CARLOS RUIZ VILLASUSO

MADRID (España). Muy al final, en los minutos basura de la temporada, casi en la prórroga, los escépticos se han convencido: El Juli es una vigorosa y profunda suma de cualidades taurinas. La temporada, contada en invierno como una trama de Hitchcock, salpicó la imagen de El Juli en dos asuntos que hieren la sensibilidad del español: el dinero y las exigencias. Precedido de un cambio de apoderamiento que le restó popularidad, utilizado en las estrategias de principio de año, Julián López tuvo que remontar una campaña en la que, él, una vez más, ha tirado del carro. Mientras algunos sacaban bandera blanca a un mes de San Lucas, a El Juli le sobró fuelle y frescura. Todo eso después de restaurar pacientemente su imagen pública, de convencer a los conversos posibles con sus condiciones y tras demostrar una gran verdad que repite como axioma: “una cosa es torear bonito y otra distinta, torear bien”. El Juli ya no es novedad. Es una figura del principio del milenio.

“La del 2.000 ha sido una temporada impresionante en la que he disfrutado como nunca. Por supuesto, es la mejor de mi carrera. La afronté con ilusión, pero siempre se espera algún contratiempo. He tenido suerte, pero la he buscado cada tarde con fe. El final ha sido un sueño porque todo lo que me ha sucedido dentro y fuera de la plaza ha tenido un final feliz”.Le cuesta a Julián arrancar, sin duda, cansado de tanta entrevista en un otoño-invierno en el que parece desdoblar su cuerpo para acudir a las llamadas de públicos, aficionados, peñas y medios. Pero su mirada denota una chispa de orgullo, de reconocimiento propio frente a lo logrado en un año titánico.

Con 18 años recién reseñados, aún ahorra en género para afeitado. Inquieto, es sano y limpio de mente, paradijma de aquel ‘juventud, divino tesoro’, que en Julián López se exagera y nos hace sentir más pequeños, más mayores. Esta juventud insultante del torero que ha podido con todo en este año, apenas tiene margen de maniobra en las veinticuatro horas del día. Le quema la silla, pero poco a poco toma el gusto a la palabra y se rompe: “La vida tiene ciertas cosas que hay que asumir. Yo soy una estrella, según dicen. Una estrella lanzada hacia la polularidad sin la necesidad de haber pasado por Madrid de matador. Y eso crea prejuicios. Frente a mí se formó un batallón de escépticos que me han esperado toda la temporada para analizarme, para argumentar su escepticismo a través de mis defectos. Es normal, …cosas de la vida”.

Terminó El Juli la temporada de 1999 en loor de multitudes. En su primer año de matador pagó caro un bache de principio de verano que muchos vieron como el preludio al inicio de su decaimiento. Es vulgar, afirmaban. La referencia de José Tomás era como una losa para un torero de 16 años que tuvo que tirar del carro. Este año, cuando no había carro, El Juli lo ha comprado. Para poder seguir tirando. Terminó el año en claro remonte, pero al despedir a Victoriano Valencia, su apoderado, los medios más rosas cantaron la gallina y le hurtaron su imagen. Eso en lo público. En lo taurino, se creó una caza y captura de El Juli en México. Qué gran mérito: acosar con tanques mediáticos y políticos a un adolescente de 16 años. Una machada para sentirse orgulloso.
“Cada persona ha de tomar en su vida las decisiones que estime necesarias. Yo decidí cambiar de apoderado por razones que, por respeto a mi profesión y por respeto a mí mismo, jamás contaré en público. Sabía que podía pagarlo caro a corto plazo, pero para poseer la razón había que esperar al largo plazo. Ya llegó ese momento: acerté de pleno. No olvido ciertas cosas de entonces, pero jamás he sido un pesetero, ni un extorsionista ni un desagradecido. Al contrario… Estoy encantado con mi apoderado, Manolo Lozano, un genio, mi primer partidario”.
“Hubo ciertos comentarios públicos y mensajes en los medios que intentaron hacerme daño, pero no pasa nada. En Mexico me dolió lo que pasó porque es un país al que adoro. Yo, en parte, me lancé allí. Allí fui feliz con la gente, cuajando tardes que jamás podré olvidar en la vida, tarde en el Distrito Federal que me han marcado. Por eso me dolieron los manejos que pusieron obstáculos a mi carrera allí. A alguien le interesaba que El Juli no triunfara. Espero que este año las aguas vuelvan al cauce del que nunca debieron salir”.

