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Un día, pasará algo. Lo venimos diciendo. Los mandos de la policía se lo están tomando a risa. Y un día va a haber una desgracia. La va a haber y la venimos narrando y, cuando suceda, los mandos de la policía y quienes no han tomado medidas, tendrán una gran responsabilidad. Porque el ciudadano de toros se ha cansado de poner las dos mejillas. Y también sabe que los brazos y las manos sirven más que para aplaudir. Eso va a pasar, señores responsables de la policía.

Ya se ha cansado el ciudadano de toros de aguantar años y años de agresiones sin que la policía haga nada. El ‘desalojo’ de ayer por parte de la policía, fue cómico. ‘Por favor, así de contundentes se dirigieron a los anti taurinos. Dos policías primero, uno a uno tocándoles el hombro.  Así, como si fuera alguien que se equivocó de localidad y no lo que son: unos reventadores, unos provocadores, unos alteradores del orden público, uno de de nuestros legítimos derechos.

Y ante su resistencia, el uso legítimo y necesario de la fuerza, fue de chiste. Una demostración de lo que no es autoridad. Ni ser policía. Y tras el ‘desalojo’, al lado de los baños del tendido 2, una cháchara amigable y de risitas entre policías y delincuentes con testigos presenciales. Literal. No se dan cuenta los mandos políticos de la policía, los que dan consignas, que Las Ventas y otras plazas se han convertido en recintos de alto riesgo. Cada vez más. Que el problema de seguridad pública no es el taurino. Que no es sólo el día que viene una autoridad.

El problema es que existe una organización violenta, de financiación acreditada y denunciada por medios, que tiene un plan, una estructura y una forma pautada de actuar. ¿Y qué hacen los que mandan a la policía? No sólo no investigan, concluyen y, en su lugar, detienen. No solo no actúan de forma preventiva al delito, sino que, cuando se comete, actúan de forma pusilánime, tibia, algodonal, ligera. Rosa. Eso es, una actuación rosa de mayordomo rosa, sin duda porque el que ordena y manda, manda que se haga así.

Un día va a pasar algo. La gente de toros sabe que en Valencia a una señora de sesenta años, una piedra le abrió la frente. El ciudadanode toro ya se cansó de ser agredido año tras año, plaza tras plaza, sin que nadie proteja su libertad y derechos. Y sabe que los brazos sirven para algo más que para abrazar y las manos para algo mas que pasar hojas de los libros.

Cuidado, que cuando esos brazos y esas manos educadas, correctas, pacientes, se cansen de esperar a que la policía use los suyos, a que use la fuerza y contundencia legítima… comenzará a utilizar los que tiene.

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