Vídeo resumen del triunfo de Ponce y Roca Rey I TOROS DEL MEDITERRÁNEOlinea-punteada-firma1

MARCOS SANCHIDRIÁN > Málagalinea-pie-fotos-noticias

De malos principios están escritos los más brillantes finales. O eso dice el mantra, porque la experiencia en los aficionados a los toros dice que lo que puede salir mal, siempre saldrá peor. No contaba este teorema con Enrique Ponce ni con Roca Rey. Ni con dos toros de bandera de Juan Pedro. Ni con La Malagueta como marco que si bien es exigente con el toro, y quiere ser en fondo y forma coso de primera, es sensible con todo lo bueno que ahí sucede.

Hay tardes que se viven en la plaza y maduran por la noche. Que explosionan como un orgasmo que terminan en una exhalación. Que se reflexionan mirando a La Malagueta, pero esta vez en la playa. Dos claves: Fundador y Montero. El primero, tercero de la tarde, con codicia, raza y empuje. El segundo, en realidad el cuarto, con una calidad infinita, con un temple natural y una belleza de hechuras sin igual. Enrique Ponce ama a Málaga y lo dejó todo en el ruedo, incluso alguna lágrima. Y Roca Rey quiere mandar más de lo que manda. Lo que no puede hacer más es llenar las plazas, porque la gente va a verle, tal y como se ha vuelto a demostrar hoy con la mejor entrada de la Feria.

La corrida comenzó con odisea. Al devuelto primero, le siguió un sobrero de La Palmosilla que se descoordinó en el peto y tuvo que ser apuntillado. Casi media hora después del comienzo de la función, salió el sobrero tris, más lavado de cara que los dos anteriores pero bien hecho. Sin exageraciones. El tendido suspiró cuando pasó el primer tercio. Ya sí empezaba el festejo. Enrique Ponce lo sacó al tercio, a su altura. Sin exigirle ni afligirlo. Lo que él quisiera.

Entre las dos rayas, el valenciano hizo lo que mejor sabe: meter al toro en el canasto y hacer de la escena el patio de su casa. Noble el de La Palmosilla. El final tuvo conexión plena con el respetable, primero echando la pata para adelante para ganar la acción y después acompañando con todo el cuerpo cada muletazo. El espadazo fue perfecto y fue capaz de dar la vuelta a un comienzo que apuntaba gris con la primera oreja del festejo.

Merece la pena continuar con la cronología de la tarde, para comprender su eclosión. Roca Rey se abrió a la verónica para recibir a Fundador, el tercero. El saludo, como suele ser entre dos tíos que aún no se conocen, fue de apretón. Marcar territorio, dicen. Nunca me gustó lo de la mano blanda. Roca Rey le echó guasa y le dijo al picador que cortito y rápido. Apenas lo marcó. Roca Rey vive de la emoción. De su valor. En el quite por chicuelinas, el toro se arrancó con alegría y se lo pasó por la faja. Más cerca aún, los estatuarios con el torero plantado en el tercio y las puntas mirando al traje azul turquesa. Sin enmendarse. No se entretuvo. En el centro del platillo cuajó una faena ligada, pulseando la embestida primero y arrastrando media muleta después.

Los naturales fueron de trazo perfecto y de verdad absoluta. Fundador iba a más, siempre humillado y repitiendo con codicia. Gran toro. Y gran Andrés.Terminó con manoletinas, ofreciendo media muleta. Málaga a sus pies. Media en buen sitio sin puntilla. El presidente sacó un pañuelo, las mulillas arreaban al Patio de Arrastre, el escándalo iba in crescendo y desde el palco asomó medio pañuelo concediendo la segunda oreja. Inaudito. El alguacil tuvo que irse al desolladero a por el premio.

Montero’, el cuarto de la ya noche cerrada, fue un canto a las hechuras del toro bravo. Era mirarlo de frente y enamorarse de él. Detrás de sus pitones acapachados asomaba la penca del rabo. Hecho cuesta abajo, con cuello, hondo, con pecho, vamos, rematado por todos lados. Incluso derribó al picador en el segundo encuentro con el caballo. Ponce vio como en el capote de Mariano de la Viña se desplazó metiendo el hocico en la arena. Ahí fue con la muleta, para doblarse con él. Bravo ‘Montero’. Y ahí empezó la odisea. Toreo suave. Todo despacio, al son al que embestía el gran toro de Juan Pedro. Otra vez, Málaga volvió a levantarse del asiento. Cuando se cuadró para la suerte suprema, hubo una ligera petición de indulto. Qué gran toro. Ponce recorrió La Malagueta, emocionado, las dos orejas. ‘Montero’, también recibió el premio del pañuelo azul.

Como no tenía suficiente, Ponce también salió a despedirse de “su” Málaga, en el quite por chicuelinas al sexto y como no podía ser de otra manera, Roca Rey respondió arrimándose como un perro. El de Parladé que cerró la Feria en su apartado de a pie, con la cara hacia delante y enseñando las puntas, se movió con menos clase que sus hermanos pero al peruano no le importó. De hecho le valió para quedarse impasible antes las miradas y los parones. Solo muñeca, corazón y muchas ganas de mandar porque Roca Rey es capaz de poner la plaza en pie con lo que caiga en sus manos. La estocada con la que mató fue de antología y fue la guinda para cortar la oreja que cerró el festejo.

Manzanares pechó con el lote de menos opciones. El colorado segundo, alto de cruz y estrecho de sienes, fue siempre con la cara a media altura e incluso se vencía por dentro. El alicantino estuvo dispuesto, buscando una tecla difícil de encontrar. Mató de una estocada efectiva al segundo intento. Al quinto le faltó entrega. Fue con más ganas que intención. Manzanares aguantó el envite que le propuso el toro en una faena de toma y daca. Intentó matar en la suerte de recibir en la que dejó un pinchazo hondo que dejó el premio en una ovación.

Hay tardes que crecen y maduran. A lo mejor no por perfectas, ni por brillantes. Pero viven. Que llegan como una ola en la noche de La Malagueta. Que rompen. Que huelen. Como el orgasmo de esos dos chavales, entre hamacas y tumbonas. Escondidos de las miradas de a quien no les importa.

Hierro de Juan Pedro Domecq - España Plaza de toros de La Malagueta. Séptima de Feria. Lleno. Toros de Juan Pedro Domecq, y uno de Parladé, (6º), el primero como sobrero tris con el hierro de La Palmosilla, bien presentados y de juego desigual. Destacó el cuarto Montero, número 19, que fue premiado con la vuelta al ruedo en el arrastre y el codicioso tercero. logo-mundotoro-fichas-crónicas
Enrique Ponce, oreja y dos orejas;
José Maria Manzanares
, silencio y ovación;
Roca Rey,
dos orejas y oreja tras aviso.
Incidencias: Se desmonteró Suso tras parear al quinto. Saludaron tras banderillear al sexto, Juan José Domínguez y Francisco Algaba.