Video resumen de la sexta de feria en el coso de la Misericordia I PLAZA DE TOROS DE ZARAGOZAlinea-punteada-firma1

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La versión más clara de Paco Ureña logró un éxito grande en El Pilar con dos faenas a la medida de dos toros nobles pero con la necesidad de encontrarles a uno, distancia, y a otro, darle celo, sin quitarle la muleta de la cara. Sin acudir a la angustia, con el trazo limpio siempre y pasándose a los toros cerca, además de con dos estocadas a matar o morir, Ureña debutó en El Pilar a lo grande. Como grande y seria y bien construida, fue la noble corrida de Bañuelos a la que le faltó fondo y a veces clase para ser el gran encuentro de otros años.

Serio y hondo, largo y con cuello, alto de agujas, el tercero era un tío. Lo recibió Paco Ureña a la verónica en un saludo en el que humilló. Se dejó pegar en el peto del caballo en los dos encuentros. Cumplió en banderillas y Ureña, que brindó a los compañeros heridos, comenzó en los medios sin preámbulos sobre la diestra. En redondo, sin perderle pasos apenas, lo que exigía aún más al toro. Obligado, respondió el toro, bueno, noble, pero al que le faltó emoción. El murciano no volvió la cara y planteó un trasteo muy centrado, en la media distancia. Ahí, logró ligar las tandas con firmeza. Luego, volvió a acertar y recortó las distancias en el tramo final. Arrimón de contener el aliento. Epilogó por trincherazos en una faena más para entendidos que para públicos. Estocada en la yema, perfecta, de efecto fulminante que animó aún más al tendido a pedir el trofeo. Oreja.

Cerró plaza un torazo de 611 kilos. Con mucha romana, largo, hondo, con cuajo, que tuvo movilidad y nobleza en sus embestidas. Ureña lo saludó a la verónica con garbo aprovechando los bríos del toro hasta que un enganchón casi lo deja a merced del astado, que apretó lo suyo. Empujó en el peto del caballo y cumplió en banderillas. Ureña supo entender al toro y a base de firmeza y mando en los toques, provocando la embestida y dejándole siempre la franela en la cara logró ligar las series, reunidas, pasándose al toro cerca. Faena de capacidad y convencimiento, medida, que rubricó con un espadazo en el que se tiró sobre el morillo como si no hubiera mañana. Se quedó incluso colgado del pitón derecho, que arrancó el fajín al torero. Oreja.

Largo y hondo, pero bajo y bien hecho, el colorado y rematado primero se partió el pitón izquierdo en la media de remate tras un saludo en el que se gustó a la verónica Curro Díaz. Salió un sobrero de La Palmosilla en su lugar más altote, con mucho pecho, alto de agujas, al que no le sobraron las fuerzas. Noble pero sosote en las embestidas del saludo, empujó en el peto del caballo y perdió las manos un par de veces tras salir suelto. Se hizo presente El Fandi por chicuelinas. Mantuvo movilidad y esa nobleza en el último tercio, le buscó las vueltas Curro Díaz, pero el astado siguió sin humillar y eso condicionó el trasteo del jiennense, torero que busca un embroque más artístico, por lo que necesita esa humillación del toro. Lo mejor de su actuación, la suerte suprema. Gran estocada. Ovación.

Veleto, enseñando las palas, el castaño quinto fue el único cinqueño del encierro de Bañuelos. Tuvo mucha movilidad en los primeros tercios y salió suelto tanto de los engaños como del caballo en esos primeros compases. Luego, cuando se quedó a solas con Curro Díaz evidenció una clara falta de raza. Pese a ello, se dejó por el pitón izquierdo y Curro Díaz aprovechó esas buenas embestidas para robarle algunos naturales de buen trazo. Sin embargo, el toro pedía muleta adelantada, muy puesta en el hocico, y el jiennense se la ofreció con brazo suelto, con la muleta más bien atrás. No obstante, la falta de emoción del toro condicionó todo. Silencio.

Largo y con cuello, el segundo fue un toro serio y fuerte, muy astifino desde la mazorca. Lo recibió con dos largas cambiadas El Fandi, prólogo de un saludo en el que hubo variedad y ritmo por la codicia del animal de salida. Anduvo fácil y sobrado el granadino con el percal, pues galleó por chicuelinas y dejó un vistoso quite por zapopinas que rubricó con una larga cordobesa. Embistió siempre el de Antonio Bañuelos con el pitón de dentro, aguantando una lidia exigente, pues a la amplitud de repertorio de capote de El Fandi también le resistió un tercio de banderillas trepidante, tras dos puyazos en los que se arrancó con clase. No paró un segundo y siempre entregado. Gran toro. Brindó al público el torero y comenzó de rodillas junto a tablas. Lástima que el toro se afligió en la segunda tanda después del descomunal derroche de energías desplegado en los primeros tercios. Acusó el esfuerzo una barbaridad y el torero quedó prácticamente inédito. Silencio.

Hondo y con cuajo, el quinto fue otro toro largo y con cuello, fino de cabos, que enseñaba las puntas, muy bien armado. Lo saludó con vistosidad El Fandi a la verónica, pero no regaló una sola embestida franca, sin humillar. Volvió a exhibir fondo de armario el granadino con la capa en un precioso quite por navarras. Poderoso en banderillas nuevamente El Fandi, que brindó al malagueño Salvador Vega. Hasta ahí se pudo ver, porque el toro venía siempre andando y midiendo, nunca metido en la muleta. Muy incierto en su condición y rebañando la mayoría de ocasiones al final del muletazo, consciente de lo que dejaba atrás. El Fandi lo probó y enseguida tomó el camino de la espada, consciente de que no había nada que extraer. Silencio.

Hierro de Antonio Bañuelos - España Plaza de toros de la Misericordia, Zaragoza. Sexta de la Feria de El Pilar. Tres cuartos de entrada. Toros de Antonio Bañuelos, y un sobrero (1º) de La Palmosilla, bien presentados, serios y con cuajo, hondos. Tuvieron nobleza, salvo el complicado 5º, aunque en general les faltó fondo y, a veces, clase. logo-mundotoro-fichas-crónicas
Curro Díaz, ovación y silencio.
El Fandi, silencio en ambos.
Paco Ureña, oreja en ambos.