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Las cosas pueden estar cambiando. Lógico. Los tiempos ya no son los mismos. Dicen los que supuestamente saben, los sociólogos, que  los cambios generacionales actuales implican o conllevan el doble y casi el triple de cambios, modificaciones, pautas de conducta y hábitos que hace cuarenta años. Es decir, que  en cinco años de hoy la sociedad cambia más que en veinte años de antes. Antes la norma en Sevilla, por ejemplo, era que no se comenzaba a hablar con los toreros hasta después de Navidad.  Este año la norma va a cambiar.

Nos cuentan que  los componentes de la empresa Pagés, la de Sevilla, Eduardo Canorea y Ramón Valencia, han decidido comenzar las conversaciones a finales de  octubre. Recién termine la temporada. Una buena y acertada decisión de cara a otra buena decisión o, al menos propósito: intentar cerrar una gran feria, con todos los toreros. Manzanares, uno de los cinco que dijo no, parece estar decidido a torear en Sevilla en 2015.  Eso se puede desprender de alguna de sus declaraciones. De los otros cuatro, aún no se conocen sus opiniones. Menos sus decisiones.

Mientras la realidad no ofrezca otros datos, nombres, posibilidades y elecciones, esta fiesta NECESITA DE TODOS. No se puede comenzar el año con rencilla, enfrentamiento o pelea alguna. La Fiesta no se puede permitir esos lujos .  No se puede llegar a fin de año sin haber cerrado heridas. Y si no cierran, se suturan y para adelante. Entre lo IMPORTANTE y lo URGENTE, entre los legítimos desencuentros toreros/empresa y la paupérrima situación de la Fiesta desde todos los puntos de vista: económico, social y político, hay que elegir lo urgente: que el enfermo no se muera.

Tienen que verse las caras, las dos partes, como sea. Y arreglar esto para siempre. O firmar una tregua para recoger a los heridos del campo de batalla. Sobre todo a un herido, el propio toreo.Y que las dos partes miren hacia donde está el problema. Los Maestrantes. Si empresa, toreros y ganaderos fueran sensatos, se unen yles dicen a los dueños de la plaza que no son tiempos de quedarse y llevarse tanto dinero . En Sevilla, la parte de los ingresos que se reparten empresa, toreros y ganaderos es de un 30 o un 33%. Un tercio. Lo otro se lo quedan impuestos y… Maestrantes. ¿NO ES ESTE EL PROBLEMA REAL? Dígaselo claro al aficionado y al público. De ahí viene todo el problema.

De cada tres lances de Morante, tres espadazos de Manzanares, tres naturales de Talavante, tres muletazos de mano baja de Juli y tres de Perera, dos son  para el aire.  Se los lleva el viento. Dos de cada tres. Y uno a repartir. De todo lo que ingresa y genera cada embestida,  cada cornada, de cada puerta de chiqueros, de cada par de banderillas. UN TERCIO.  ¿Es que se ha perdido la vergüenza?

¿Qué diferencia hay entre eso y el ‘túnel’? Entre eso y el llamado ’33’. ¿Dónde está la verdadera dignidad, el argumento real, dónde el menosprecio? 

Qué bien le viene a los Maestrantes que en el toro la gente del toro jamás se ponga de acuerdo y sean para siempre Caín y Abel peleándose por ese 30%.  Qué gran negocio ha sido siempre para el dueño de la plaza que los del toro se peguen navajazos entre sí. Si esto fuera un sector de gente inteligente y con talento, con mirada de futuro, jamás hubiera salido un pliego de condiciones loco, ruinoso, absurdo. Y el toreo estaría en otro lugar. Pero somos Caín y Abel. Sólo que sin un Dios que juzgue. Aquí nadie juzga: porque el que habría de hacerlo, el aficionado y el público, tiene más vergüenza, más fidelidad y más responsabilidad que todos ellos. Y sigue gastándose en toros hasta lo que no tiene. 

 

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