icono-sumario ‘Hoy no declaro amor al león, ni a la culebra hembra, que no me da chance a un roneo, ni a un sexo de alta estima, o una lágrima compartida en el tercer verso de un poema de Lorca’

icono-sumario ‘Acuso al animalismo de perversión, a sus líderes en la sombra de criminales contra la humanidad, de cobardes a los políticos que subvencionan con dinero de todos para comprar votos suyos

icono-sumario ‘Una raza devoradora de congéneres que dedica el 12% del PIB mundial en mejorar la vida esclava, antinatural, de mierda, caca, culo, pis, de esos fantasmas de animales a los que dicen hoy, 14 de febrero, te amo’

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Si todos los puentes están enamorados de un suicida, hoy, 14 de febrero, todos los puentes del mundo declararán su amor por todos los suicidas del mundo, declaración que apenas comparto, excepto en su expresión poética. Hoy no declaro amor al león, al que no puedo decir, ‘qué pasa hermano, ve a ver la última de Iñáurritu’, ni se lo declaro al cuervo, que no juega al mus, ni al perro castrado del vecino, que vive por orden de una estúpida correa y que hace caca a las horas en punto, ni a la culebra hembra, que no me da chance a un roneo, ni a un sexo de alta estima, o una lágrima compartida en el tercer verso de un poema de Lorca.

De todas las selvas que he amanecido, de todos los valles, los ríos que he vivido, de todos los libros que he leído, de todos los cuadros que he mirado, las esculturas que he tocado, de todo lo grandioso que han rozado mis años, ninguna obra de arte es superior a la del ser humano. La más grandiosa obra de arte del hombre es el mismo hombre, el ser humano. Declaro mi amor por el humanismo, lleno de los defectos del arte imperfecto del hombre, preñado de sus miserias y miedos, pero pleno de todas sus filosofías, pensamientos, esfuerzos, logros, evoluciones, sentimientos y solidaridad para con otro ser humano.

Hace años, otros 14 de febrero, esta declaración no llevaría implícita la declaración de juramentarme contra quien escupe, traiciona y dinamita esa obra de arte del hombre que es el propio hombre. Desde mi declaración humanista abro página de compromiso para desnudar ante los seres humanos, la indecencia del mal llamado animalismo, fórmula maquiavélica y cainita, corrosiva y adúltera, con la que estamos dinamitando al ser humano. Una ideología falsaria, mercenaria y urbanita, que trata de impedir que aún miremos, desde nuestra vida de bienestar, hacia donde el hombre se encuentra con los ojos de otros seres humanos incompletos por su dolor de guerras, el frío, la hambruna, las pestes y enfermedades.

Acuso al animalismo de perversión, a sus líderes en la sombra de criminales contra la humanidad, de cobardes a los políticos que subvencionan con dinero de todos para comprar votos suyos, el primero la fauna, luego la flora y si queda, luego el hombre. Denuncio la existencia de centenares de millones de esqueletos con pieles famélicas que gritan sin voz por pan. Seres humanos. Los miro y ya no son la obra perfecta del ser humano, sino el lamento de una raza y de una especie que abandona a los suyos porque ya no son los suyos. Una raza devoradora de sus congéneres. Una raza que no mira a esas tierras donde el ser humano es incompleto, porque no sabe mirar lejos, pero que tampoco sabe mirar tan cerca: al lado de sus pies, en su ciudad, tanta miseria. Tanto niño, anciano, incompletos. Miran al perrito, a la perrita, al leoncito, a la culebrita y al gatito en una nueva zoofilia que me repugna.

Esta raza que ya dedica el 12% del PIB de todos los países del mundo en mejorar la vida esclava, la vida dominada, la vida antinatural, la vida de mierda, caca, culo, pis, de esos fantasmas de animales a los que dicen hoy, 14 de febrero, te amo. Manda cojones. Esas mujeres y esos hombres de ciudad bien comida, hijos de la abundancia, terminales de una multinacional de telefonía, tratan de hacernos creer que es igual el derecho de un oso hormiguero que el de la hormiga y los de ésta, idénticos al del hombre. Éste es nuestro novísimo logro social. Lo repudio y lo asqueo, es ‘La náusea’ de Sartre, es quien trata de borrar el verso de Lorca, el de Alberti, el cuadro de Picasso, el Partenón de Atenas, las reflexiones de Descartes, el pensamiento de Sócrates, la humanidad de Averroes, el lirismo de Virgilio, la pasión de Verlaine, la locura de Cervantes, el genio de Shakespeare, el Derecho Romano, la Democracia griega, los pensamientos, Buda, Cristo. Y la Tauromaquia.

Repitamos. Nada en la naturaleza que nos rodea es injusto o perverso. Hay que repetirlo con insistencia, pues la estrategia del anti-humano es reiterar que los actos naturales son crueles e inhumanos. Hablar de humanismo y callar a los hombres es una traición. La Tauromaquia es hoy, en esencia, un micromundo de equilibrio natural en donde el hombre niega la máxima de Hobbes: ‘homo, homini lupus’ (el hombre es un lobo para el hombre) para gritar al mundo que sigamos mirando los paisajes de millones de seres humanos incompletos que ya acampan al pie de nuestra casa.

El toro es toro. No es mi amigo, ni mi enemigo. Es toro. No es quien está en la butaca del al lado del cine, no se pone el cola del supermercado, gilipollas, imbéciles, ni el toro, ni la pantera, ni el perro, ni el halcón. No hago el sexo con un simio hembra ni le susurro una nana a la cría de un conejo mientras merienda zanahoria con nata en mi regazo, enfrente de una tele donde salen unas imágenes de algo parecido a un niño. No te alarmes conejito, no es niño humano, son un montón de huesos arrojados al suelo a la espera de un zopilote.

Iros a tomar por el culo.

 

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