La plaza de toros de El Bocho I MANU DE ALBAlinea-punteada-firma1

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Sexto. Cerró plaza un toro salpicado, largo, sin llenar la caja, algo ‘lavadito’ incluso, hecho cuesta arriba, cornidelantero, sin exageraciones por delante. Lo saludó a la verónica Roca Rey, aunque le faltó fijeza y entrega en las telas. Cumplió en varas, empujando sobre un pitón. Tremendo el quite del peruano por saltilleras, cambiando el pitón varias veces durante el cite, que rubricó con gaonera y dos revoleras. De enorme mérito, porque el toro nunca fue metido en el engaño y, hasta dos veces, se le quedó debajo. Esperó luego en banderillas. 

Comenzó el inicio de faena en los medios, por estatuarios. Angostos, despertaron al tendido, que entró de lleno en su faena, a pesar de que el toro -como varios de sus hermanos- ‘cantó’ la gallina. Buscó la huida camino de tablas. Roca Rey le ofreció, acto seguido, la muleta con la zurda y, a base de dejársela muy puesta en el hocico, le pegó tres tandas de naturales excelsas. De mano baja, barriendo la arena, profundas y, todos, absolutamente todos, con la máxima reunión en el embroque. Las dos últimas, a toro parado, echando los vuelos y enganchando la embestida que, cierto es, tenía emoción. Como emotiva fue la faena del sudamericano, que se entregó al máximo para cuajar también en redondo al toro. Atacando al toro por abajo en cada derechazo. Aún hubo tiempo para volver al natural, antes de un final mayestático, poderoso, en el que ligó pases y circulares en una baldosa. Se volcó sobre el morrillo, pero ‘pinchó’. El espadazo posterior fue contundente. Como el clamor del tendido. Matías sacó los dos pañuelos del tirón. Dos orejas. 

Quinto. No gustó nada el quinto, un toro feo y muy basto de hechuras, ‘frentudo’, mal presentado, con poco trapío y seriedad por delante. Además, fue el primero que mostró signos de debilidad en la tarde y las protestas se acrecentaron. No medraron el ánimo de Garrido, que lo toreó con garbo a la verónica y galleó por chicuelinas para llevarlo al peto, donde hizo más evidente su debilidad. Al límite, no se empleó ni se le castigó en demasía. Se ciñó a la materia prima que tenía delante el pacense y buscó ligar las tandas por ambos pitones, pero delante el de Victoriano sólo ‘regaló’ embestidas sin clase y a la defensiva, soltando la cara y dando siempre un molesto ‘tornillazo’ al final de su escaso viaje. Garrido porfió y trató de llegar al tendido a base de recortar las distancias. Arrimón final en el que le robó varios circulares invertidos en un palmo de terreno. Estocada en dos tiempos y ovación

Cuarto. Más bastito de hechuras y con el pial de Toros de Cortés, el burraco cuarto -muy en ‘lo’ de Algarra de esta casa- abría mucho la cara, acapachado, pero bien presentado, de mazorca blanca y pitón negro, que tuvo celo en el percal de Castella durante su saludo capotero. De embestida dormida y algo sosa, tomó los dos puyazos empujando sobre un pitón. No perdonó en quites Garrido, a la verónica. La media, superior. Y replicó Castella fundiendo tafalleras y cordobinas. Comenzó el galo a torearlo más allá de las dos rayas y buscó correr la mano por ambos pitones, pero el burraco no tenía clase alguna en los engaños y, además, se ‘aburrió’ enseguida. Comenzó a buscar las tablas y al de Beziers no le quedó otra que enfilar el camino de la espada. Silencio. Pasa a la enfermería con un ‘posible’ pitonazo en el antebrazo de la ‘colada’ de su primero.

Tercero. Bajo y de lomo recto, el tercero fue un toro bien hecho, armónico y bien presentado, serio, astifino desde la mazorca y de pitón blanco, con perfil. Lo saludó Roca Rey a pies juntos, preciosos delantales, mecidos, con enorme despaciosidad, que remató con una media que abrochó detrás de la cadera. Apenas se le castigó en el caballo, donde tampoco se empleó el de Victoriano en exceso. El quite del peruano, por altaneras. Ahora con tafallera, ahora con cordobina. Echó la cara arriba en banderillas.

