Todo lo que ocurra en el ruedo de la plaza de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla tendrá su lógica y debida repercusión en mundotoro. Cada día y al instante usted tendrá la información de lo que ocurra en Sevilla. Y, nada más terminar la corrida de cada día, en tiempo récord no superado por ningún otro medio, podrá leer una amplia crónica de nuestro enviado especial.

 
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CRÓNICA DE EL ENANO... PUNTO COM, por ISRAEL VICENTE

Una corrida con peligro, mansa, aparatosa de cornamenta y de volumen. Una corrida de Miura. Para colmo, el susto llegó cuando ya estaba todo el pescado vendido. En el sexto, Juan José Padilla sufrió una cogida espeluznante al entrar a matar. Otra vez salvó la vida. Ay, Dios mío. Qué susto. Con el vestido hecho jirones, con la cara ensangrentada, Padilla mató al toro. Y cortó una oreja.

Pero vayamos con la crónica. Acaba de imprimirse la edición de hoy de El Enano.

- Extra, extra, El Enano ya ha salido.

Pero El Enano punto com, claro. Leamos.

Primer toro: Noble, embiste con alegría, con recorrido, a veces con clase. Zotoluco le da sitio, series cortas, con oficio. Gusta el mexicano. El toro no humilla. (En El Enano de verdad, allá por el siglo XIX, pondría lo siguiente: un toro bobalicón, mansito, que no dijo nada. El mexicano tiene un toreo que aquí no se lleva; que se vaya, que se vaya a cantar rancheras).

Segundo toro: Derriba, pero mansea (Pondría: mató cuatro caballos). Tira derrotes, se frena, sorprende (Diría: un toro bravo, con poder). Flojea (¡inválido!). El Fundi, profesional y poderoso. El descabello hace ballesta e hiere al ganadero Sánchez Ybargüen, que estaba en el callejón. Afortunadamente, nada serio. (Como es habitual, la espada saltó al callejón).

Tercer toro: manso, listo, no se deja hacer nada de nada (un gran toro, bravo, con poder y casta).

Cuarto toro: Manso, peligroso. Zotoluco se la juega y gusta en Sevilla. (Un toro bravo y qué faena, señores. Qué forma más rara tienen estos mexicanos de torear, quietos, que no, que no. Que esto no es así).

Quinto toro: Peligrosísimo. El Fundi salva la papeleta (un toro bravo y un torero que no vale).

Sexto toro: Manso con peligro (otro toro bravo). Juan José Padilla se la juega de verdad, manda y somete y le saca series de muchísimo mérito. Resulta espeluznantemente cogido y corta una oreja merecida. (El torero, con unas patillas muy de moda, practica un toreo muy curioso, nada normal y, claro, resulta cogido por el poderoso ‘miura’. Lo mejor de la tarde).

En fin. Qué mal trago. Pero, ¿qué sería de la fiesta sin corridas como ésta?

 

EL DIOS NAVARRO DEL TOREO A CABALLO, por MARTÍN GARCÍA.

Un día más en La Maestranza volvió a brillar el rejoneo de Pablo Hermoso de Mendoza. Hoy de nuevo, el toreo del rejoneador navarro tuvo la belleza de la emoción y el temple. Recibió a su toro con Labrit encelándolo con la grupa de su caballo, doblándose de manera ceñida y ajustada.

Pero los momentos cumbres llegaron una vez más con Cagancho. El cuatralvo, siempre muy reunido, llevó enganchado al toro muy en corto y las banderillas que clavó fueron perfectas en ejecución y colocación. La faena mantuvo su alto nivel cuando el navarro sacó al ruedo a Chicuelo, sobre el que clavó excelente banderillas. De alto nivel fueron también las dos rosas que puso montando a Mariachi, sobre el que colocó los rejones de muerte.

