icono-sumario Desde una verdad desnuda de artificio, Talavante hizo de sus faenas que la feria ya le eche de menos

icono-sumario ¿Quién dice que el amor no es responsable…? Que se lo pregunten a Morante. Tiró de una insistencia tan tozuda que, a la cuarta tanda, el toro parecía malva. Difícilmente se puede torear más reunido y más despacio como lo hizo al natural

icono-sumario Así es la vida. Morante, de darlo todo, a no recibir nada. ¿Talavante? Se nos antoja excesivo castigo que Sevilla tenga que esperar un año más

511La verdad desnuda de Talavante I MAURICE BERHOlinea-punteada-firma1

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Desde una verdad desnuda de artificio, Talavante hizo de sus faenas que la feria ya le eche de menos. Con una entrega de los que vienen a la conquista de lo que más quieren, Morante sufrió lo que la vida da y la vida quita. Del todo a la nada de los tres avisos. Pero a éste se le espera. Ésa fue la tarde. Con el cariño de quien se sabe hermoso y deseado, portador de perdones y condenas, Sevilla firmó la paz de una guerra inexistente con una ovación tras romper el paseíllo los toreros. Ahí comenzó de cero todo. Como comienzan de la nada las historias que se pretenden para el recuerdo. Ahí mismo escribió el guión una corrida poco imaginada de Domingo Hernández para Sevilla por grande y algo fea, exigente en su desrazada condición y aferrada al lote de Manzanares. El bueno de la corrida.

Con esos buenos, uno de mas duración que otro, Manzanares tiró de libreto. Una expresión sometida a un corsé técnico que no dio ni para expresar, ni para ser convincente, siendo manso el primero, el toro más serio de la corrida, se desplazó muy bien por el pitón derecho y algo peor por el izquierdo. Se basó el torero en el empaque que tiene, pero sólo en eso. Y lo mismo sucedió en el quinto, si bien es cierto que este se rajó pronto. La actuación de libreto fue evitada por Morante y por Talavante. Lo de Talavante fue una verdad desnuda, a cara descubierta y sin careta con un lote áspero y complicado. Morante quiso tanto como pudo: sin dejar nunca su creencia estética del toreo se fajó con el primero y sacó del cuarto las embestidas que no se veían.

Ese querer de Morante fue tan evidente, que ya quiso torear bien con el capote al primero, que le regaló derrotes por los dos pitones sin querer nunca tomar los vuelos del capote. Toro que mantuvo una insistente convicción de embestir con el pitón de fuera, gesto sintomático del toro de mala casta. No fue faena para enamorar, sino faena de enamorado. De Sevilla. El cuarto, que cortó en banderillas de forma evidente hasta herir grave a El Lili, fue toro agarrado al piso, para llegarle mucho y para aguantar una especie de escopetazo que consistía en reponer la embestida y soltar la cara. ¿Quién dice que el amor no es responsable…?

Que se lo pregunten a Morante. Tiró de una insistencia tan tozuda que, a la cuarta tanda, el toro parecía malva. Difícilmente se puede torear más reunido y más despacio como lo hizo al natural y con la derecha con tres ayudados finales aptos para el mejor pintor. Se vio tan derrotado el toro en la última tanda, que buscó con insistencia los adentros impidiendo a Morante entrando a matar hasta llegar a la puerta de chiqueros. Allí el torero recogió un pañuelo que sólo pudo secar parte del sudor de un grandísimo esfuerzo. La estocada fue atravesada y la reiteración de descabellos alimentó a los tres avisos. Pero le quedan cuatro tardes y a éste se le espera.

Esta torería innata y esta entrega de Morante hizo collera con algo que todos queremos y que, a veces, no tenemos: la verdad. Que no es otra cosa que ir a cara descubierta y sin artificio alguno a enfrentarse con el destino. Un toro de áspero comportamiento en la distancia corta y al que siempre le faltaron uno o dos trancos para hacer el toreo y que, sin embargo, fue un toro vistoso en el público, ya que se venía de lejos en el espejismo evidente de una bravura inexistente. Una y otra vez se lo dejó venir Talavante sin que el toro le regalara ni una sola vez inercia, siempre procuró echar la cara arriba al final del muletazo.

Fue toro que venía para quedarse y fue faena de jugarse los muslos sin un solo paso atrás y con la mente del torero fresco y nada desgastado. No tuvo la faena la explosión adecuada a lo que había sucedido. Entre otras cosas, porque la velocidad y la prontitud del toro hicieron evidente ver el rayo y escondieron los problemas de la tormenta.

Con el cartucho de ‘pescao’ se fue al centro del ruedo a ofrecerle ‘bienmesabe’ al que cerró plaza en la corrida. Este toro fue escopeta. De repetición. Soltando la cara con insistencia por el pitón izquierdo y moviéndose con temperamento sin entrega por el pitón derecho. Ahí surgió la verdad de Talavante, que le esperó con la muleta cuando el toro probaba, que se mantuvo impávido y que tocó el engaño en el instante preciso sin darse ninguna ventaja. Sin dar opción a defenderse. Faena de guerrero-artista, de torero que crece, finalizando de pinchazo y estocada, que le hizo perder otra oreja. Así es la vida. Morante, de darlo todo, a no recibir nada. ¿Talavante? Se nos antoja excesivo castigo que Sevilla tenga que esperar un año más.

Hierro de Domingo Hernández - España Plaza de toros de la Maestranza de Sevilla. No hay billetes. Toros de Domingo Hernández y uno 3º bis de Garcigrande, serios y exigentes. Más bonancibles segundo y quinto. Ásperos tercero y sexto. Muy complicado el primero y agarrado al piso el cuarto. logo-mundotoro-fichas-crónicas
Morante de la Puebla, silencio y división de opiniones tras tres avisos;
José María Manzanares, silencio en ambos;
Alejandro Talavante, oreja y ovación.