icono-sumario El joven castellonense puntuó ‘in extremis’ con un toro exigente, pero con transmisión, de Victorino Martín

Media de Varea, esta tarde, en el Arnedo Arena I POYATOSlinea-punteada-firma1

PACO ROMERA > Arnedo (La Rioja)linea-pie-fotos-noticias

Varea llegaba a Arnedo con la imperiosa necesidad de reivindicarse. De corroborar todas esas buenas sensaciones ofrecidas en su etapa como novillero, pero que aún no habían cristalizado desde su alternativa. Hasta ayer. El torero castellonense fue consecuente con la responsabilidad que barajaba entre manos. Acorde a ello, echó la moneda en el sexto, un toro exigente, para apostar, de Victorino Martín, que envió un encierro variado para su debut en el coso riojano, en el que también destacó el buen segundo, con el que pinchó el triunfo Paco Ureña. Detalles de Curro Díaz, silenciado.

Y es que no se lo puso nada sencillo el sexto a Varea. Ya de salida, resultó el astado más serio del encierro, bastante descarado por delante. En cuanto a su comportamiento, fue un toro exigente, de jugársela. Lo quiso todo por abajo el de Victorino. Lo apuntó ya en los de recibo, que sirvieron para contrastar el excelente manejo de la capa del torero levantino. Pasó sin más por el primer tercio y permitió el lucimiento de Raul Martí y Diego Valladar con los palos.

El sino de la tarde, algo marchito, parecía remontar. Más si cabe con un comienzo muy vistoso, en el que bajó la mano y el toro transmitió. Muy a gusto y a la altura de las características del toro, Varea lo cuajó bajando la mano, en una labor que evidenció ser buen conocedor del sentido de los terrenos y distancias. Muy bien planteado. Como ya apuntó en el tercero, dejó los mejores pasajes sobre la mano izquierda, muy expresivo ese concepto del toreo del castellonense, que puso a todo el mundo de acuerdo en Arnedo. Mató de una estocada de efecto fulminante. La petición fue un clamor que el presidente atendió.

Previamente, Varea sorteó un primero, noble, manejable con idéntica fijeza de sus hermanos anteriores. Destacó su pelea en varas, que permitió a Puchano recibir una cálida ovación en su retirada. El castellonense comenzó el trasteo en los medios, muy puesto y componiendo con gusto los muletazos.

Lo toreó con ritmo y adecuando las pausas para que el burel respirara, pero cuando a la faena le faltó reposo fue durante las propias tandas. Pese a ello, gustó la estética del trazo de algunos de sus muletazos, especialmente al natural, por ese pitón dejó alguno suelto de buen aire, aunque no llegó a redondear. Sí lo logró en una última tanda con la zurda que le extrajo antes ir por la espada, de mayor enjundia. Buen concepto.

Otra oreja debió ir a manos de Paco Ureña, pero marró con la espada en el segundo. Bajo de agujas, el segundo se empleó en la primera vara de verdad. Ovacionados por el público, toro y picador, porque el puyazo de Vicente González fue también excelente. El toro metió la cara con humillación y empujó con los riñones. Repitió siempre el cárdeno y lo exprimió hasta la última gota Ureña, muy asentado.

Conectó enseguida con los tendidos en las tandas por la derecha. No le hizo un feo el burel, que sí tuvo el viaje más corto por la zurda. Pese a ello, fue una faena tejida en un metro cuadrado, en los medios. Labor de largo metraje, quizás demasiado, pues luego el animal ofreció complicaciones para cuadrarlo. El murciano no lo vio claro con la espada y necesitó de tres pinchazos, media, y otros tres descabellos más. Ovacionado en el arrastre el toro y saludos desde el tercio para Ureña.

Luego, fue silenciado en el quinto. Fue un negro entrepelado, que ofreció muy poco juego. Gazapón, incierto y sin celo alguno, que estuvo midiendo desde que el murciano se abrió de capote. Nunca se empleó y eso se tradujo en el trasteo del torero de Lorca, que no estuvo nada a gusto. Echó la cara arriba siempre y el murciano ofreció la sensación de querer hacerle las cosas bien, de agradar, pero la sensación enseguida se fue tiñendo de desencanto hasta tomar el camino en busca del acero.

Con ‘Portezolano‘ debutó Victorino Martín en el coqueto y moderno coso arnedano. Fue un toro correcto de presentación, bajo de agujas, con cara para Arnedo, que tuvo fijeza y nobleza, pero al que le faltó rematar en los engaños. Tuvo un sólo encuentro con el caballo y cortó en el tercer par de banderillas.

Curro Díaz lo brindó al público. Comenzó el trasteo con ayudados, marca de la casa, para sacárselo a los medios. Le otorgó sitio el de Linares y el animal repetía, pero fue reduciendo el viaje con el paso de las tandas. Por la izquierda, se lo traía toreado, pero le costaba bastante más desplazarse. Fruto de ello, se acabó orientando. Buena labor, con notable sentido de las distancias, en la que demostró estar  cuajado con este encaste. Estocada y dos descabellos. Silencio.

Muy parado, el cuarto fue el astado más deslucido del encierro. Se dejó pegar sin más en el peto y cumplió el trámite en banderillas. Curro Díaz estuvo firme y con gusto, sobre todo, en el comienzo para sacárselo a los medios. Tardo en los cites, el escaso brío del de Albaserrada deslució mucho la faena del jiennense. Le dio metros y distancia para tratar de lucirlo, pero no hubo fortuna. Un oponente muy alejado del toro necesario para ver la sazón del toro de Linares. Lo mejor, la estocada entera con que lo despenó. Silencio.

 

Hierro de Victorino Martín - España Plaza de toros Arnedo Arena, Arnedo (La Rioja). Más de tres cuartos de entrada. Toros de Victorino Martín, bien presentados. El 1º, noble, aunque de poca emoción; el 2º, bueno y repetidor, ovacionado en el arrastre; el 3º, manejable; el 4º, parado y deslucido; el 5º, incierto y gazapón; y el 6º, exigente, pero con trasmisión. logo-mundotoro-fichas-crónicas
Curro Díaz, silencio y silencio.
Paco Ureña, ovación tras dos avisos y silencio.
Varea, palmas y oreja.