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El reportaje visual publicado hoy en Mundotoro no es un invento. Son las cuentas del reparto cierto, porcentaje mínimo arriba o abajo, del reparto o destino de los euros de una entrada ficticia de 100 euros en la plaza de Sevilla. De esos 100 euros , unos 38 sería la cantidad real que se podría manejar para pagar la corrida de toros, los toreros, los subalternos y, por supuesto, el beneficio de la empresa. Pero estas cuentas sobre Sevilla han sido las cuentas de taquilla, porcentaje arriba abajo, de casi todas las plazas de España en los últimos 15 ó 20 años.

Siendo el toreo un espectáculo que vive prácticamente de sus ingresos por taquilla, el problema económico nos lleva a una especie de callejón sin salida. Afortunadamente los ecos de noticias confirmadas o sin confirmar, hablan de un posible cambio. José María Manzanaresha sido fichado por un grande de la comunicación y el entretenimiento, Globomedia. A Morante sus treinta tardes los va auspiciar, en comunicación, una empresa americana. A El Juli, que hará otra presentación en un espacio nada usual, Círculo de Bellas Artes, parece que está en tratos con otra empresa. ¿Quiere decir esto nada?

Quiere decir que el toreo aspira a ingresar más allá de la taquilla. Que el toreo, tanto el torero como el toro, pueden llegar a ser un vehículo de comunicación. La cuestión está en lo que tantas y tantas veces ha venido afirmando este medio: poder meter al toreo dentro de la normalidad de la sociedad. Que ésta lo acepte sin querer prohibirla. Que se vea como un ejercicio más, una actividad más. Que sea cultura cierta y no impuesta. Actividad libre y no bajo sospecha. Sólo a partir de esta aceptación es posible un desarrollo del toreo.

Hacia esa visión ‘natural y normal’ ha de ir el toreo, y, por tanto, el trabajo de ese Plan de Comunicación que está por desarrollar. Sin los lenguajes de defensa ni ataque, sin los argumentos que terminan y empiezan en el frentismo. Somos el recurso ecológico más importante de este país y, posiblemente, de Europa, somos una fuente de riqueza, somos parte esencial de cualquier ‘marca España’, somos cultura y somos industria de esa cultura. Lo que no podemos ser es ese espectáculo cuyo reparto deja con el culo al aire al toro, al toreo, al empresario. A todos.

Llevamos años y años peleando por el reparto de ese 38 por ciento. Caíncontra Abel.  ¿Hay que recortar? Sí, pero, al mismo tiempo, hay que buscar los caminos para  crecer y, para ello, hay que ingresar fuera de la taquilla, como lo van a hacer Morante, Manzanares, en su día Cayetano, quizá El  Juli… Buscar nuevos públicos, ofertar nuevas propuestas. Agitar esta fiesta tan cartesiana e inmóvil que anda, por décadas, peleándose por un 38 sobre 100.

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