Por MIGUEL FERNÁNDEZ

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Fue el hombre que lidió -permítaseme el lenguaje taurino- con la Transición. En mano a mano, en compañía o solo. Solo significa, básicamente, haciendo frente a encerronas con todo el sentido semántico de la palabra: ‘trampa, emboscada’. Encerronas en las que, por revolvérsele, se le revolvió hasta su propia cuadrilla, picadores y banderilleros de la política, bajo las siglas de UCD. Encerronas en las que, cómo no, tuvo que vérselas con el sector duro de la sociedad tanto en la prensa como en la calle. Y en todas dio la cara; dio, de hecho, su cara, que fue siempre la de un político íntegro -utilizo aquí una frase usada en esta casa hace unos días-, con ‘Cojones y Talento’ (DEP Iñaki Azkuna). De ambos andaba sobrado, en sus aciertos y en sus errores. Dos virtudes que se echan de menos en la política de hoy día.

Nacido en Cebreros (Ávila), tierra taurina, en 1932, Adolfo Suárez González desempeñó todas las funciones que hoy, tristemente, se recuerdan. Todas y cada una de ellas. De carismático jefe del movimiento abulense de Acción Católica a igualmente carismático Presidente del Gobierno de España. Una carrera de ambición -entendida en el sentido positivo de la palabra-, capacidad y liderazgo culminadas en esa foto echada atrás la cabeza ante la aprobación parlamentaria de la Ley para la Reforma Política de 1976, en las elecciones generales libres de 1977, en la Constitución de 1978… En tantos hitos de nuestra historia reciente.

Líder, seductor de la palabra y especialmente del gesto, y además, muy torero. Sobran los motivos para dedicar en su memoria, unas líneas, pero siendo este un portal periodístico y taurino, es imposible no hacer mención a la faceta taurina de Adolfo Suárez. De aficionado en el tendido… y en la arena. En 1959, por el mes de julio, según la web www.las-ventas.com en la imagen que ilustra este texto, el ‘chico de Cebreros’ toreó el ‘Festival de Noveles’ y lidió a muerte una res. Cumbre, bien, o regular, pero con la resolución y la capacidad que caracterizaron su carrera. Porque fue siempre en la arena -taurina o política- donde mejor se defendió. Este gesto torero, que décadas después no ha encontrado repetición en ninguno de sus pares en el cargo de Presidente, explica fácilmente la herencia taurina que lleva, defiende y desarrolla siempre con una imagen íntegra su hijo, Adolfo Suárez Illana.

Hoy, millones de españoles se suman -nos sumamos- al dolor de la Familia Suárez. Descanse en Paz D. Adolfo.

FOTOGRAFÍAS: WWW.LAS-VENTAS.COM
 

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