Del novillero ‘placeado’, aquél que torea aquí y allá, se espera dominio del oficio, recursos para solventar contingencias, en definitiva, tablas. Si a ese torero, léase Sergio Martínez, avalado por la experiencia de un buen número de novilladas, le sale un animal manso, terco como una mula y propenso a buscar la puerta de toriles, tendrá que acompañarlo, consentirlo e intentar someterlo en esos terrenos. Si por el contrario se esfuerza en llevarlo a los medios para, acto seguido, en el primer muletazo, darle la salida a la querencia, está demostrando que esa asignatura no la domina. Y si al poco otro novillo con más recorrido y entrega repite quince arrancadas buenas, permitiendo el toreo templado, no hay que pensar en conseguir cantidades, sino en dibujar cualidades. Porque con quince pases bien dados se pone una plaza del revés. Sergio Martínezimprimió suavidad a alg&uacut
;n muletazo de los que compusieron su faena, pero sin llegar a entusiasmar y dilató el trasteo en demasía. Los últimos minutos sobraron. En el baloncesto NBA lo denominan, acertadamente, ‘de la basura’. Cortó una oreja proveniente de la generosidad popular. Mañana en Madrid el aura no será tan dadivosa.

A un novillero que debuta con caballos se le examina otorgándole algunas ventajas. Por ejemplo, se presupone que apenas habrá toreado y que el salto cualitativo al hacer el paseíllo en plaza importante, en feria de segunda y enfrentado a dos utreros tiene, por fuerza, que impresionarle. Pero, por otra parte, algo se espera de él: valor, ardimiento, coraje, quizá un estilo prometedor. Nada de eso sobresalió en el toreo de los noveles José Mª Gonzálezy Gabriel Martínez. El sobrino del maestro Dámaso no se entendió con un novillo de su tío que desarrolló buen tranco por el pitón izquierdo y, con el quinto, claro en la muleta, sólo apuntó destellos. En cuanto a Gabriel Martínez, enfrentado a un lote más deslucido, no sacó si no dos trasteos insustanciales revestidos de una apariencia fragorosa.

Poco, demasiado poco toreo todavía en ambos como para asomarse al futuro y encontrarlo despejado.