Un detalle torerísimo del rejoneador navarro que convirtió el final de la faena en un momento de gran emoción fue mientras acompañaba los últimos pasos del toro buscando la muerte en el ruedo con su mano apoyada en el testuz del animal.

El portugués João Moura sufrió un día más la frialdad del público con quien abre plaza. Sobrio y preciso a lo largo de toda la faena, destacó montando a Bohemio en el tercio de salida y clavó ajustadísimas banderillas al quiebro sobre Horizonte. El rejón de muerte cayó algo trasero y hubo de descabellar al toro. Aún así, la faena del portugués debería haber tenido mayor calado en los tendidos.

Javier Buendía, que se despedirá de los ruedos el 12 de octubre en esta misma plaza, no tuvo suerte con su toro, el más deslucido de la mañana. El sevillano estuvo digno y lució su impecable monta campera, sobre todo cuando recibió al animal a portagayola con la garrocha, una suerte que Buendía domina a la perfección. Falló con los rejones de muerte y, aún así, el público le obligó a dar la vuelta al ruedo.

Leonardo Hernández tuvo una destacada actuación que, a buen seguro, hubiera sido premiada con algún trofeo, de no haber tardado el toro en doblar. La faena, muy templada, tuvo un alto nivel y el rejoneador clavó siempre de frente. Ajustados y de gran transmisión fueron los quiebros que realizó montando a Mambo. Pero sin duda, lo más destacado de la faena lo hizo sobre Lagos, un caballo árabe que el año pasado utilizaba de salida y que hoy sacó en el tercio de banderillas, con el que realizó un espectacular tierra a tierra para clavar banderillas de excelente ejecución.

Luis Domecq cumplió en una faena algo ligera, con algunos apuntes espectaculares de gran transmisión.

Por su parte, su hermano Antonio, que actuó después de Hermoso de Mendoza, tuvo una actuación enrazada, realizando una faena de más entrega que técnica. Clavó con acierto rejones de castigo sobre Talismán y destacó montando a Óleo en el tercio de banderillas. Y no estuvo acertado con los rejones de muerte.

Al finalizar la corrida Hermoso de Mendoza fue paseado en hombros por el ruedo, acompañado por un compás de palmas por bulerías. Cante grande para un rejoneador navarro que ya reina en La Maestranza.



A TORO PASADO, por JOSÉ ENRIQUE MORENO

Gente santa

Repito, la gente es una santa. Lo dije el otro día y lo tengo que volver a decir ahora, movido por varios motivos.

Primero: se puso a llover a eso de las cuatro y media, el ruedo se encharcó y empezaron a arreglarlo después de las seis y media. No hay derecho a que tengan al personal tres cuartos de hora esperando el inicio de la corrida, comunicándole, tarde y mal, las decisiones tomadas por toreros y autoridad (retraso de media hora, retraso de un cuarto de hora más...). Pese a todo, el público, que no sabe cuándo dejar de ser elegante y estirado para empezar a defender sus derechos, calló como un santo durante diez, quince, veinte, treinta, cuarenta y cuarenta y cinco minutos, que tiene tela la cosa.

Segundo: empezaron a salir toros de Miura y aquello no había por donde hincarle el diente. Dos parecieron dejarse algo más, pero los otros fueron más aptos para una película de terror que para otra cosa. El toreo, claro está, empezó a brillar por su ausencia y, pese a ello, la gente siguió callada, sin protestar, aguantando la mecha un toro, y otro toro, y otro más...

Y tercero: por si era poco el tostón y, precisamente, cuando se había abierto una puerta a la esperanza gracias a la entrega de Juan José Padilla, llega el susto tremendo. Por si la santa gente no estaba suficientemente castigada esta feria, al sexto toro se le ocurre coger por el pecho al diestro jerezano y dejarlo desmadejado en la arena. Escena trágica no apta para cardíacos, una gracia de un toro que, para más inri, se llamaba Saleroso. Mala ‘puñalá’ le dieran...

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