CARLOS RUIZ VILLASUSO

MADRID (España). ¿Habrá batalla o fugaces escaramuzas? ¿Guerra taurina o fuegos de artificio? Si la pauta es Valencia o Castellón, dos ferias de carteles escasos de dinamita, debemos de pensar que el 2001 será un año de caminos solitarios. Pero si el referente es Sevilla, la guerra está declarada: Juli y José Tomás, frente a frente y enfrente Ponce y luego una baraja de figuras que comienzan con envite (Joselito) y los que reaparecen porque dicen que les han llamado. Este año, José Tomás tiene la palabra y no valen estrategias televisivas, pues la única afrenta a la Fiesta es privarla de los grandes duelos entre los grandes toreros. Si en San Isidro (no sirve fuera de feria) aparece el madrileño, creeremos en un año de pelea de gallos. La que está necesitando el toreo.


Da la impresión de que este año va en serio. Durante el invierno apenas ha habido sobresaltos con las reapariciones de Ortega Cano y Jesulín de Ubrique. Las dos nuevas apenas armaron ruido porque los dos son viejos conocidos y ni siquiera el mal de las vacas locas lograban sazonar un invierno lluvioso como nunca. Todo el mundo esperaba que durante el letargo José Tomás diera señales de vida y síntomas de comenzar y terminar una temporada completa en franca competencia. Conocidas las razones de su ausencia de Fallas por temas televisivos (en el fondo subyace un problema de epidermis de su entorno con el entorno de Ponce) todo indicaba que este año, más de lo mismo. El acuerdo con Sevilla abre la puerta a una esperanza.

 

Los matadores de toros

José Tomás
es imprescindible en la medida que representa a una parte del gran duelo (al otro lado, El Juli). Valencia arranca el año con carteles algo descafeinados, sin él, ni Joselito ni Morante, el gran derrotado de Levante. Una feria saneada en el epicentro de una ciudad rica, pero feria a la que Tomás de momento desprecia. Al lado, en Castellón, la empresa sorprendió al dar la noticia de la ausencia de José Tomás, de acartelar a Aparicio y dejar fuera de contexto a gentes como Dávila Miura: triunfador el año pasado, aval que ha servido para que ni siquiera entrase en las quinielas.

Joselito
, que sí entra en la Magdalena, ha apostado este año por cortar el cordón umbilical que le une a José Tomás. El precio de su collera con el de Galapagar tuvo sus réditos, pero no es un torero acostumbrado a que no se hable de él. Por eso su apuesta, fuerte, el día 4 de marzo en Vista Alegre, con la encerrona. Por su parte, Ponce sale bien colocado en su terreno y El Juli se hace más imprescindible que ningún torero en Levante gracias a dos apoderados: al suyo y al José Tomás, que en Valencia y Castellón trabajó para él.

En Sevilla, El Juli, Ponce y Tomás son los grandes colocados. La ´pole position´. Espartaco y el propio Ortega animan y acompañan, pero ésta no es su batalla. ¿Y Morante? Necesita un triunfo sin interrogantes para recuperar crédito, aunque deberá ratificarlo en Madrid. Él más que nadie, si no quiere perder sitio arriba. Jesulín deberá dar la vuelta a la tortilla, la suya: convencer que interesa tanto al público de la plaza como al mediático. Los que apuntan sin rematar: De Mora, Uceda, Moreno… incluso Abellán… tienen un año crucial. En las duras, Padilla es el rey y el siguiente a la gran primera fila Caballero, un torero tapado por los ´monstruos´, pero de una tauromaquia rica y muy interesante. La alternativa de Castaño abre la ventana a una esperanza.

 

Los toros

¿Por qué se empeña la empresa de Castellón en hacer semitorista una feria que lo tiene todo para ser exitosa? Gente como Patón y Casas (toreros) hacen flaco favor a los jóvenes invitándoles a lidiar corridas duras: una excelente oportunidad, para seguir matándolas, claro. Ojalá les salga bien la apuesta, porque su plan de Zaragoza aún está en el recuerdo. Una ventaja: el toro que exige Castellón hace que las corridas duras vengan en un tipo apto para embestir, pero que luego no hablen de Madrid o de los Lozano. Por cierto, que la empresa sí había reseñado y apalabrado una corrida de Parladé para la feria y la iba a matar José Tomás. La verdad, por delante.

Valencia
ha elegido este año ir a las ganaderías madre, a las de vitola. Y en las divisas, Juan Pedro y Victorino Martín, los mejores del 2000, arrancan con una gran demanda: Olivenza, Valencia y Sevilla, el hierro de Veragua y Victorino, Castellón e Illumbe para la nueva feria de Donosti. Los empresarios se están valiendo cada vez más de la diferencia de exigencias entre los de arriba: Juli, Tomás, Ponce… y el resto. Se pliegan ante los primeros y se ahorran un buen dinero con hierros sucursales o supuestamente ´toristas´ (baratos, no Miura o Victorino) para el resto. Y lo malo es que lo hacen en lugares en donde no hace falta, no tienen ni el contexto ni las exigencias de Madrid. ¿Qué tal si Sevilla se volviera loca y copiara a Castellón? Ni pensarlo.