C.R.V.

Dicen que al morir adelgazamos  aquello que pesa lo que se va. El alma.  La casa donde habita la condición humana,  que pesa 21 gramos. Cuando leí la prueba empìrica de MacDougall (Boston , 1906) fue cuando descubrí porqué tanto cabe en una chalet adosado o en un piso de 90 metros para familia de 7 y perro. No es un milagro. En el alma cabe el mundo entero. Las neuronas, de peso irreconocible. La inteligencia, que no ocupa espacio ni tiempo. El talento, que consume sólo treinta segundos, lo suficiente para pensar más allá de donde el resto rechaza seguir pensando. En el alma, la  coherencia, que  es condición humana invisible, incolora, habilitada para hacer collera con la lógica, que, como sabemos, no es otra cosa que aplicar alma, neurona, inteligencia y coherencia.

Aceptando el peso del alma, 21 gramos, resulta que la suma del peso de todas las condiciones que habitan en ella pesan lo mismo y ese peso es lo que nos hace seres humanos, la raza cuya capacidad de evolución es tan insospechada,  que es la única del planeta que jamás entrará en crisis de extinción. Nunca tendremos la brutalidad devastadora de los dinosaurios, pero no nos llegará la hecatombe. Por 21 gramos de nada que es alma, lugar donde se encuentran las condiciones humanas para la evolución. Si será brillante el ser humano, que llevamos siglos tratando de acabar con nuestra raza y sólo la mejoramos.

Si será grande el toreo, qué no será de grandioso, que llevamos décadas actuando en su contra, y aún sigue su camino.Si será grande que, renunciando al peso de 21 gramos por considerarlo excesivo, somos obesos en estupidez, en reincidencia, en involución, en tipismos. Somos esa chaqueta a la que se nos olvidó limpiar eso blanco que tiñe sus hombros,  que nos dicen con esa poética rancia de rima sin alma, que es nieve, siendo caspa. Si será grande el toreo que, luego de haber caído una crítica tan feroz como necesaria, tan evidente como merecida, el Partido Popular aún nos dice que lo de la chaqueta es nieve en polvo, siendo caspa. Albendea sigue. Capitán. No tienen a otro para liderar la conjura argumental de la tramitación de la ILP.

La crisis hizo elevarse la media de edad de los españoles hasta 43 años. La media de los que nos van a representar, encabezados por Albendea y capitaneados por su amigo,  Don Andrés Amorós, es ligeramente superior a ella. Un poco. No crean que la edad es el problema. El problema , es la edad del mensaje. Esa edad tiene decenas y decenas de años más que la que pone sus DNI. No representan a nadieen el toreo, ni a la sociedad taurina actual (tan de jóvenes) ni a los profesionales, ni a los medios de comunicación ( no piensen en  el ABC que por el amparo de ABC, nadie representa a nadie). Que nadie vea aquí otra cosa que 21 gramos, sólo 21 gramos sin ira, revancha, mala baba. 21 gramos, Ministro Wert,  aplicados al alma actual del toreo, a su neurona, a su inteligencia, a su coherencia, a su lógica.La que ustedes no aplican.

Dicen que Albendea leyó aquel día en donde todos, presentes, oyentes, ausentes, se tiraron de los pelos, un discurso de Don Andrés Amorós. No lo creo. Era demasiado sin alma, con  argumentos de ápoca  del Tiranosaurus Rex, dale que te pego con laalineación de la selección española de ilustres muertos afines(supuestamente) al toreo. No puedo creer que Don Andrés lo escribiera. Es tan estúpido decir que el toreo es la caña por Hemingway, como que es la caca por Truman Capote. Más estúpido aún e involucionado no leer a uno u otro por razón de su sí/no taurinismo. A mí como que las trincheras me quedan muy atrás. Aplico sólo esos insignificantes21 gramos científicos que dicen pesa el alma, 21 Ministro Wert, para decir lo siguiente.

Que no será de grande este mundo que ustedes tratan una y otra vez de hacerlo pasar por mojiganga, ridículo, avejentado, caduco y sin vigencia…y aún así se mantiene vivo.La edad no da sabiduría, sólo da edad. Hay una clase taurina cuyo mensaje, argumentación e imagen no merece respeto alguno, mereciendo el total y el más absoluto respeto sus nombres y sus edades, que espero alcanzar algún día.Pero jamás se me ocurrirá llamar nieve a la caspa con ripios de mesa camilla.

Lo digo, Ministro Wert, aplicando lo que se que existe en ese volumen ilocalizable que pesa 21 gramos. O se acoje usted a él o la involución hará que pesemos lo que pesaba el más grande de los dinosaurios que ya no existen. Ellos, al morir, pesaban lo mismo.

Científicamente probado.

IMAGEN: secretosdechicas.es

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