En España, los meses de febrero y marzo fueron de baja cotización para El Juli: era un niño engreído que pedía cifras astronómicas. A la responsabilidad profesional se le sumaba la responsabilidad de recuperar una herida popular de imagen que resolvió con la espada y la muleta, en Castellón, con los toros de Victorino Martín: “Ese día lancé el mensaje más claro y mejor contado del año: yo soy un torero y lo iba a demostrar tarde tras tarde y lo he cumplido”.

El peso de Madrid
“Yo he sido consciente de una situación clara, de un reto que, o lo asumes y resuelves, o no sirves para figura: asumir la responsabilidad de la temporada. Eso nunca me ha asustado y tampoco me ha pesado demasiado. Eso va en la condición de una figura del toreo, de una figura de época. Por ejemplo: se me esperaba en Sevilla, pero allí se siente el calor del público, se matiza, pero se valora en lo taurino. Es una gran responsabilidad, pero no te agarrota”.
“La cuestión era Madrid. ¿Podía tolerar la presión de Las Ventas? Yo nunca lo dudé, pero aún no había llegado el día, por eso no lo sabía. Madrid pesó mucho, es cierto. Pero de nuevo surje la misma respuesta: si no podía con la presión, no tenía condición natural para ser máxima figura del toreo. La primera tarde estuve algo espeso, pero es que los toros no sirvieron, pero me sirvió para salir despejado, con las ideas claras y pone las cosas en su sitio. Madrid me presionó, pero me dio una fuerza moral y unas energías inmensas para el resto de la temporada”.
“Fíjate que ya no me sentí casi presionado ni en Pamplona ni en Bilbao, con ese pedazo de toro. Nada, yo a lo mío, a disfrutar. Y he disfrutado mucho. Ése es el secreto, creo, ser natural, vivir… mira, yo sé que el público es el que te sube y el que, cuando quiera, te baja. Soy consciente de ello y por eso no voy de estrella. De esta forma, siendo uno como es, ganas la partida”.

Le pregunto si ha reflexionado sobre su posición frente a los demás toreros este año: “Jamás diré que le pegado un repaso a éste o al otro. No lo entiendo así, entiendo que cada día me he ido pegando repasos a mí mismo, una tarde era buena pero procuraba que la del día siguiente fuera mejor. Y lo mejor es que en un buen número de corridas he toreado como presiento que puede ser el toreo”.
“He toreado despacio a toros que embestían despacio, quizá rebajándoles un poco su velocidad, he disfrutado toreando con el capote a varios toros y con la muleta he cuajado a los que tenían condición para ser toreados como uno quiere que sea el toreo, como yo siento que es el toreo, sin copiar a nadie. Yo no copio a nadie, sería un error. A mí no me altera el nombre de un compañero de cartel. Yo a lo mío, que es torear. Sin salirme de mi personalidad. Pero mi personalidad también se acerca al toreo bueno. Al bueno, ése es el que me gusta, el toreo bueno, no el bonito”.

Qué es torear con pureza
Fumata blanca: El Juli ya no es vulgar. Pero que conste: existe aún un núcleo duro adscritos a la inherente vulgaridad de Julián. Esos no son peligrosos, su autismo atenúa la ceguera que padecen. Se les ve llegar: hacen mucho ruido con sus torpezas. El peligro, como al final del incendio, está en los rescoldos: parecen apagado pero la llama se esconde. Se embosca. Espera un golpe de viento favorable para volver a incendiar. Osea, que algunos tragan porque no les queda más remedio. Pero no están convencidos.
“Yo no tengo que convencer a nadie, entre otras cosas porque hay personas que jamás las podrás convencer de nada. Yo sólo he intentado que exista un punto en el que la regularidad y la profundidad se den la mano. O sea, que uno puede torear un buen número de corridas sin perder profundidad, la profundidad que surge del toreo con el toro de condiciones buenas. Lógicamente, uno no puede torear igual a doscientos toros, pero si estar al mismo nivel. Me explico: uno se queda con diez, quince faenas. Las realizadas ante toros que permiten el toreo profundo. Pero en el resto, para ser gran figura, hay que estar al mismo nivel, con una lidia y forma distinta, pero al mismo nivel. Eso es ser figura”.
“Te lo digo de otra forma. Dicen que al buen aficionado le caben en su cabeza muchos toreros, pues sólo se puede ser buen torero si te entran en tu cabeza muchos toros. Eso es ser buen torero. A partir de ahí podrás torear bien, una vez con profundidad, despacio, largo, otras adecuándote a la condición del toro… siempre es el toro el que decide. La cuestión está en si uno es capaz de estar a mismo nivel en cada una de esas decisiones. Pero siempre pensando que no es lo mismo torear bonito que torear bien. Eso es distinto. Tan distinto, que ha habido muchos toreros en cada época que han toreado bonito, pero que son una anécdota . Y dentro de los que han toreado bien, sólo unos pocos han sido figurones del toreo. Eso es de privilegiados. Fíjate que no todos los que torean bien pueden ser figuras. O sea, que primero hay que saber diferenciar entre lo bonito y lo bueno y dentro de lo bueno, encontrar las condiciones para ser figura del toreo. Casi nada”.

