icono-sumario Estos públicos de hoy alcanzan la crueldad. Forma parte de esta nueva forma de sentir que dicen es sensibilidad y sólo es un adulterio de la misma llamada sensiblería

David Mora, tres avisos en Las Ventas I JULIAN LOPEZlinea-punteada-firma1

C.R.V. > Madridlinea-pie-fotos-noticias

No podré olvidar la salida de la plaza de José Tomás en la México. El día de su noche triste, mientras Adame salía en hombros. Hay algo digno y grande en asumir de forma gallarda, montera asida por mano prestada y capote de paseo plegado y huésped en la cadera. La mirada al frente infinito y el paso corto, desandando el camino que hace unas horas se transitó al revés: pecho erguido, capote liado para la batalla, penachos al viento, música de batalla, brillante la armadura del paseíllo, impecable. Saber caminar ese fracaso es propio de los grandes. Aislado de la ira de la plebe, como descalzos los pies entre las llamas de la tierra quemada por los ejércitos victoriosos de la desdicha, con el alma triste en el pecho y el orgullo buscando refugio en un corazón que se sujeta a puñados de hombría.

Estos públicos de hoy alcanzan la crueldad. Forma parte de esta nueva forma de sentir que dicen es sensibilidad y sólo es un adulterio de la misma llamada sensiblería. De nada les culpo, pues no son culpables de nada de lo que no sea yo. Acudo todos los días a la cita en punto de hacer un país así. Una sociedad así. Estos públicos de estos tiempos nuevos donde el libro es plomo, la poesía alfalfa, donde la carcajada sustituye a la sonrisa y que llora lágrimas prestadas por los cocodrilos, es el presente de una nueva forma de ser. Colectiva.

Donde el fracaso no nos basta. No sólo no admitimos que sea el otro lado del éxito, algo pueril, pues el día y la noche siempre se besan a compás de todos los números de los calendarios, sino que sólo nos sirve la derrota. Somos hoy esos que la derrota del otro nos hace más grandes. No el fracaso. Esa forma de pedir la hora de pie, puño en alto, las venas de los cuellos iracundas y las gargantas en graderío de coliseo y el alma desbordando calificativos de paredón. Somos esos que no hacemos prisioneros. Somos la batalla al grito de no hay cuartel. No nos sirve la belleza triste y de luto de pena del fracaso. Sólo nos vale la derrota. Y de ella preferimos la que termina con la humillación.

Yo creía que no era así. En algunos casos jamás creí que sería de esta manera. Ese hombre por los aires de agujas de acero de dos pitones como clavos de una cruz que no hubiera soportado Cristo. Frente a la puerta de chiqueros y en el abismo de unas puntas que el campo no da. No. No las da. No lo decimos, pero no las da, y sin embargo, existen. Y sobre ésas sobrevivió David Mora.

Ya olvidamos. Ya lloramos nuestras lágrimas robadas a los Cocodrilos. Ya le sacamos en hombros. Ya no vemos que es un hombre a merced de un torero. Que es una pierna a merced de un deseo. Me dirán que esto es así. Puede que así haya de ser. Puede que jamás sea de otra forma, y hasta puede que jamás haya sido de forma distinta. Me da igual. Es feo. Vulgar. Feo. Más que cruel, es feo. Y de entre todo lo que no me importa ser criticado por lo que pienso y expreso, es que me horroriza lo feo del Ser humano. Me da miedo… Lo feo.