Brindó al público y le pegó dos cambiados por la espalda sin enmendarse con el toro, acudiendo como una centella al cite. Largo y muy templado el de pecho. Toro muy codicioso y encastado. Respondió a ese poder del toro Roca Rey con dos tandas en las que exigió una barbaridad al toro, de abajo a abajo, series largas de siete u ocho derechazos. Exigió también el toro al peruano, porque se comía la muleta en cada embestida. Hubo hondura y reunión. Lo acusó el toro que, a partir de ahí, fue otro, se desfondó el toro y, podido, buscó el abrigo de las tablas. Pese a ello, logró mantener el interés en el público en las series posteriores. Los pases de la firma, de cartel. Media en el sitio y descabello. Ovación tras petición y aviso.

Segundo. Quiso arrear José Garrido, que entró en esta Aste Nagusia por la vereda de la sustitución -baja de Cayetano mediante-, y se fue al portón de chiqueros. Una declaración de intenciones que topó con la desdicha. Al estirarse el toro y echar las manos por delante un segundo antes de la larga cambiada, se lastimó la columna y quedó inerte, seco, a los pies de Garrido. Devuelto al instante. Salió en su lugar un sobrero de Encinagrande, alto, hondo, con mucho cuajo, a siete kilos de los 600, que abría la cara. Salió enterándose y algo dormido, no salió del letargo en el paso por el caballo, donde empujó sobre un pitón. Se dejó en banderillas, pero empezó a marcar las querencias.

El pacense brindó al público y se puso a torearlo en redondo en la misma boca de riego. Consiguió ligarle una primera tanda por la diestra en la que se dejó el astado, que pasaba, aunque le faltó siempre celo, seguía dormido en los engaños. Una más. Y ya. Porque el toro, que ya se había abierto mirando a tablas a la salida de aquellas dos tandas, ‘echó la persiana’ y buscó el cobijo de las tablas descaradamente. Poco pudo hacer el joven extremeño. Estocada desprendida.

Primero. Rompió plaza un toro largo y ensillado, muy despegado del suelo, sin llenar la caja, cornidelantero y de agradables hechuras por delante, que repitió en los engaños de Sebastián Castella, que lo recibió a la verónica. Complicó mucho el tercio de varas, pues salía huyendo en cuanto sentía el acero. Hasta cinco fugaces pasos hizo por el peto. Hubo en quite José Garrido por chicuelinas para hacerse presente en la tarde. Se dolió en banderillas. Comenzó el galo por bajo para sacárselo a los medios. Allí, lo toreó en redondo aprovechando la movilidad del toro, que tuvo fijeza y transmisión. Sacó casta el áspero manso con el que realizó una faena de largo metraje en redondo, pues sólo hubo una tanda al natural, en la que en el segundo muletazo, se le vino directo al pecho a mitad del viaje. Toro exigente. Final con muletazos de rodilla genuflexa. Pinchó antes de dejar una estocada trasera y atravesada. Ovación tras aviso. 

Hierro de Victoriano del Río - España Plaza de toros de Vista Alegre, Bilbao. Séptima de las Corridas Generales. Más de media entrada. Toros de Victoriano del Río, Toros de Cortés (1º y 4º) y un sobrero de Encinagrande (2º), muy desiguales de presentación, algunos impropios de Bilbao. El 1º, mansurrón, pero encastado en la muleta, exigente y con transmisión; el 2º, dormido en los primeros tercios, se rajó descaradamente en la segunda tanda; el 3º, encastado y muy codicioso, exigente, pero se desfondó y buscó las querencias a mitad de faena; el 4º, desrazado y sin clase, se ‘aburrió’ muy pronto; el 5º, de poco recorrido y a la defensiva; y el 6º, mansurrón, aunque se quiso rajar, tuvo nobleza y emoción. Incidencias: En el 4º, se desmonteró Rafael Viotti. Hierro de Toros de Cortés - España
Sebastián Castella, ovación tras aviso y silencio.
José Garrido, palmas y ovación.
Roca Rey, ovación tras petición y aviso y dos orejas.