icono-sumario ‘El término animalismo y sus derivados, han usurpado el contenido de la etología y de la ecología. El ciudadano iguala a un animalista con un ecologista y con un etólogo, siendo, la mayoría de las veces, las antípodas’

icono-sumario ‘El animalismo es una imposición universal que, modificando las pautas de relación naturales, desnaturaliza al ser humano y a las demás razas. No es una opinión ética sino una afirmación científica’

icono-sumario ‘El llamado maltrato animal es justo esa desnaturalización. Bienestar y maltrato animal, desde un punto de vista ético y desde una perspectiva científica, es el contenido real del llamado animalismo, justo lo contrario de lo que han comunicado a la sociedad’

Ciencia, ética y secta I MUNDOTOROlinea-punteada-firma1

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Todo parte del profundo desconocimiento del concepto del término ‘natural’ referido a un ser vivo. Hablo de concepto científico y no moral o pasional. A partir de este error conceptual, han aparecido otros términos tan novedosos como tergiversadores, que han degradado aún más el concepto real de lo natural en el ser vivo. Me refiero a palabras que tratan de abanderar conceptos éticos que son contrarios a una mínima observación natural y científica de la vida y la relación entre los seres vivos: ‘animalismo’, ‘maltrato’, ‘bienestar’ (animal).

La ciencia de las relaciones entre las especies y/o los seres vivos, entre las que se encuentran la ecología y, por supuesto, la etología, se hallan en una situación de desamparo máximo frente a las novedades comunicativas del llamado ‘animalismo’ y sus derivados y consecuencias. Tan es así que, en 2017, la ecología ya no es una ciencia metida en el día a día de lo social sino en decadencia y la etología está siendo sustituida por una corriente acientífica y agresiva denominada ‘animalismo’. Dicho de otra manera, el término animalismo y sus derivados, han usurpado el contenido de la etología y de la ecología. El ciudadano iguala a un animalista con un ecologista y con un etólogo, siendo, la mayoría de las veces, las antípodas.

Los análisis de la ciencia etológica sobre la relación y el comportamiento de los animales y entre los animales, incluido el ser humano como raza, tanto en su medio natural como fuera de él, es una ciencia que expulsa de su contenido el contenido animalista. Etología es ciencia y animalismo una visión ¿ética? De estas relaciones. La etología respeta escrupulosamente el concepto de lo ‘natural’ dentro de la norma científica sin alterar dicha naturalidad mediante la mano del hombre. Desde una observación científica la relación entre un animal y el hombre no es en absoluto lo que predica el animalismo. Es justo lo contrario. El llamado bienestar animal es una alteración de las relaciones naturales. Una alteración que, de forma irrefutable, está causando otra alteración o modificación: la naturalidad de la raza humana.

El animalismo pretende hacer pauta social mundial de la alteración de las relaciones animal/humano, animal/animal, humano/humano como norma de comportamiento social universal. Es una imposición universal que, modificando las pautas de relación naturales, desnaturaliza al ser humano y a las demás razas. No es una opinión ética sino una afirmación científica. Vamos a un Planeta distinto en donde lo natural y la naturaleza, entendida en siglos de civilización, está siendo alterada y sustituida. La cuestión está en si el Planeta está preparado para acoger este nuevo orden de relación entre especies. Porque, ecologismo y etología, no lo olvidemos, analizan de forma científica con una finalidad: hacer que las relaciones naturales entre especies y en su medio ambiente, sean sostenibles en el futuro. Desarrollo sustentable es desarrollo posible, de equilibrio, protector de nuestro planeta.

Hasta aquí sólo he expresado un discurso exclusivamente científico que concluye en que el animalismo es opuesto a la ecología y a la etología. El animalismo no es ciencia sino una visión, dicen, ética. Pero hago aquí un alto para afirmar que se trata de una ética que afecta negativamente a otros derechos o cuestiones éticas legítimas. Si hablamos de bienestar animal para desarrollar (imponer) social, política y económicamente un nuevo modelo de relación hombre/animal, no podemos engañar a la sociedad diciendo que esta modificación no afecta al desarrollo sostenible de nuestro Planeta. Afecta, y negativamente. Hago este planteamiento científico irrefutable: si admitimos que los animales convivan casi en igualdad de necesidades con el ser humano en el mismo espacio y tiempo, nadie puede negar que cientos de millones de esos animales llamados mascotas, competirán con el ser humano para cubrir sus necesidades. Y eso no estaba escrito en el guión natural del Planeta Tierra.

Y añado ahora un planteamiento ético: la visión de un ser de la raza humana compitiendo con una mascota para obtener recursos, alimentos, vestido, medicinas,…me produce una repulsa ética y moral como especie. Mucho más si, como animal humano, comparto cuestiones transcendentales con los de mi especie: solidaridad, ayuda, compromiso, creatividad, … Es decir, que la ética animalista es una pseudo ética que puede terminar eliminando la transcendencia de la raza humana. Y en esta transcendencia está su cultura, sus religiones, su pluralidad, sus leyes, sus relaciones de futuro y progreso.

Desde una observación científica el animalismo es un riesgo para el desarrollo de la sociedad. Es una alteración de las relaciones naturales y, por tanto, una alteración drástica y radical de todo lo que, hasta ahora, tratábamos de evitar y de manejar para hacer de este Planeta algo sostenible para el futuro, con el mayor de los equilibrios. Eso busca el ecologista y el etólogo. El animalismo es lo contrario al equilibrio natural de las especies y del planeta en sí. Hay que aclarar una y otra vez que ecología y etología son conceptos, insisto, radicalmente opuestos.

Desde el lado moral de las cosas, opino que hay una usurpación más nociva. El animalismo acuña este término sin atreverse a llamarse por su nombre: ‘mascotismo’. El animalismo es una ‘ideología urbana’ que se nos trata de presentar como paladín de los animales y su medio. Es falso. El animalismo es una visión de asfalto del animal, nada natural. Desnaturalizada. Y por tanto, el llamado maltrato animal es justo esa desnaturalización. Bienestar y maltrato animal, desde un punto de vista ético y desde una perspectiva científica, es el contenido real del llamado animalismo. Es decir, justo lo contrario de lo que han comunicado a la sociedad.

Decía al principio que todo partía de un error. Del error conceptual de lo ‘natural’ en las relaciones entre animales y ser humano. Error o estrategia de comunicación. Sea lo que fuere, hemos llegado al punto en donde lo dañino se expone como saludable. La ecología y la etología han sido desterradas desde los planes estratégicos de administraciones y gobiernos y han sido sustituidos por los animalistas. Desterrados y suplantado su trabajo, sus conceptos y su ciencia. A la ciencia la ha sustituido una superstición de magia negra virtual, de una moral colonizadora. El Planeta Tierra, su salud, su equilibrio sostenible, pasa por mantener las relaciones naturales entre animales. Opino que el animalismo es una especie de virus acientífico y pseudoético. Un virus que ha sido inyectado en una sociedad que observa a los animalistas/mascotistas, como el nuevo miembro de una secta que observaría a los veteranos de su logia. Con sumisión.

ALBERT LUTHER MANSFIELD
Etólogo y ecologista.