibidores'
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Estimados, queridos, necesarios, deseados prohibidores. Gracias. Que sería de la Historia sin vosotros, que sería de nuestras voces sin usar, de nuestras iras sin desatar, de nuestras pasiones sin despertar, de nuestras demandas sin exigir, de nuestra persecución sin rebeldía. Gracias por existir: situáis al ser humano justo al lado de otro ser humano. Tan codo con codo y hombro con hombro los ponéis que, en medio de la vorágine de un mundo sin rumbo, comprada la democracia a precio de prima de riesgo, alguien levanta una pancarta que reivindica el final natural contra la hipocresía: 'el toro debe de morir en la plaza y no en los chiqueros'. Quito, Ecuador, en el medio del Mundo que no merecéis.
Gracias por mandar a vuestras policías a acallar las voces que no se aborregan y a sustraer el derecho a la protesta. Correa, presidente demagogo, populista de salón. 'Abajo el tirano', 'somos libres'.
Dentro de poco, turno para Venezuela en donde los cosos de Mérida, de San Cristóbal, gritarán a coro contra Chávez, arruinador de un país rico, perseguidor de libertades, clown de un poder pesebrista. Que sería el mundo sin vosotros, animadores de la lucha leal, del grito sobrio y valeroso. Vosotros allí y aquí la estulticia de los catalanistas que se han gastado el dinero que necesitaban para libros de texto en una ILP que prohibió las corridas de toros. Una forma como otra cualquiera de demostrar que el poder votado puede ser la peor de las dictaduras. Gracias Mas, menos.
Nosotros los bárbaros, desde México a Portugal, desde la Huelva de los Palos de Colón hasta Lima, desde la Francia europeizante hasta la Venezuela empobrecida, seguiremos manteniendo la idea común de un derecho de siglos, de nuestra común cultura de siglos. Ánimo Quito, Ánimo Venezuela, Ánimo Cataluña. Cuando ellos ya no estén, nosotros aún seremos vigentes. Cuando por ellos pase el manto indiferente de los siglos, el toreo aún provocará poemas. Y gritos de libertad.
FOTOGRAFÍA: OLGA HOLGUÍN