MÓNICA ALAEJOS
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¿Es un tópico eso de que al buen aficionado le caben todos los toros en la cabeza? A veces pienso que sí. ¿Cómo se distingue al buen aficionado del aficionado mediocre o del mal aficionado? Es como todo, cada uno cuenta la feria según le va en ella.

Hay aficionados denominados ‘toristas’ los de la variedad de encastes, para entendernos, que leen el espectáculo desde el toro que ellos consideran bravo  y con emoción, ingrediente sin el cual todo lo demás les parece de mentira. Hay aficionados denominados ‘toreristas’, más cercanos al monoencaste o al toro que deja a las figuras disfrutar y hacerles disfrutar con su toreo, les importa bastante menos que a los primeros el comportamiento del toro mientras sea el material adecuado para torear con profundidad, con temple y con hondura. Hay aficionados ‘de atrezzo’ de estos que van a las plazas a ver a los toreros que más conocen, suelen coincidir con los que los demás llaman mediáticos, que forman parte del ‘tinglao’ pero a los que las otras dos categorías de aficionados ni siquiera consideran y hay ‘potenciales aficionados’ que sin entrar en categorías van de vez en cuando a la plaza a ver qué pasa, sin más.

Pongamos el ejemplo de la recién terminada Feria de Fallas en Valencia. Los aficionados ‘toristas’ se fijan en la casta, en las fuerzas, en la presentación, en la emoción…los aficionados ‘toreristas’ se fijan en la torería, en las cualidades, en el aroma, en la estética…los aficionados de ‘atrezzo’ llenan los aledaños y los tendidos como figurantes en una mega producción de cine, se hacen fotos con Manzanares, mandan whatsapps a sus amigos en el bus de Morante…y hay ‘potenciales aficionados’ a los que su empresa les regaló la entrada, a los que su cuñado invitó después de tres gin tonics falleros o a los que preguntas quién torea mañana y no tienen ni la más remota idea.

Esto es una feria taurina, una carga inmensa de matices y de opiniones, un contraste permanente de ideas que van desde los que opinan que lo de Fino es una broma al lado de lo de Fortes, hasta los que creen que no hay vida más allá de Morante. Pura riqueza de matices, eso sí, hasta que se dejan de respetar las opiniones de los demás en una guerra dialéctica que no va a ningún sitio, es así como se distingue al buen aficionado, del aficionado mediocre y del mal aficionado.

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