CUENTO DEL TIGRE Y EL OSO HORMIGUERO

Escucha Pedrito. Erase una vez una tigresa de bengala que se casó un oso hormiguero. Fue en los tiempos en los que el hombre, en un arrebato de tolerancia para con todos los seres vivos, había legalizado la no discriminación por razón de especie. Ya no se trataba de la lógica humana un negro igual a un blanco sino de hacer por ley a una rata igual a un inglés en derechos y deberes. Veganismo, le llamaban a eso y sucedió en un país que no se sabía si era país o comunidad autónoma o el mismo cielo protector de un tal Laporta y Anselmi, un caballero que quería ser italiano y se quedó en argentino por caprichos del destino geográfico. Perdona, querido Pedrito, que estoy abriendo un paréntesis y se me va el cuento.

Por dónde iba. Ah sí, que se casaron la tigresa bengalí y el oso come hormigas. Eran muy guapos los dos, la envidia del barrio vegano. Nada que ver con esas parejas horteras, como el hámster  y la rana del primero B o la jirafa y la hormiga macho del cuarto A. Unos excéntricos, Pedrito. ¿Que qué quiere decir excéntrico?, pues más o menos como cuando tú no te sabes el examen y quieres un diez por decir que el Ebro parte en dos la ciudad de Nueva Orleánso cuando tu madre afirma que se ha tirado a Brad Pitt. Pero no me hagas perder el hilo. A la boda fue todo el mundo, roedores, rumiantes, felinos, humanos, …Sí, como en una película de Walt Disney. Pero sin dibujos. ¿Que si hubo peces? Hombre, eso no lo dice el cuento, pero supongo que no, porque la igualdad por razón de especie aún no había tenido en cuenta el pequeño detalle que un pez que se iguala a un caminante de Las Ramblas, se va a dar una vuelta por allí y palma fijo. Pero la pregunta es buena, Pedrito. No, me da que los peces no pudieron ir a la boda.

Ya sabes querido Pedrito /haz el favor de no comerte los mocos, hijo, no nos vayan a acusar de genocidio, que un moco puede llegar a ser un ser vivo/ que la ley vegana prohibía terminar con la vida de un animal sin excepciones,  porque todos teníamos los mismos derechos. Bien, pues al regreso del viaje de novios, no les dio más que para un fin de semana en Benidormy apenas pudieron disfrutar porque en el hotel había un congreso de cucarachas rockeras que les hicieron todo el ruido del mundo, ya se les había acabado las raciones de cogollos de Tudela y pimientos de Padrón que les habían regalado. Así que fueron al Carrefour, a hacer la compra. Había que ver a esa tigresa en chándal con los rulos y a ese oso hormiguero sin afeitar. Ella traía el estómago en fuego por el picor de los pimientos y él una diarrea verde claro, por las lechuguitas, si hijo. Eso es lo que tiene esa dieta. Hartitos y de mal humor estaban, y delgados como el espectro de la pena. ¿Que qué es un espectro, hijo? ¿Te acuerdas de uno que fue presidente y le decían Zapatero? ¿El de la sonrisa de la mamá de Bambi? Pues eso es.

Para hacértelo corto, Pedrito. Que la tigresa se paró en medio de Carrefour, se agarró las tripas y le dijo al oso, su marido: ‘Oso, esto no mola’. Lo miró como miraban los carnívoros cuando comían carne y al oso le entró una jindama tan grande que le paralizó la trompa chupadora. No hijo, la de en medio no, la que tenía para comer hormigas. Y le dijo el oso, pues tienes razón, porque yo tengo ansiedad y estrés y cagalera y me muero por un hormiguero repletito de crujientes laboradoras. Se concedieron el divorcio allí mismo. Al carajo el carro, la boda, los cogollos, los pimientos, el veganismo, Anselmi, Laporta, Zapatero… y se tiraron al monte, como el maquis. Regresaron a ser lo que eran. Uno a comer hormigas y la otra a comer a otros animales.

Escribieron una carta a LIBERA y a PETA y a todas las organizaciones veganistas y a la mamá de Bambi, quiero decir, al tal Zapatero. Que se declaraban fuera de la ley. Que eso de que un tigre no puede merendarse a una gacela por razón de especie se lo pasaban por el forro de los mismos. Y que se metieran esa igualdad entre animales y hombres y especies. Sentó precedente. Fíjate. Los peces vivieron tranquilos porque ya no tenían que dejarse ver por Las Ramblas en una pecera que parecía de verdad un Papa Móvil conducido por uno del Maresme. Y los gatos ya no tenían que cederle al asiento a las ratas y la jirafa del cuarto por fin le pudo decir a la hormiga macho lo que ella sospechaba, que era gay. Que no la cumplía, vamos. A ver hijo, que no matrimoniaba porque era de la acera de enfrente. La Jirafa no, hijo, la hormiga. Que lento eres, Pedrito.

¿Que qué fue de Anselmi? Un tal Balañá le dio trabajo. Se le vio vendiendo entradas de toros en las taquillas de la Monumental.

Y colorín, colorado…