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El Ministerio de Cultura ha presentado el Congreso Internacional de la Tauromaquia para celebrarse en Albacete a finales de mes. Buena noticia. Porque en el photo call de un acto relativo a la Tauromaquia, está el logo del Ministerio. Puede que sea una forma de decir, al fin, caretas fuera. Quizá sea el paso definitivo, primer paso incluso, para que el toreo logre dos objetivos que necesita: seguridad jurídica y presencia en las partidas de los Presupuestos Generales del Estado

La Tauromaquia es una industria cultural reconocida legalmente en todo el Estado. Pero, lejos de tener la seguridad jurídica para el  libre ejercicio de su actividad (actividad de libre elección, de libre ejercicio empresarial, de libre acceso a la cultura…) nos encontramos con la esquizofrenia siguiente: el toreo puede ser legal aquí, pero no allí. Un Ayuntamiento, una Comunidad, puede ordenar o legislar en su contra, prohibir su actividad. Si existe una jerarquía legal que emana de la Constitución y ésta dice que todos los poderes y administraciones han de apoyar y permitir el acceso a la cultura, esta esquizofrenia resulta de saltarse esa jerarquía. Por tanto, estamos ante un caso de inconstitucionalidad y desamparo.

Hay que tener voluntad política (no administrativa, ésta llegará más tarde) para terminar con esta aberrante situación de inseguridad que ha impedido, por ejemplo, a dinero de fuera, invertir en toros. En ganaderías, en espectáculos. En su cultura. Sin la seguridad de su libre actividad un empresario, un ganadero, jamás podrá dedicarse ciento por ciento a algo que no sabe si va a ser prohibido. Pero, además, si no regresan la seguridad jurídica, la normalidad legal, ¿cómo vamos a lograr que la sociedad nos vea con naturalidad? 

Porque para penetrar en la normalidad de esta sociedad es necesario, antes, que todo español sepa que, gustos o aficiones aparte, la tauromaquia es una actividad ‘normalizada’. No susceptible de delinquir ley o normativa alguna. Es una cuestión de Perogrullo.  ¿Qué sociedad ve con los ojos de la naturalidad y la normalidad una actividad  que vine en permanente tela de juicio legal y en constante acoso institucional? Ojalá este Congreso sea el paso raudo y veloz para hacer valer la jerarquía de una Constitución que es de todos, que ampara a todos, menos a la tauromaquia. Porque nadie puede negar que somos la única actividad reconocida como cultura desamparada por el mandato Constitucional.

Y esto, refrendar la seguridad jurídica del toreo y su inclusión en la natural convivencia del país, se hace efectivo sólo de una forma. Cuando en los Presupuestos Generales del Estado se incluya una partida específica como la tiene cualquier actividad que haya sido considerada Cultura. Mientras esto no suceda, pensaremos que estanos ante actos de cierto calado en administraciones, pero no de un acto de voluntad política. Y eso es, justamente, lo que la Tauromaquia necesita, su derecho, lo que debemos exigir. Y si no se hace en este Congreso, apaga y vámonos.

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