icono-sumario Suscribo letra a letra y añado que todos lo que nos sucede, en lo general del país y en la taurino en particular, es fruto de nuestra complacencia y de nuestra falta de coraje

icono-sumario No se trata de toros, se trata de la libertad del derecho de una minoría de ciudadanos a los que las leyes le reconocen un derecho inviolable. Eso se llama ejercicio democrático

icono-sumario Un país que cree que ejercer la ley es autoritarismo es un país que no existe

Momento en que Arles cantó la Marsellesa I YOUTUBElinea-punteada-firma1

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Arturo Pérez Reverte, con el que coincido tantas veces en pensamiento y acción, escribió este fin de semana respecto al golpe de estado de taberna y chiste de la Generalidad de Cataluña, que España es ‘un país de fantoches, surrealista hasta el disparate’, fruto del consentimiento que todos hemos hecho ‘con la podredumbre moral de una clase política capaz de prevaricar en todo, de olerlo todo con tal de mantenerse en el poder… esa panda de charlatanes, fanáticos, catetos y a veces ladrones, dueña de una España estupefacta, clientelar o cómplice’. Suscribo letra a letra y añado que todos lo que nos sucede, en lo general del país y en la taurino en particular, es fruto de nuestra complacencia y de nuestra falta de coraje. De cojones. Pero lo que más me irrita es que otros me den lecciones.

En Francia, país donde la Tauromaquia ESTA PROHIBIDA (españolitos taurinos: en Francia el toreo está prohibido con excepciones de ciudades concretas que tienen el derecho civil de ciudadanos a dar todos en aras de su tradición, libertad y derecho) instituciones y gente de a pie se manejan con ella con una escrupulosidad democrática impecable. Todos a una, excepto las minorías violentas animalistas y adyacentes, defienden, NO LA TAUROMAQUIA, sino el derecho y libertad de hacerla y de practicarla allí donde la ley y la Constitución ha dicho que se puede hacer. No se trata de toros, se trata de la libertad del derecho de una minoría de ciudadanos a los que las leyes le reconocen un derecho inviolable. Eso se llama ejercicio democrático.

Un ejercicio que se expresa con normalidad y sin prejuicios pues el derecho del individuo es la base y el pilar de todo sistema de derecho y libertades, menos en España. Aquí la clase política se caga, se baja los pantalones, se dice y desdice, apoya y niega depende el lugar y el rédito local o regional de un puñado de votos, de un pacto con los radicales antisistema… todo con tal de estar en el poder o buscar permanecer el él. No son demócratas nuestros políticos, son una panda de afines al poder que maltratarían culo y coño propio si con ello les permite estar en el machito.

Ejemplos. Han tragado los taurinos con dos décadas de pliegos de condiciones de gestión brutales, que han arruinado al toreo, con los callejones repletos de copas sin ases, risas beodas y catetismo  roneante con los empresarios, ganaderos y toreros dando palmas en coro de sumisos. Faltándose al respeto por lograr una plaza que se adjudicaba, si o también, a dedo. La Comunidad de Madrid, hoy, sostiene una aberración política con Las Ventas de rango obsceno insuperable. Pero todos callados. Nos quitaron Cataluña. Callados. Nos quitan y quitan y la clase política española, formada por un imaginable Patio de Monipodio, juega con la Tauromaquia como quien escupe al albur de un pelo en la sopa.

La Marsellesa, en Casablanca I YOUTUBElinea-punteada-firma1

Personalmente, las lecciones de un país que no pone al aceite de oliva en su dieta, más bien la margarina, me afectan en grado sumo, provocando quitarme el sombrero y creando en las entrañas una envidia insana y, a la par, un desprecio por los gestores de un país de mofa y bufa, que es burla internacional. Viajen un poco, como dice Reverte: los pésames que te dan los amigos de fuera duelen más que el dolor en sí. Porque aun me creo y me siento heredero de una nación que creó el Siglo de Oro, que parió mas arte que todo el planeta, que dominó tierras, que surcó mares, que fue justa y justa, cruel y noble… y siempre valiente y de criterio. De honor y de espada. Reivindico sin nostalgia alguna la versión mejorada de esa España que reconozco.

En Arles, un antitaurino se tiró en el turno de un español, El Juli. ¿Saben la reacción? Decenas de miles de franceses cantaron La Marsella. Seguro que conocen la noticia. Pero lo que no saben porque nadie les dice, que La Marsellesa se canta en contadas ocasiones. Muy excepcionales, siempre cuando el  instinto popular ve amenazada una libertad. No los toros, españolitos taurinos, la LIBERTAD, cualquiera que sea. Se cantó en París cuando los atentados del ISIS. Se cantó en Wembley. Se canta en contadas ocasiones. Y sale en la prensa de España a toda página, menos cuando se trata de cantarla por la libertad de la Tauromaquia. Una prensa cateta, inculta, insana y afín los prejuicios políticos de un país ridículo. Una prensa que paga a antitaurinos para sus chous de televisión, que ha tomado partido por la indecencia, la aberración y el totalitarismo antiecológico, antinatural y contracultura del mascotismo.

Corrida de toros, antitaurino al ruedo (por cierto reaccionó inmediata de la policía) y la belleza enorme y sinfónica de escuchar ‘allons, enfants de la Patrie, le jour de glorie est arrivé. Contre nous de la tiranie… l’étendard sanglant est levé…’ (contra nosotros, la tiranía alza su sangriento estandarte…). Ole sus cojones. Que es lo mismo que ole su ideal de libertad, su cultura de libertad, su valentía cultural, su defensa de los derechos de los individuos.

Igual que aquí, en esta España cuya industria más efectiva es la creación de enfrentamiento y odio, de catetismo, de incultura, de cobardía, una industria de analfabetos y fanáticos alentada por los nuevos fascismos antisistema de la clase política nueva que desprecio y repudio y con una clase política de siempre cobarde, que busca el voto haciendo un bis a la clase anterior. Un país que cree que ejercer la ley es autoritarismo es un país que no existe. Un país que no se rebela contra el ultraje no merece ser país.

Nota para la compresión: La Marsellesa fue creada por un militar (anda que si pasa eso en España no la mandamos a la basura por fascista) Rouget de Liste, cuando el ejercito de la Revolución se iba a enfrentar al Imperio de Austria. Con un texto duro y hasta sangriento, fue cantado por tropas y posteriormente por el pueblo de París hasta hacerse himno oficial. La Marsellesa se canta poco. En Casablanca, en el Bar de Ricks, la cantaron contra los nazis. Un ejemplo de su simbolismo. Y un dato, la Ley Fillón de Educación de 2005 hace obligatorio el aprendizaje a los escolares. Si hacemos eso nosotros, somos fascistas.

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