Esta disertación oral de El Juli va acompañada de movimientos de manos, de brazos, de muñecas. Gestos de torero del que nos interesa un revelador concepto de la pureza y del toreo. Pureza, profundidad y valor, según El Juli, son las tres patas de un mismo banco.
“La pureza no la da el cite, ni la da la foto que se saca en la mitad del muletazo, ni al final… No es cómo te pongas, sino cómo torees. La pureza es sinónimo de profundidad, así lo entiendo yo. Con el cuerpo abandonado, enganchar al toro delante, siempre por delante, esperarlo y dejar que se estrelle pero que no tropiece, o sea, dejar que huela los vuelos, y traerlo despacio, toreando por debajo de la pala del pitón, muy atrás, lo que te permita el toro, no en línea, sino atrás y girar para ganarle la acción. Que cuando vuelva se la encuentre otra vez. Eso es la profundidad, que dure, que se someta, que se domine la embestida”.
“Algunos creen que la pureza está en la forma de colocarse, en cómo se ponen las piernas, en un gesto, en un cite… No es cierto, la pureza es la profundidad y la profundidad es dominio”.
Y ahora llega una nueva revelación sobre el valor : “Yo sólo soy valiente cuando domino al toro. Para torear con profundidad es necesario tener valor, pero el valor nace del dominio. Yo, si no domino a un toro, no lo veo y si no lo ves, no puedes torear, entonces ya ni hay pureza ni profundidad ni nada. Sin dominio se podrá torear bonito, pero nunca torear bien. Eso es otra historia”.
“A mí me gusta enganchar a los toros. Entonces es cuando dominas, engancharlos incluso toreando de capa. Con el capote yo he tratado de aportar variedad porque la fiesta ha de tener variedad, así ha sido siempre. He inventado, pero muchos quites estaban ahí, sólo había que desempolvarlos. La lopecina es muy arriesgada cuando se hace bien, es muy difícil acoplar velocidad del toro, movimientos y vuelos del capote. Muy difícil. Me gusta, pero este año he disfrutado cuajando varios toros a le verónica, siempre enganchándolos por delante”.

El concepto de figura
Es cierto y razonablemente lógico: torear bien (“incluso torear muy bien”, matiza El Juli) no es aval para ser una gran figura del toreo. Ser figura del toreo es más que torear bien o muy bien. “Ser máxima figura del toreo o figurón del toreo es lo más difícil. Para serlo hay que tener un don de privilegiados porque implica muchas cosas dentro y fuera de la plaza. Tienes que tener unas condiciones taurinas extraordinarias, pero ni eso es suficiente. Una figura marca el ritmo, tira del carro, llega siempre, no defrauda, no se desanima. Una figura del toreo es responsable incluso de la Fiesta”.

