Como primero y más preocupante, que el novillero Castaño, sin tomar en consideración consejos y recomendaciones, se haya aventurado a reaparecer sin estar totalmente recuperado. La imagen renqueante del novillero en el paseíllo fue la comidilla en el introito del festejo. Y mucho tuvo que ver la falta de pies ligeros para escapar del acoso al que le sometió el sobrero de Adelaida Rodríguez. La voltereta que precedió al percance sobrevino porque Castaño no tuvo agilidad para zafarse de ella. Felizmente, lo que pareció una cornada seria, quedó en pronóstico menos grave.

El segundo despropósito, la serísima novillada para abrir el abono de esta feria. Los novillos del maestro Pedrés, por volumen y cornamenta, eran más propios de una plaza como la de Las Ventas. Para desdoro del ganadero, además, han salido sin fuerza ni raza, pero atendiendo estrictamente al trapío, insisto, demasiado para Albacete, teniendo en cuenta que la que espera en los corrales para mañana es menos de la tercera parte. El contraste, con seguridad, originará protestas.

La tercera premisa, que conduce a la conclusión lógica, es que con este ganado novilleros tan poco experimentados como lo son Abraham Barragán y Antón Cortés difícilmente iban a conseguir un triunfo. El único capaz de lograrlo por bagaje y redaños era Castaño, pero por precipitarse y adelantar su regreso ha sido un novillero pitongo.