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CRÓNICA SEVILLA Faenón antológico de Morante de la Puebla en la decimotercera de la Feria de Abril ¡Al carajo! 15/04/2016 22:18

icono-sumario Antológica faena de Morante al cuarto de Cuvillo

icono-sumario Tarde de figurón del toreo de El Juli y oreja de peso para Roca Rey

dentro-morante-sevillaMorante con el cuarto. Inmenso I MAURICE BERHOlinea-punteada-firma1

C.R.V. > Sevillalinea-pie-fotos-noticias

 

 

Con el último y único soplo del viento favorable, Morante lanzó al fondo del Guadalquivir la llave que cerraba el enigma del fracaso. Se liberó de ese pequeño infierno que es esperar desesperado a través del toreo: esa obra de teatro y de arte que jamás se puede ensayar. No hay elogio que alcance a glosar un segundo de lo que hizo, ni reloj que cuente su tiempo , pues no hay idioma parido por humano capaz de narrar el quebranto de un alma cuando se torea al pie del último suspiro, cerca del abismo del fracaso. Aun es más grande hacer obra de arte inhumana en esa frontera que los humanos dibujamos para separar, crueles, éxito del fracaso. Tampoco se calibra tiempo: lo mató, lo paró, lo negó. Tan despacio y tan reunido toreó que negó las leyes de la física. Y a la vera de eso, inenarrable es decir cómo El Juli se jugó su vida de nuevo con una intensidad tan sincera. Sólo siendo un figurón del toreo se puede llegar a despreciar la vida de forma tan cabal y consciente. Y ¿qué tiene dentro Roca Rey, quizá un huracán por domar, una fiera en edad de merecer, una adolescencia en pie de guerra.

Eran cuatro ya. Ocho toros. Sevilla pesa cuando se aleja. Tuvo que salir un toro de Cuvillo con el alma en vilo, de melancólica y noble embestida, bajo y con la cara para adelante, para que Morante toreara para hacer suya su Sevilla. No se dejó hacer las cosas con el capote, se le trató con mimo en varas y a la muleta llegó con la certeza de su nobleza y la duda de la esperanza. Que tiene el toreo cuando es no narrable, que obra el milagro que se vió. Un toreo a dos manos y una tanda en los terrenos de adentro nos hizo ver la puesta de un sol que se iba. Pero al sacarlo a los medios, el sol se vino arriba. Jode morirse, mi alma. Morirse es no poder recordar en los próximos cien años que el sol se vino arriba una tarde abril en Sevilla.

Miren, la física que habla del tiempo medido en segundos, es depende. Miren, la física que dice que reunirse tiene un límite, es depende. Y contra esa física de ciencia exacta se rebeló Morante armado de la imperfección sin tiempo ni espacio que es el toreo. Para torear sobre la mano derecha haciendo que un segundo fueran tres o mil de despacio que sucedía el citar, embarcar, mover a ralentí cuerpo, cintura y muñeca. Tan despacio que la física quedó desnuda de ciencia y tan junto con el toro que los espacios no existieron. Y alma. No corazón, alma. Al natural, igual, más despacio aún, yéndose desde los medios hacia los adentros en esa travesía de Ulises hacia la Puebla o hacia Ítaca. Pegado a las maderas, dos series, más, una a pies juntos y al natural y una estocada en corto y dejándose ver. Que pensó antes de esa suerte sin tino en cuatro tardes, lo sabrá el torero. Y que sintió al acariciar su pitón mientras doblaba, lo sabrá él. No hay más don ni más talento para contarlo. Nos excusan por ello.

Fueraparte, en esta imperfección que es el toreo y desarmado Morante al pisarle la muleta el toro, partiéndole el palillo, tomó el engaño con las dos manos, sin soltar la ayuda y se inventó una especie de media belmontina o gallista patentada para la Historia del Toreo.

Buscamos sintaxis para lo de El Juli y haríamos bien en reclamar la presencia de Homero, porque sólo un hombre que quiera tanto al toreo, que tenga esa ambición por quererlo, puede jugarse la vida como lo hizo el el quinto toro. Feo de tipo, áspero, duro y sin la voluntad de meter la cara y pasar una sola vez. No se dejó ir el torero, sino que apretó los dientes, picó espuelas en una faena en la que tirar del toro con el cuerpo tan firme, era jugarse la vida en cada muletazo. Primero lo ‘hizo’, y, ‘hecho’, ya no tenía energía ni voluntad y amagó quedarse en la barriga varias veces. Al vaciar al toro, se quedó el de Cuvillo en la cadera y lo cazó certero antes de tirarle derrotas contra cara y cuello en el suelo. Siguió toreando herido y pinchó antes de ir a visitar a los doctores.

Un huracán es Roca Rey. Con la hierba en la boca, tanta que a veces sin tienen tiempo para digerirla. Un volcán que sólo existe en los mapas del toreo. Tuvo a un toro de clase, el primero, al que la hizo filigranas ajustadas de mago con dos cojones, por delante y por detrás, pero, cuando caló, fue en las tandas de pulso, temple y prolongación de la embestida. Presente en quites, armado de convencimiento, es guerrero duro de pelar. Ocho cambiados en el centro del ruedo para incoar faena con el sexto, obra de testosterona incluso cuando el toro, descalzado, se fue apagando hacia los adentros, despreciando Rey los riesgos de una cornada. Abusó del toro y lo secó tanto, que no le ayudó nada a la hora de entrar con la espada y pinchó.

Esta fue la tarde. Con un toro que metió la cara medio bien pero que, tras el embroque, la tiró al cielo de Sevilla. El primero de Morante. Otro de fondo escaso y bravura a cuentagotas, primero de El Juli. Poca cosa para tarde tan grande. Operaban a El Juli mientras a hombros se llevaban a Morante los que esperaron cuatro tardes y ocho toros. Sabe mejor cuando casi se desespera. Al borde de esa frontera tantas veces injusta que diseñamos para colocar éxito y fracaso en nuestro cuaderno de vida matemática, lo genial suele acudir al rescate. No es el temor a la cornada lo que más desasosiega a un torero así. Sino la mente subida a esa montaña rusa que es la psicología de los éxitos y los fracasos. Esa presión de la que se sale cuando se puede mandar a la leyes de la física y quien las espera ciertas y las esperas y a las desesperas y quienes de ellas se rebozan, al carajo.

Hierro de Núñez del Cuvillo - España Real Maestranza de Caballería de Sevilla. Decimotercera de la Feria de Abril. Lleno de ‘no hay billetes’. Toros de Núñez del Cuvillo, bien presentados, desiguales de hechuras. Nobles, algunos medidos de raza. Noble y con clase el tercero. De extraordinaria calidad el gran cuarto. El sexto tuvo movilidad pese a lastimarse una mano durante la faena. logo-mundotoro-fichas-crónicas
Morante de la Puebla, silencio y dos orejas
El Juli, ovación  en ambos
Andrés Roca Rey, oreja y ovación
Fotografías - fotos. Icono para noticias, texto previo. Avance de la CRÓNICA FOTOGRÁFICA de Maurice Berho
Word. Icono para noticias, texto previo. Así hemos contado la 13ª de feria, EN VIVO


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