“Esto de ser figura lo veo unido a esa discusión o diferencia entre los toreros que decís que se parecen más a Juan Belmonte y los que se parecen más a Joselito, sin daros cuenta de una cosa, que esas dos formas, la de Belmonte y la de Joselito, estaban muy diferenciadas en ellos, en aquella época. Pero ahora, para ser máxima figura hay que tener una mezcla de ambas líneas, un cruce. Hoy los dos hilos se han unido, un ‘gallista’ puro no podría ser hoy figurón del toreo y un ‘belmontista’ puro tampoco, no creo en esas diferencias radicales, aunque a mí se me considere en la línea de Joselito. Esos fueron dos figurones, pero la distinción entre toreros de una u otra línea es una diferenciación que está superada por la propia evolución de la fiesta”.
“Uno es figura cuando acepta como natural las exigencias del rango dentro y fuera de la plaza. O sea, que se da una doble respuesta, con la espada y la muleta y luego en la calle, porque si a una figura la Fiesta le da gloria, la figura del toreo ha de responder dando gloria a la Fiesta, lo que haga falta. Eso implica estar, ir, venir, atender a todos siempre que te sea posible. Yo no me puedo esconder, me debo a la gente, a los aficionados, pero también al público y a los medios, porque la Fiesta también es del público y de los medios. Yo no quiero ser desagradecido con la Fiesta. Ser figura implica ser agradecido”.

Uno no sabe si en estos tiempos nuevos la rebeldía, la exigencia… son condiciones implícitas de la figura frente a las empresas taurinas. Los viejos dicen que a las empresas una figura les produce el efecto de una ‘pulga cojonera’: cobran mucho, son caros. Se lo llevan. “Si yo fuera empresario, contrataba al torero que más gente metiera en la plaza, eso está claro. Yo creo que las empresas buscan la rentabilidad y la rentabilidad pasa siempre por la taquilla. Ahí empieza todo. Pero la cuestión está en tener siempre un sentido de lo justo, de lo que es justo y lo que es un atraco. Jamás atracaré a una empresa, eso no beneficia a nadie. Una figura debe cobrar lo justo y lo justo está reñido con el atraco. Pero lo que es justo si, por eso hay que exigir dentro de unos límites razonables y, como aquí se sabe todo, los límites también se saben. Cada uno ha de estar en su sito. La empresa y el torero. Pero que quede claro que el torero caro es el que no lleva a nadie a la plaza, ése si que es caro. El que llena la plaza no es caro. Si fuera al revés a mí no me contratarían…en cuanto a lo de la rebeldía, el ser torero implica un cierto grado de rebeldía, pero eso no significa que se busque el enfrentamiento. Yo sé que el público es el que sube y el que baja. Ahora mismo no me veo bajando sino subiendo, porque sé que aún tengo mucho que decir, muchas tardes de las que disfrutar, de torear y mejorar toreando. Así veo la temporada que viene, en evolución continua, mejorando, aceptando los retos.”

El Juli y los medios de comunicación
¿Es El Juli el torero más mediático o un personaje nacido para los medios? ¿Qué piensa de la televisión, de la información taurina, de la prensa rosa….? “Mi meta es ser máxima figura del toreo, eso implica varias cosas: ser un torero para los aficionados, para el público y, muchas tardes, para una prolongación de público y aficionados a través de la televisión. Eso es una realidad. Otra cosa es su planteamiento, su estructuración. Pero la realidad actual y social es así. Yo no me puedo esconder si quiero ser máxima figura. Sin público no puedo ser máxima figura, el aficionado y el público tiene que verme. En cuanto a la información taurina, no me quejaré de las opiniones de los demás. Si me preguntas si estoy de acuerdo en la forma en la que se ha contado mi temporada, no me pronuncio. Cada cual dice lo que cree conveniente o lo que piensa, la razón, la realidad, siempre sucede antes de la crónica, durante la corrida. Esa es la verdad; luego.. Pero sí me he sentido valorado, me he sentido respetado…”.
“Lo que no es justo es lo de la otra prensa. La prensa del corazón o la llamada prensa rosa. Yo entiendo que un torero que comercializa con ellos, le sigan, pero yo jamás he utilizado una sola página, ni una sola línea de esa prensa, pido que me dejen en paz y al margen. Lo digo muy claro: yo pertenezco al mundo del toro, yo soy del mundo del toro y pido respeto para el mundo del toro y sus protagonistas. No es justo ese acoso, esa vigilancia. No tengo nada que ocultar, pero no tengo porqué ser perseguido y lo que están haciendo a veces es como un chantaje continuado”.

Para evitar una despedida almibarada de esta entrevista que es un apunte de la tauromaquia en versión de Julián López, debo reseñar que quiso añadir, tras el interrogatorio, que asume la responsabilidad del 2001 y que va a seguir progresando porque, en el fondo, “de lo que se trata en esta vida es de ser feliz.”