CARLOS RUIZ VILLASUSO

MADRID (España).
Que México necesita toreros con capacidad de llamada es tan cierto como que necesita una revisión del toro bravo de su cabaña. Sólo de esta manera se puede detener la separación cada vez más radical entre la fiesta a ambos lados del ´charco´. Sustentada por un encaste ( Saltillo), la cabaña brava mexicana duda en el límite. A las virtudes de duración, calidad y templanza del toro mexicano se le antepone un trapío único (acorde con su estirpe), una única forma de embestir y por lo tanto, tauromaquias muy semejantes. No es un toro bravo de salida, sino abanto, y embiste casi siempre andando y no al galope (características de su sangre).

Fundamentalmente es un toro de querencias señaladas y por ende, el toreo a practicar es un toreo de querencias, terrenos, más que de someter, de entender o de aprovechar, casi de acompañar. Un toro que en general y salvo algunas corridas de Guadalajara y La México, no exige por su trapío ni por su edad. Ciertamente, el toro mexicano ha impuesto una forma de torear. No obstante, hay ganaderías enrazadas, como se demostró el día 4 en el D.F., con tres toros de Reyes Huertas, dos de los cuales condujeron por la calle de la amargura al casi eterno Eloy Cavazos.

A la virtud loable de la escasez de caídas de estos toros y del tamaño de la puya mexicana se impone un análisis antagonista. Se trata de un toro que se emplea menos en el caballo por regla general, de menos edad y peso y además, el picador monta un caballo que no hace el paseíllo ni en una plaza de tercera por liviano y escaso de alzada y carnes, con un peto menos aparatoso. En este sentido, la suerte de varas está equilibrada y nos encontramos con picadores y jinetes mexicanos de gran destreza.

 

Como antaño

La ausencia de toreros nacionales de largo trayecto y capacidad contrastada animó al empresario Carlos Peralta, (emulando épocas anteriores de preparación hispana y rivalidad entre toreros de aquí y e allá) a forjar una escuela para toreros mexicanos en España. Aunque hasta el momento ésta no haya dado sus frutos. Una de las razones para esta situación sería la uniformidad de la tauromaquia mexicana, de breve exigencia, ausente muchas veces de dominio. Las ganaderías y los toreros tienen pocas posibilidades de hacer fortuna porque el mercado nacional no parece rentable. Y el futuro pasa por recuperar al alza este mercado.

Sólo un mercado nacional plural y sólido, capaz de ofertar y de crear de manda a través de un producto atractivo (toreros y toros) sacará a México de su problema y dejará la dependencia extrema de las figuras del exterior. Esta parece una lógica solución capaz de terminar con prácticas tan alejadas del concepto natural e igualitario del torero (el sorteo) como es la elección por parte de la figuras de los dos toros a lidiar. Acusan, con cierta o incierta razón, a Cavazos de aletargar la fiesta mexicana al imponer corridas a modo y hasta de sortear. Una práctica que, se rumorea, realizó alguna figura española. Pero no para aliviarse, sino para exigir los dos toros más grandes del lote a lidiar.

Mexicanistas o malinchistas

Hay quien pretende simplificar el problema mexicano aludiendo a un espíritu nacionalista que divide al partidario de lo nacional con el partidario de lo español (malinchista, por Malinche, la indígena del Cortés conquistador) pero si entendemos al torero como un arte sin fronteras (en España no se le pidió el carnet ni a Armillita ni a Arruza ni a Rivera….) debemos suponer que la europeo tiene más vigencia por poseer una solidez estructural, económica y taurina solvente. Este ha de ser el espejo de lo mejicano. Lograr un futuro más sólido conservando su propia personalidad. No depender de lo español, ni siquiera de Ponce o El Juli.
Cuentan que El Zotoluco se hizo torero matando toros de edad y de gran cornamenta, lo más barato del mercado, asegurándose un oficio sin arrugas ante el toro descarado y grandullón. No es torero de escuela sino torero de forja y, hoy por hoy, el más capaz de este país, aunque no sea el torero más estético o plástico. En esta dirección: ganar la batalla al trapío, descararse con el volumen y las ideas de reses maduras, nace el principio de la capacidad, la posibilidad de competir en distintos mercados.

Por otra parte, la vertebración social de un país que apenas reúne la clase media suficiente como para ser el motor del consumo de éste y otros espectáculos, y la aproximación económica al país del dólar, no está ayudando al despegue de lo taurino. México cuenta con el mejor de los públicos posibles, con el más entregado, fiel y apasionado, que, con el tiempo, ha aprendido a matizar el buen pase del que no lo es. Pero incluso esta gran virtud se convierte en defecto cuando faenas como la realizada por Caballero a un toro de peligro sordo el día 4, apenas son vistas. Pero sin duda, estamos ante una gran afición que merece mucho más.